miércoles, 28 septiembre 2022
domingo 06 de marzo de 2022 - 12:00 AM

“A mi dolor yo no le llamo cruz, sino misión’

Emilia Ospina de Gómez, la madre del joven abogado bumangués que fue asesinado hace cerca de diez años en Bogotá, tras el robo de su celular, es un ejemplo de resiliencia. Hoy les envía un mensaje de aliento a tantas madres que, como ella, han perdido a sus hijos por la violencia y por la inseguridad que carcomen a la ciudad y al país.

Emilia Ospina de Gómez asegura que ‘Juangui’, su amado hijo, un joven abogado bumangués que fue asesinado hace cerca de diez años, sigue tatuado en cada pensamiento y en todos los rincones de su alma.

El crimen de Juan Guillermo Gómez Ospina ocurrió exactamente el 17 de junio de 2012, en el norte de la Capital de la República. Días antes de su asesinato, él se había ganado una beca para entrar a la Universidad de Harvard, en Estados Unidos, tras su gran desempeño académico y profesional.

Él tenía 25 años, cuando fue víctima de cuatro hombres que intentaron robarle su celular. Ese triste episodio del ayer llenó de un rayo de tristeza a Doña Emilia de nuevo tras el reciente asesinato, ocurrido en Bucaramanga, de otra joven: Nickol Valentina Rodríguez. A esta estudiante de la Escuela Normal Superior, al igual que a ‘Juangui’, le apagaron de manera absurda sus sueños de esa vida que tenía por delante; todo por robarle su celular.

Hoy, a través de Vanguardia, Emilia Ospina le envía un abrazo solidario a la familia de esta menor y cuenta cómo ha sido su mundo sin la presencia física de su amado hijo.

PREGUNTAS Y RESPUESTAS

¿Cómo se definiría usted misma hoy, tras casi una década del vil asesinato de su hijo?

“La partida de ‘Juangui’ me hizo ver el mundo de otra forma, ante el hecho de que ya no podría bajo ningún aspecto cambiar lo sucedido. Le digo que la Emilia de hoy es una persona más espiritual, más fervorosa y más servicial. La verdad fue que la partida de mi hijo me hizo entender que todo esto tenía que tener un propósito y me llevó a buscar mi consuelo y a sobrellevar mi dolor -que jamás pasará- ayudando a los demás. Estamos invadidos y rodeados de personas que sufren, que necesitan, que lloran, sin oportunidades en la vida y por eso decidí ayudar o aliviar en alguna medida a estas personas”.

“La partida de ‘Juangui’ me hizo ver el mundo con una esperanza muy grande a través de los demás. Hoy dedico gran parte de mi tiempo al servicio y esta labor ha sido mi mejor terapia”.

“A mi dolor yo no le llamo cruz, sino misión’

Usted dijo alguna vez que su tragedia, aún siendo devastadora, le permitió cambiar vidas en nombre de su querido ‘Juangui’. ¿Cómo va en esa noble misión?

“Después de la muerte de mi hijo comprendí que no pertenecemos a este mundo, pertenecemos de donde vinimos. Supe que mi hijo, aunque me desgarre el corazón, se me adelantó. Hoy sé que debo estar preparada para lo que sea. Recuerdo que después de dos horas de recibir la noticia de mi hijo, momentos que no quisiera recordar, entregué a mi hijo a su dueño, a Dios, y acepté los hechos. Decidí que no iba a destrozar con mi desespero y dolor a mi esposo, hijo y demás familia, y le dejé mi dolor al Ser Supremo. También le pedí al Creador que me diera fortaleza”.

“Hoy revivo palabras que seguramente muchos han escuchado, pero que definen cómo me siento en este mundo: con mis pies muy bien puestos en la tierra, pero con mi corazón y mi mirada permanentemente en el cielo, porque sé que volveré a abrazar a mi hijo. Así las cosas, decidí hacer ‘pinitos en la tierra’ para obtener estas gracias cuando me vaya de aquí. Por tal motivo no me permití ningún otro sentimiento que no fuera el de la esperanza, el de la confianza y el del amor por lo que aún me ha prestado el Señor y que aún tengo”.

¿Por qué cree que siguen repitiéndose tragedias como la que usted vivió?

“Por la descomposición familiar y social, los valores humanos ya no se respetan. El materialismo a todo nivel y el grado de necesidades nos han llevado a cambiar nuestras prioridades para con nosotros mismos y con nuestros hijos. Hoy el tiempo para la familia es poco y muy frío; de manera desafortunada ya no es prioridad inculcar valores, disciplina, ética, y mucho menos temor a Dios, no hay ejemplo de los padres para con sus hijos”.

“Hay personas que solo piensan en la cerveza, hay otras que deben conseguir lo del día a día y descuidan a sus seres queridos; otros, aún teniendo buenas posibilidades económicas, se dedican a producir cada vez más dinero; están las que solo piensan en autorrealizarse y desarrollarse cada día más y su mayor tiempo se les va en esto. Lo grave es que el tiempo de sus hijos ya no es el que ellos requieren; por lo tanto, lo buscan en otras cosas que no les aportan lo mejor”.

Estamos presenciando alarmantes índices de inseguridad. Usted, como víctima de estos actos delincuenciales, ¿Qué les diría a los gobernantes?

“La inseguridad no es solo de Bucaramanga, sino de todo nuestro país. Este es un tema demasiado amplio de ver. Pero, en pocas palabras, creería tal vez que no está dentro de las prioridades de nuestros gobernantes. Recuerdo que cuando mataron a ‘Juangui’, con mi esposo y varios senadores cercanos a mi difunto hijo, nos ofrecieron su apoyo para un proyecto que quisimos sugerir para mejorar la seguridad ciudadana y que reglamentaría la ubicación de cámaras de video al Estado, conjuntos, sectores comerciales y espacios públicos, etc... pues con estos dispositivos, al menos los delincuentes se abstendrían de hacer más daño al ciudadano. Planteamos tal iniciativa y la mandamos a uno de estos senadores y después de seis meses de darle vueltas, nos respondieron que teníamos que conseguir quién redactara el proyecto y lo enviáramos directamente al Gobierno para ver qué pasaba. Ante esta decepción decidimos con mi esposo que, con nuestros propios recursos y esfuerzos, lucharíamos contra la violencia e inseguridad ciudadana con miras de una mayor paz a través de la educación. Así fue que creamos la Fundación Juan Guillermo Gómez Ospina, la cual va a cumplir 10 años”.

¿Qué le diría usted a la mamá de la joven estudiante que fue asesinada hace una semana en Bucaramanga?

“Que comparto profundamente este gran dolor, dolor que conozco perfectamente; y que estoy con ella. Aunque no la conozco, la tengo en mi mente, en mi corazón y en mis oraciones, porque de cierta manera revivo lo sucedido con mi hijo”.

“También le digo que trate de estar en paz, pues su hija ahora está mejor que nosotros y que ella verá una lluvia de bendiciones y señales de su hija por doquier, las cuales permite Dios en consuelo de su tristeza”.

“Le diría que no permita odios ni rencores, ni en ella ni en su familia, esto no trae nada bueno. Entréguele todo su dolor y frustración al Todopoderoso, que Él se encarga de llevarla en sus brazos. Esa es la única lógica que le encuentro al verme hoy de pie en firme sin mi ‘Juangui’: Dios actúa en la medida de la confianza en Él”.

¿Qué papel ha jugado la fe en todo este proceso que lleva?

“He sido resiliente. Yo, más que nadie, sé que el dolor de una madre que pierde a su hijo jamás dejará de existir; pero sé que sin el refugio espiritual, la fe en ese Ser Superior, sería demasiado difícil sobrellevarlo”.

Hay madres que, en tragedias como las que usted vivió y como las que hoy padece la mamá de Nickol Valentina, culpan a Dios por lo que les pasa... ¿Qué les dice a ellas?

“Les recomiendo no culpar nunca a Dios por lo que les sucede. Sin embargo, este es un dolor que poco a poco debemos ir moldeando con fortaleza y valor, porque fue permitido a madres valerosas que solo nosotros podríamos cargar durante toda nuestra vida. Yo les digo a otras madres que han perdido hijos que este dolor tiene un propósito; en mi caso, no le llamo cruz a mi dolor, sino misión”.

“A mi dolor yo no le llamo cruz, sino misión’

¿Cómo va la fundación que usted lidera y que le rinde un homenaje a su hijo?

“Hay una cita bíblica que dice: “Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia”, y estas fueron de las gracias que hemos visto con la partida de mi ‘Juangui’. Su asesinato permitió que hoy se hayan entregado 72 becas para jóvenes de estratos 1, 2 y 3 para carreras técnicas y tecnológicas, algunas profesionales. Hoy tenemos ya 32 jóvenes graduados, muchos trabajando, siendo útiles a la sociedad, a sus familias y a ellos mismos; y hay 28 más estudiando actualmente. Un muchacho con la mente ocupada, pensando en ser y crecer, no termina en las calles acabando con la vida de los demás”.

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Euclides Kilô Ardila

Periodista de Vanguardia desde 1989. Egresado de la Universidad Autónoma de Bucaramanga y especialista en Gerencia de La Comunicación Organizacional de la Universidad Pontificia Bolivariana. Miembro del equipo de Área Metropolitana y encargado de la página Espiritualidad. Ganador del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar.

@kiloardila

eardila@vanguardia.com

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