miércoles, 08 diciembre 2021
lunes 11 de octubre de 2021 - 4:00 PM

#ArchivoVanguardia: Los taxis negros marcaron la historia en Bucaramanga

Los taxis de un color distinto al amarillo representan un tramo importante en la historia de este medio de transporte que hace más de 30 años ofrecía un servicio distinto al que hoy se conoce. Pero el que más recuerdan los bumangueses es el famoso taxi negro con techo amarillo.
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Un ícono en el transporte ha sido el taxi, que por la distinción por su color, ha sido clave en el parque automotor colombiano. En cada década fue posible abordar un taxi de uno diferente. Por ejemplo, en 1960 habían taxis rojos, azules o grises, más que todo.

Miguel Domínguez, quien lleva cerca de 50 años al volante del taxi, cuenta que la mejor época para conducir fue entre los años 60 y los 70. En esta última, en 1972, llegaron los recordados negros, en la parte inferior de la carrocería, con un amarillo opaco y un letrero en acrílico con luz en su techo, diseño que permaneció 10 años más en este servicio.

Bucarica Ariza, Búcaros y Liberty fueron las empresas pioneras en contratar y brindar el servicio.

Los carros eran de alta calidad, dicen los conductores. Modelos como los Renault 6, 12 y 18 eran los más usados para los taxis. Al igual que el Fiat 128. El Dacia 1300 era un vehículo muy similar al R12, que llegó a convertirse en su competencia. El Chevrolet Chevette lideró el mercado por muchos años.

La formalidad también se adecuó a su época. Los conductores solían manejar un protocolo de atención y vestimenta. El saco y la corbata no podían faltar, al igual que las mancuernas. Su prioridad siempre ha sido dar la mejor atención al público.

Incluso el servicio de taxi era usado para diferentes eventos como velorios y hasta matrimonios. Los conductores contratados tenían sus carros decorados y se distinguían por su elegancia.

#ArchivoVanguardia: Los taxis negros marcaron la historia en Bucaramanga

Por otro lado, con el pasar de los años la personalización de los carros cambió. Si bien unos propietarios mantenían sobrio su automóvil, otros querían darle un toque propio.

Ya era posible ver el número telefónico de la empresa en la parte inferior del vidrio trasero y cada propietario adecuaba los letreros con tipografías a su gusto del número interno, repetición del número de placa en las puertas y hasta el reemplazo del letrero original que indicaba que era “Servicio Público”.

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Antiguamente las personas debían ganarse el cupo y solo se pagaba la cuota inicial del carro a manejar a la Corporación Financiera de Transporte. Con ese recibo con el que separaba un carro, se jugaba un sorteo y con ello se llenaba la capacidad transportadora, cuenta Domínguez.

Cuando inició la transformación del gremio En 1987, cuando por ley todos los taxis debían ser completamente amarillos, el negocio cambió. Los cupos ya no se conseguían por sorteo pues “el gremio empezó a ponerle precio a esas ‘balotas’”.

Como la población en Bucaramanga aumentó, se necesitaba más parque automotor. Incluso, regresó el modelo Dacia, bajo la denominación 1410 TX, para sobrevivir al mercado hasta 1989.

Los carros más usados eran el Fiat 131, Renault 9, Daewoo Racer, Ford Festiva, entre otros. Durante dichos años conducir un taxi era maravilloso. Eran pocos los carros particulares, prácticamente no había motos y el tráfico no colapsaba como ocurre en la actualidad. Lo ‘relajado’ que era trabajar es algo que extrañan ahora los conductores de los amarillos.

Carmelo Guerrero, representante de la Asociación de Taxis del área metropolitana de Bucaramanga, cuenta que en 1995 pagó un cupo de $8 millones, con vehículo usado incluido. El precio rondaba dicha cifra, pero si el conductor quería un carro nuevo, debía pagar hasta $20 millones.

En 2001 la situación se hizo más compleja, problemas que se han extendido hasta el día de hoy. El parque automotor de este servicio se congeló. La cifra de vehículos registrados casi que paró de aumentar, por lo que la lucha por conseguir un cupo se hizo mayor.

En ese momento seguía siendo rentable manejar un amarillo, pero el costo para hacerlo era altísimo. Con el tiempo aumentó, y hoy en día sólo el cupo cuesta hasta $50 millones. Eso sin carro. “Y eso que llegó a costar $105 millones. Ahora toca pelear los cupos”, dijo Domínguez.

Además, la expansión de la ciudad, el aumento de carros, motos y ciudadanos afectó este trabajo. La congestión vehicular hizo que fuese más agotador permanecer horas en un vehículo. Hoy en día los mototaxis y los carros particulares han afectado al gremio, al punto de protestar en repetidas ocasiones porque las ganancias y lo producido se redujo drásticamente.

La ciudad cuenta con 23 empresas como Bucarica, Taxis Libres, Tax Sol del Oriente, Villa de San Carlos, entre otros, y el parque automotor del área metropolitana está compuesto por 7.217 vehículos. Guerrero agregó que desde el año 2000 esta cifra está congelada.

Inseguridad y piratería

Servicios alternos e informales le han quitado el protagonismo al taxi. En los últimos años la lucha de los conductores por recibir atención por parte de las autoridades para la regulación de esta competencia se ha fortalecido, pero no ha sido satisfactoria para ellos.

La taxista Luz Clarita Rodríguez argumenta que su petición es que los conductores particulares cumplan con los mismos requisitos que son pedidos a los de transporte público convencional. “Todos merecemos igualdad. Que a ellos los dejen trabajar pero pagando sus seguros. No podemos acabarlos porque ellos también necesitan un ingreso”, agregó.

Por otro lado, los hurtos a los conductores han despertado las alertas en el gremio. Rodríguez cuenta que los delincuentes solicitan un servicio, piden su respectivo destino y este suele ser una zona aislada y sin salida fácil. “Por lo general mandan a los taxistas al Norte o a La Cumbre, esperan a llegar, los amenazan con un arma y los asaltan”.

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