miércoles, 03 junio 2020
sábado 02 de mayo de 2020 - 12:39 AM

Esta es la historia de Édinson, el santandereano que 'blinda' a los taxistas contra el Covid-19

Aún no es una regla obligatoria, pero en cuaquier momento el Gobierno podría pedir un sistema de protección
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Los años en que guerreaba en las calles vendiendo plumillas para parabrisas, películas para polarizar vidrios, tapas para rines y hasta detalles de pintura para engallar las llantas de los carros en la carrera 19 con 21, están lejos; pero la veteranía del asfalto curtió a Édinson Blanco Ortega, le mostró cuál era el camino.

Claro, la suerte también estuvo de su parte. Mientras ya habían decidido con sus hermanos Felipe, Helena y Nelson montar un local para poner coquetos los automóviles de los clientes, Edinson se paseaba por revistas, catálogos -lo que hallara escrito o audiovisual hace 25 años- sobre detalles modernos e innovadores para dejar ‘uva’ cualquier nave. Hasta que -como la letra de la canción de Héctor Lavoe- hubo el empujón. “Cuando llegará, el día de mi suerte...”.

Un amigo pasó con un talonario rifando una camioneta Chévrolet Luv, de segunda, el modelo de aquel año, y él escogió el número que era.

Fue el momento de la partida. Como muchos con quienes trabajó codo a codo en el aún vigente almacén de lujos La Placa, supo que era hora de ‘abrirse’.

“...Me da risa, porque más que suerte es esfuerzo. Vivíamos en el barrio Santander, de forma humilde. No había plata para la universidad ni nada de eso, pero sí ingenio y ganas de luchar.

“Aprendimos el oficio; unos compañeros se prepararon y se fueron. Yo me fui inventando cajas de sonido porque esa era la moda, adecuar los baúles de los carros con los equipos que llegaban, con bajos, boffer, tapizados, luces, bocelería.La gente le metía buena plata a una caja de sonido y todo era licor y música. Levantaban las tapas en cualquier lado y con eso amanecían de rumba”.

Hasta que la legislación les bajó el volúmen a esas discotecas móviles y, de nuevo, Édinson debió reinventarse.

“Empecé a ver en detalle que había otras cosas por hacer aún para los carros”.

Pero llegó la pandemia y ni música ni lujos. “Íbamos para 20 días de encierro, veía una película. Un taxista montó a unas personas que le causaban mala espina, pero tenía una cabina antirobo, con vidrio templado. ¡Ese es el negocio!”. Aleteia. Aquello fue como una revelación. “Ahí estaba. Tengo muchos clientes pensionados que no pueden sacar sus taxis por miedo al contagio; hablé con un amigo tapicero con quien trabajo y decicimos armar una estructura rápida, de bajo costo, que pudiera proteger a los conductores de un estornudo. Buscamos el material antifluidos y comenzamos a darle. Además de buscar la forma de pagar tantos compromisos, ahí estaba un aporte para el control de la expansión del virus”.

En menos de dos semanas han montado 40 ‘cabinas anti COVID-19’, fáciles de lavar, desmontar, desinfectar. Incluso ya tiene modelos para cada marca. Edinson no iba a pasar en ‘Blanco’ la pandemia.

Su idea ha ‘viajado’

“Amigos que saben de mi negocio me han llamado para pedírmela. Mandé a Bogotá, Medellín y Barrancabermeja; obvio, ya habrán replicado la idea, pero yo no soy de envidias, si además de sanear las deudas podemos ayudar a frenar la pandemia, pues que copien”. Edinson tiene su almacén Speed Sound en el Bulevar Santander # 23-61. “No solo es para taxis, cualquiera puede adaptarlo, porque de la misma forma se puede bajar cuando esto pase”.

dato
En poco tiempo Edinson ha armado estructuras para I10, Sail, KIA y otras marcas de servicio público.
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