jueves, 04 junio 2020
domingo 17 de mayo de 2020 - 12:00 AM

Estos son los expertos que enfrentan al coronavirus en Santander

Son los primeros en enterarse de casos positivos para Covid-19 en Santander. Atienden a población vulnerable, visitan los municipios en donde hubo contagios y se encargan de brindarle atención a pacientes sin EPS. Todo esto sin descuidar otro tipo de enfermedades como dengue o sarampión. Todo esto alejados de sus seres queridos, para protegerlos.
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“Buenos días. ¿Cómo despertó hoy? ¿Ha tenido fiebre o dificultad para respirar? ¿Está en su casa? ¿Salió ayer de ella? ¿Se vio con alguien?”

Una llamada diaria, durante 14 días, con estas y más preguntas, reciben los contagiados con coronavirus y sus contactos estrechos en Santander. Los encargados de hacerla a los casos positivos son los miembros del grupo de Epidemiología y Demografía de la Secretaría de Salud de Santander.

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“Cuando establecemos que hay un confirmado con Covid, nos ponemos en contacto con él. La primera llamada dura más. Debemos identificar el día a día. Así establecemos dónde pudo contagiarse y a quién pudo contagiar”, explicó Diana Patricia Ariza, quien desde hace 13 años trabaja para la Secretaría de Salud.

A este seguimiento se le conoce como investigación epidemiológica de campo, un riguroso método con en el que los expertos descubren la cadena de contagios. Pero su trabajo no queda ahí, las llamadas diarias son parte de un proceso minucioso que incluye también vigilar los casos estrechos del positivo.

Alexander Torres Prieto, líder del grupo de epidemiólogos, es la primera persona que se entera de los resultados de las pruebas para Covid-19 en Santander. El Instituto Nacional de Salud le informa quién es el positivo y él es quien comanda la investigación de campo con el caso.

El grupo de Epidemiología vigila además la presencia de enfermedades como tos ferina, leishmaniasis, dengue, sarampión, infecciones respiratorias agudas, las enfermedades transmitidas por alimentos y mortalidades perinatales y maternas.

El grupo de vigilancia epidemiológica lidera en el departamento el manejo de la pandemia. Hacen los cercos de probables contagios y le dan directrices a los municipios sobre lo que sigue.

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“Cuando nos reportan positivos en municipios que son competencia departamental los atendemos directamente. Vamos hasta allá y damos la pauta sobre cómo trabajar”, dijo Torres.

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El primer caso confirmado en el departamento les cayó como un baldado de agua fría. No esperaban que el virus llegara tan rápido. Pero los protocolos de atención se siguieron al pie de la letra.

“La clave siempre ha sido una muy buena investigación epidemiológica de campo. La diferencia fue que en el primer contagio hubo pocos casos relacionados. Pero nos ha tocado positivos en el que el número de contactos es bastante amplio. Por ejemplo, con la polémica de los gerentes de hospitales que llegaron de un viaje y no se aislaron, el número de seguimientos y contactos sobrepasó los 150 y a todos ellos les hicimos los procedimientos”, reveló Ariza, especialista en epidemiología.

Dentro del equipo hay profesionales que se encargan de que la captura y la calidad de la información sea la adecuada. Otro grupo se encarga exclusivamente de todas las defunciones en el departamento, porque en cada una de las muertes en esta época deben descartar que no sea por Covid.

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“Verificamos todos los casos, hasta los posibles contagios. Velamos porque a todos se les haga su investigación. Los municipios juegan una parte importante del trabajo coordinado. Y tenemos un apoyo muy importante con el procesamiento de las muestras, del que se encarga el Laboratorio Departamental de Salud Pública”, afirmó Torres.

Los del traje raro

Ese trabajo para identificar los positivos junto a sus respectivos contactos cercanos, los ha llevado a visitar las provincias de Santander.

En todo lugar al que llegan son novedad. Los trajes blancos, resplandecientes de pies a cabeza, llaman la atención entre los vastos paisajes de Santander. Cuatro personas con este singular traje no pasan desapercibidas.

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“Sin embargo, nos han recibido bien. Es un alivio para la comunidad ver que hay profesionales dispuestos a ir hasta sus municipios para velar por su salud”, dijo Torres mientras aseguraba que en la provincia no han dejado nada a la suerte y tomaron las medidas necesarias para evitar que llegue el virus de Wuhan a sus pueblos.

La gran mayoría de los que han sido abordados por este grupo de expertos han sido receptivos, explicó Mario Alberto Chaparro, bacteriólogo de la UIS y miembro del equipo de vigilancia, pero hubo quien se mostró reacio, sobre todo si piden datos muy personales, pero cuando verifican que son de la Secretaría de Salud, se sienten tranquilos y hablan.

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El asombro al verlos se convierte en tranquilidad, en una mano amiga de los contagios o posibles contagiados que, por lo menos en los próximos 14 días, tendrán quién los escuche y quién esté pendiente de su bienestar.

“Los nexos que se han creado entre nosotros y algunos casos positivos son hermosos. Es un lazo muy bonito. Tuvimos una paciente de 80 años, que se curó, pero aún así nos sigue escribiendo y nos llama con un cariño inmenso”, contó Diana Ariza sin esconder la emoción.

Los epidemiólogos también lloran

Desde una sala del nuevo Centro de Gestión integral del Riesgo, los profesionales del grupo trabajan desde el pasado 20 de marzo. Las jornadas van de 8 a 8 de, de domingo a domingo. Todo este esfuerzo para mantener siempre vigilado al departamento.

A esta extenuante jornada se une el desgaste físico y emocional. Todos han tenido que extremar medidas de seguridad, que también incluye a sus familias.

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Torres, por ejemplo, no ha podido encontrarse con su hija de dos años. “Es duro, pero entendemos la importancia de nuestra labor. Decidí mantener la distancia con mi bebé y con mi mamá. Yo he estado en contacto con pacientes y aunque mi prueba salió negativa, debo protegerlas a ellas”.

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A Mario en su casa le designaron un plato y un vaso que nadie más usa. Sus papás estaban en Bucaramanga visitándolo a él y a su hermana, que es médica, cuando se decretó el aislamiento. Viven en la misma casa, pero no se acercan.

Estas medidas de precaución, la falta de contacto físico, las largas horas de trabajo y la importancia de su labor se convierten a veces en una bomba de tiempo. Y cuando menos lo piensan, uno de ellos está llorando.

Tenemos la satisfacción y la felicidad de ver los resultados del esfuerzo. Las cifras son alentadoras y nos reconforta mucho porque el esfuerzo de todos vale la pena.

“Acá nos alegramos cuando nos llegan los negativos y aplaudimos cuando tenemos recuperados. Pero cuando nos contaron que falleció un hombre, con el que tuvimos contacto, al que le conocimos a la familia, yo no aguanté... Por éste señor nosotros orábamos todos los días. Pedíamos el milagro de que se recuperaba. Lastimosamente no se dio y fue una situación dolorosísima”, narró Ariza.

Llorar, bajar la cabeza, pedir día de descanso, respirar y volver nuevamente a la primera línea.

“No hemos parado desde hace dos meses. La carga emocional y laboral es alta. Hay unos picos fuertes de depresión, de tristeza. Nosotros llevamos años preparándonos para eventos como este. Nos dimos cuenta que es diferente la teoría a la práctica y siempre hay un momento de una carga emocional bastante fuerte. Pero entre todos nos apoyamos”, enfatizó el bacteriólogo.

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Preparados para luchar

Desde 2010 Alexander Torres hace parte del grupo de Epidemiología. En su día a día era común que enfermedades como dengue, sarampión y leishmaniasis ocuparan su atención. Su vida ya estaba en función de las cifras de contagios y visitas a municipios en riesgo. Por eso, cuando se le pregunta si la vigilancia y seguimiento al Sars-CoV-2 es el reto más importante en su carrera él no titubea y responde que no.

“No es el único. También el reto ha sido tener un sistema de vigilancia que le permita al departamento identificar tempranamente los casos, de cualquier evento de interés en salud pública, que se puedan presentar”.

Y es que parte de la clave en la baja cifra de casos de contagio por coronavirus en Santander se lo deben a ese sistema. Un engranaje entre entidades que ha funcionado casi a la perfección, y que les ha permitido a los expertos epidemiólogos de la Gobernación actuar con rapidez y buscar los posibles contactos cercanos de todos los positivos.

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“Podemos dar respuesta porque tenemos el sistema fortalecido. Gracias también a los municipios y a las instituciones prestadoras de servicios de salud.”, explicó el máster en epidemiología.

El mismo sistema ha resultado efectivo para que Santander tenga cifras controladas en los llamados eventos de interés en salud pública. A tres años de cumplir la década en su cargo, Torres lidera un equipo de 20 profesionales que también verifican la presencia de enfermedades como tos ferina, leishmaniasis, dengue, sarampión, infecciones respiratorias agudas, enfermedades transmitidas por alimentos, entre otras.

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