miércoles, 07 diciembre 2022
domingo 30 de octubre de 2022 - 12:00 AM

Informe especial | La reconciliación tiene ‘sabor a cacao’ en Santander

La historia de víctimas del conflicto que tienen una nueva oportunidad de vida en el campo. Ahora, de la mano con exintegrantes de las Fuerzas Militares, que en su momento fueron victimarios, emprenden un proyecto agroforestal para sacar adelante cultivos de cacao en Santander.

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Corría el año de 1992 en Saravena, un cálido municipio del departamento de Arauca. En un trozo de estas fértiles tierras, donde el plátano y la yuca abundan, vivía Lisandro Porras Sánchez, un niño de ocho años que junto a sus tíos y abuelos labraban la tierra.

En ese tiempo, la violencia armada azotaba con fuerza al país y como en la casa de Lisandro la mayoría de sus integrantes eran hombres llegaron presiones de grupos armados para que ellos se integraran a sus filas. En ese mismo año, uno de los tíos del pequeño fue asesinado.

Tras una decisión desesperada por salvarlos del reclutamiento forzado y ante las amenazas por la negativa de aceptar empuñar las armas, el abuelo de la familia decidió, hace 30 años, dejar su finca y demás pertenencias y salir huyendo hacia el municipio de Rionegro, en Santander, de donde era originario.

Lisandro Porras recuerda que cuando salieron desplazados “mi abuelo compró una finca en la vereda San Isidro de Rionegro. Siempre hemos vivido en el campo y trabajado la tierra, por eso decidimos empezar de cero aquí”.

Soñaron juntos su futuro

El niño creció y se especializó en las labores del campo, en los secretos de hacer brotar vida de la tierra. Cuando su abuela, por quien fue criado falleció, Lisandro ‘voló del nido’ y comenzó a trabajar por cuenta propia, para ganar su propio jornal.

En uno de sus recorridos por las colinas de la vereda, en donde el verde predomina y donde las nubes bajan a saludar de vez en cuando, Lisandro conoció a una muchacha llamada María Cristina Colmenares. Se hicieron amigos, se enamoraron, decidieron formar una familia y sembrar juntos un futuro.

Cristina se convirtió en su apoyo, en su motor. “Cuando él me contó por todo lo que había pasado le dije que teníamos que olvidar las cosas, salir adelante y ser su compañía para afrontar todo lo que les pasó cuando vivían en Saravena”.

La familia comenzó a dar sus frutos y producto de la unión nacieron dos mujeres. La pareja continuó trabajando hombro a hombro para darles un mejor futuro porque su meta era tener su propia finca y un techo digno para que las niñas crecieran.

En 2012, cuando su hija mayor tenía cinco años y la menor completaba su primer cumpleaños, con los ahorros que obtuvieron de los trabajos agrícolas, Lisandro y Cristina compraron algunas hectáreas de La Virtud, un terreno empinado de una finca ubicada en la misma vereda San Isidro de Rionegro, que no había sido trabajado, pero en donde visualizaron el futuro.

“Cuando llegamos al terreno tan solo era un ‘rastrojo’. Nos preguntamos ¿Cuándo iremos a tener algo? ¿Cuándo nos darán fruto estos ‘palitos’..? Sin embargo, luchamos juntos y comenzamos a trabajar y a trabajar. Sembramos naranja, mandarina, aguacate y unas matas de cacao. A la vez fuimos construyendo de a poco nuestra casa con todo lo necesario para la familia”, expresó la mujer.

Tras cerca de 12 años de trabajo, el otrora ‘rastrojo’ es un pequeño paraíso. Cuentan con árboles maduros que les dan sustento, hay flores de muchos colores adornando los alrededores de la casa, amplios corredores por los que se pasean varios mininos, un estanque en el que se cultivan mojarras y las plantas de cacao rebosadas de fruto y protegidas por árboles que les proveen sombra.

La constancia, según Lisandro, es el secreto para la productividad de su terreno. “Todos los días nos levantamos muy temprano, a ponerle amor a lo que hacemos. A la hora de sembrar es importante el trabajo en equipo para preparar el terreno, hacer el ahoyado, llevar el colín, sembrarlo y cuidarlo hasta que nos dé sus frutos”.

Por su parte, Cristina Colmenares destacó que “ahorita, gracias a Dios tenemos ya nuestros cultivos, podemos ya sostenernos, de ahí sacar para nuestros alimentos. De tanto que hemos luchado aquí ya tenemos nuestros árboles, nuestros cultivos. Es una bendición porque ya nos levantamos es a cosechar, a cortar para ir a vender nuestros productos”.

El proyecto de reconciliación

Hace algunos meses, la pareja de labriegos recibió la llamada de uno de sus amigos. Durante la conversación este hombre les dijo que, Lisandro, en su condición de víctima podría acceder a un proyecto del Gobierno Departamental para emprender con cacao y donde la única condición era trabajar de la mano con exmilitares, comparecientes ante la Justicia Especial para la Paz, que en el marco del conflicto alguna vez fueron victimarios.

“Luego de la llamada nos postulamos en la Gobernación de Santander y gracias a Dios salimos beneficiados. Nos dijeron que teníamos que preparar la tierra, sembrar y cosechar el cacao junto a exintegrantes del Ejército, de distintos rangos, que nos podrían ayudar con la labor”, expresó Cristina Colmenares.

Durante el proceso y tomando como excusa el compartir un café o una empanada, víctimas y victimarios se reunieron en varias ocasiones para acordar la manera de trabajar juntos en el campo.

El jefe de la familia Porras dijo que ocho comparecientes han estado pendientes de todo el proceso, visitaron su terreno y se mostraron en disposición para agarrar azadón, pica y las demás herramientas que se necesiten para hacer que las plantas crezcan y produzcan las mazorcas que alojan los granos de este producto.

En tal sentido, el gobernador de Santander, Mauricio Aguilar, explicó que esta iniciativa se gestionó a través de la Secretaría de Agricultura del Departamento y se trata de un proyecto agroforestal para víctimas del conflicto armado en el que “29 familias de Rionegro, Matanza, Playón y Piedecuesta recibirán abono, fertilizantes y plántulas de cacao para que saquen adelante un programa productivo y en el proceso cuenten con el apoyo de comparecientes para sus labores de siembra, cuidado y cosecha”.

Aguilar Hurtado dijo que el beneficio para los actores de este proceso se da en doble vía ya que, para el caso de las víctimas, “se les brindan oportunidades de crecimiento económico, se les restablecen sus derechos , se dignifica su labor; y para los comparecientes, se les facilita su proceso de reinserción a la vida civil y qué mejor que con el trabajo junto a los campesinos”.

Por su parte, el secretario de Agricultura de Santander, Joan Sebastián Villabona, dijo que el proyecto es pionero en el país. Se desarrolla en escenarios en donde antiguamente hubo presencia de grupos al margen de la ley y donde lo que primaba era el intrercambio de disparos. La iniciativa es muy importante porque contribuye con la reconstrucción del tejido social que se fracturó durante el conflicto”.

Villabona Dávila explicó que cada familia recibirá una hectárea de cultivo de cacao con maderables y que a cada una de ellas le puede representar ingresos anuales por cerca de $30 millones y con la longevidad del producto, este puede extender su vida útil hasta cerca de 30 años.

A la fecha, se han entregado cerca de 70 toneladas de abono y ya se adelantó el ahoyado para recibir las plántulas de clones de cacao que son resilientes al cambio climático. El proyecto se inició en septiembre pasado y se extenderá hasta diciembre próximo.

El Gobernador de Santander destacó que este proyecto agroforestal hace parte de una “reparación integral a las víctimas en donde se busca impactar además en temas como ayudas técnicas, mejoramiento y construcción de vivienda rural”.

Según cifras del Secretario de de Agricultura Departamental, en el proyecto se invierten cerca de $950 millones. Es de resaltar que los comparecientes presentaron esta iniciativa ante las autoridades para su aprobación y ofrecerán su mano de obra y apoyo social a gratuidad.

Una cosecha de ‘perdón’

Durante los próximos días, Lisandro y su esposa recibirán las primeras plántulas de cacao y los insumos necesarios para garantizar su sostenibilidad, por eso, desde ya están adecuando el terreno en el que echarán raíces. Los campesinos esperan que los comparecientes retornen hasta su finca para trabajar hombro a hombro en pro de la vida. “Apenas nos llegue el ‘cacaito’ empezamos a sembrarlo para que en cerca de dos años podamos tener nuestra primer cosecha. Es bueno acompañarse, tener más manos para cultivar, para salir adelante. Es la oportunidad para olvidar todo lo malo que nos dejó la guerra”, agregó la beneficiaria.

El cambio de las armas por las herramientas de trabajo, para Lisandro resulta ser un aliciente a lo que tuvo que vivir cuando niño, puesto que “en las labores de agricultura ya no va a haber rencor y esto nos va a ayudar a forjar un nuevo futuro”.

El hombre considera que la primera cosecha, además de los granos de cacao, también tendrá como fruto la reconciliación. “Cuando estemos cortando las primeras mazorcas recordaremos que eso fue parte de un proyecto como víctimas y donde participaron quienes alguna vez hicieron parte del enfrentamiento armado en el que a todos nos tocó perder de una u otra manera”, acotó.

Entre los sueños de esta familia están que su finca lleve el nombre de La Primavera, donde todo florece, y que sus hijas puedan continuar con este legado porque “en el campo hay vida, la violencia no lleva a nada. Sembrando se honra la memoria de quienes nos arrebató el conflicto”, finalizó don Lisandro.

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Milton Velosa

Comunicador social - periodista egresado de la Universidad Autónoma de Bucaramanga. Llega a Vanguardia en el 2012 al equipo web, trabajando en temas de movilidad e infraestructura. Ganador del premio departamental de periodismo Luis Enrique Figueroa en la categoría mejor trabajo audiovisual para internet, en los años 2016 y 2021 y del Premio Silvia Galvis 2021.

@milvelosa

mvelosa@vanguardia.com

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