sábado, 19 septiembre 2020
viernes 07 de agosto de 2020 - 4:51 PM

Un joven santandereano con sueños que persisten después de la guerra

Las marcas de la guerra nunca se borran, sin embargo el amor y la perseverancia de la familia han permitido que renazca todo aquello que por una mina antipersonal, perdieron.
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Santos Ferney Valero es un joven de 22 años que tiene una discapacidad cognitiva, no obstante, eso no le impidió graduarse como bachiller y soñar con ser universitario.

La vereda Puerto Nuevo en Bajo Simacota, Santander, es el hogar del joven, su madre Licet Grajales y sus tres hermanos mayores. “Un niño muy amigable y de mucho carácter. Le gusta bailar y manejar el computador. Le gusta saludar y que lo saluden”, agregó su progenitora.

Cuando tenía solo cuatro años de edad presenció las consecuencias de la guerra. Su papá fue víctima de una mina antipersonal que le causó grandes heridas en su cuerpo. “Santos lo vio sangrar y desde ese momento siempre le ha tenido fobia a la sangre. Le da miedo recordar”, mencionó con tristeza Grajales.

Desde entonces, no hubo más remedio que huir desplazados de aquella tierra que durante años habían cosechado. El trabajo de sus padres era sembrar yuca en fincas vecinas. Era el sustento de toda la familia que en ese momento, se inundó en dolor y desesperación por su desconocido futuro.

“Al principio fue bastante duro, no teníamos a dónde ir. Además por su discapacidad, él no se estaba quieto en ninguna parte y a los demás les molestaba. Lo maltrataban psicológicamente, pasamos tres años así. Luego mi mamá me regaló un lote y eso fue un alivio”, añadió la madre.

Licet y Santos han caminado juntos desde entonces. Se motivan constantemente en su diario vivir y asumen la vida con fortaleza y esperanza. Por fortuna, él no logra recordar de manera cronológica las historias que le han marcado de manera negativa.

El joven le ha confiado a su mamá algunos de sus sueños. Quiere estudiar en la universidad y aprender a manejar un vehículo tipo bus, de los modernos. Con esfuerzo y apoyo de sus maestros, obtuvo su grado de bachiller el año pasado, ahora anhela poder continuar sus estudios.

“Para los que vivimos en zonas rurales, estudiar en la universidad se convierte en un reto casi imposible, por eso queremos que nos ayuden a poder lograr este sueño a mi hijo”, afirmó Grajales.

Hace pocos días, la Unidad para las Víctimas le entregó a Santos su reparación económica como medida de indemnización por las afectaciones que junto a su familia padeció en el marco del conflicto armado del país. Su proceso se priorizó en razón a que él posee una denominada discapacidad cognitiva, lo que produce un funcionamiento intelectual inferior al de un joven de su edad, pero a su vez potencia otras características únicas y maravillosas en su ser.

“Un dinero como caído del cielo”

Derivado de este episodio, llegó el día del anuncio de la esperada indemnización por parte de la Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas. Santos, al ver que su madre recibió la citación, corrió donde sus vecinos para contarles que su “platica había llegado”; no hubo recomendaciones de confidencialidad, ni consejo de su mamá que valiera.

Ahora maneja su tarjeta de banco: “Yo soy el que voy a pagar”, menciona de manera repetitiva, con esa alegría de quien sabe que ha logrado un triunfo

“Para él ha sido un sueño, una alegría inmensa, él quería mucho que yo le comprara su base de cama y chifonier; también quiero comprarle una ternera para que tenga capital”, así refiere Licet el anhelo de su hijo con el monto entregado, como un sueño hecho realidad.

Entre risas, Licet comenta que le ha explicado a su hijo que ese dinero se acabará pronto, pero está segura de que cuando los fondos de la tarjeta caduquen, a Santos le quedará esa satisfacción en su corazón, y a ella, la misma sensación por haber destinado de manera adecuada el recurso.

Además, por haberle dado gusto a su hijo menor de conseguir objetos materiales que para muchos pueden ser insignificantes, pero que para él representaban una gran ilusión.

La resolución 1049 de 2019 de la Unidad adoptó el procedimiento para reconocer y otorgar la indemnización por vía administrativa, a través de un método de priorización a personas con discapacidad, afectadas por el conflicto; claro está, que este incentivo no tiene comparación con lo vivido a causa de la guerra como menciona la madre de Santos: “Las secuelas de la violencia no se superan, el recuerdo está, uno va recuperando cosas, pero los momentos están ahí”.

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