viernes, 05 marzo 2021
martes 23 de febrero de 2021 - 12:00 AM

“Un siglo y un pucho más, esa es mi edad”: dice Doña Margarita Vargas de Rodríguez

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Catorce hijos, 54 nietos y una cifra extraoficial de 35 bisnietos y seis tataranietos hacen parte de la descendencia de Doña Margarita Vargas de Rodríguez, quien ayer, 22 de febrero, cumplió 105 años de vida.

Si bien es una de las mujeres más longevas de Colombia, ella misma dice que siente que los años “no se me notan mucho”.

“Solo he vivido un siglo y un pucho más, esa es mi edad”, dice la sencilla mujer, a quien la pandemia la ha tenido aislada de los amigos y de los vecinos del barrio San Rafael, de Piedecuesta.

Para ella, este tiempo no ha sido fácil: “he tenido que estar confinada en mi habitación sin poder asistir a misa, que es lo que más me da tristeza”, afirma.

Esta mujer, en su época de juventud, llegó a ser una tejedora urbana de canastos. Recuerda que desde niña le traían el ‘chusque’, la caña brava y otros bejucos: “así me convertí en una canastera”.

Doña Margarita nació en 1916 en Piedecuesta, pero afirma que en la Registraduría le escribieron en la cédula que era de Floridablanca. Sin embargo, lo dice con ahínco, “yo soy garrotera”. (Ver documento de identidad)

Se casó con Teófilo Rodríguez, quien falleció muy joven. Por eso tuvo que sacar adelante su familia con mucho esfuerzo y tesón.

Aunque ella misma admite que de joven fue de carácter recio, “a estas alturas todo es sonrisa para mí, porque Dios me ha permitido vivir con sencillez y humildad”.

Durante el último año su estado físico ha desmejorado un tanto, debido al estar confinada. No obstante, sigue siendo la matrona que trata de valerse por sí misma y siempre tiene una sonrisa en su rostro.

Todos los días se levanta, ora al Creador y se la pasa evocando con su hija y sus nietos los recuerdos del ayer.

Por sus dichos y sus lecciones de vida, se ha vuelto la ‘consentida’ de sus parientes y, de igual modo, es el centro de atención en el barrio.

Ayer, con una sencilla fiesta y guardando los protocolos de bioseguridad, dada su avanzada edad, se le ofreció un agasajo. Lo más importante fue la unión de su familia.

Su nieto, Mauricio Rodríguez, dice que la familia la ha cuidado mucho: “Ha sido una situación difícil debido a la pandemia del coronavirus, pero mi abuelita está bien, gracias a Dios. Estoy feliz de que se divierta todos los días y que sea ejemplo de longevidad”.

De la otrora Bucaramanga recuerda que “antes esta era una ciudad muy pequeña. Había tan poquitas casas y tan distantes que todo era lejos. No existían tantos edificios; lo que sí recuerdo es el Parque de los Niños, ese lo conozco desde que tengo memoria”.

Insistió en recalcar que “la elaboración y venta de canastos a base de ‘bejuco’, material que conseguía en las montañas aledañas, fue mi sustento diario”.

Su nieto afirma que ella le contaba que “con este material diseñaba diferentes elementos decorativos, entre los que se destacaban, además de los canastos, los abanicos y los floreros, entre otros productos”.

“Todos la identificaron como una mujer creativa, la cual imponía tendencias con sus diseños sutiles, realizados para las familias más pudientes de Piedecuesta y Bucaramanga”, dijo Mauricio.

“Sus productos eran muy apetecidos a causa del buen material y los buenos acabados, en los que con ayuda del ‘bejuco’ entrelazaba flores y diseños religiosos característicos de la época”, anota.

Dicha creatividad ha sido heredada a sus nietos, entre los que se destaca de manera precisa Mauricio, quien actualmente es decorador en un canal de televisión en Piedecuesta.

Margarita disfruta de la compañía de su numerosa familia. En la actualidad, ella depende del cuidado de sus hijos, los cuales velan por su seguridad y bienestar; sobre todo en medio de la actual pandemia.

Esta mujer, a sus 105 años nos invita al autocuidado, y recuerda que el secreto para mantenerse viva por tantos años está “en una buena alimentación, no enojarse por nada y tratar de hacer ejercicio”.

“Yo caminaba mucho, en ese tiempo el transporte era solo para ir a Bucaramanga y nos tocaba subir a pie hasta la montaña para conseguir el bejuco”, recuerda.

Ayer, tras su particular fiesta de aniversario, saboreó un trozo de su porción de torta, y sonriente dijo que quería un poco más, porque “105 años no se cumplen todos los días”.

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