Jueves 11 de Octubre de 2018 - 02:42 PM

Lo que la autopista se llevó: cuando los proyectos de infraestructura vial tumban las casas

Para llevar a cabo la Prolongación de la Paralela Oriental de la Autopista a Floridablanca, que será el complemento del Tercer Carril de Bucaramanga,ha sido necesario demoler varias casas. Más allá de las negociaciones y gestiones prediales, está la angustia y la impotencia de ver escombros donde antes estaba representada una vida entera de trabajo.

Comparta este artículo ›

Élver Rodríguez/VANGUARDIA LIBERAL
Un total de 37 inmuebles son objeto de gestión predial para ejecutar este proyecto que es financiado por el Invías con recursos por el orden de los $42 mil millones.
(Foto: Élver Rodríguez/VANGUARDIA LIBERAL)

Hace más de 50 años, cuando la autopista a Floridablanca apenas estaba en planos, doña María* y su esposo compraron a crédito el lote donde hoy está construida su casa en el barrio Molinos Altos de Floridablanca.

Tardaron casi una década en tenerla lista porque cuando alcanzaba para los materiales no alcanzaba para la cuota del préstamo y viceversa; sin embargo, lo lograron.

Mientras veían cómo su casa tomaba forma, fueron testigos del crecimiento de esa zona de Floridablanca: la construcción de la autopista donde antes había un monte rodeado de riachuelos, barrios emergentes, comercios en lotes baldíos y la inauguración del moderno edificio de 5 mil 800 metros cuadrados de la Fundación Oftalmológica de Santander (FOS), que en ese momento, 1982, fue la sensación y que luego sirvió de referencia para dar con la ubicación del barrio.

“En frente de la FOS, pasando la autopista, ahí es el barrio”, explicaban en esa época y todavía.

Hoy, tras 40 años de vivir en la casa que con tanto esfuerzo cimentaron y que tantos ahorros y deudas acarreó entre arreglos y modificaciones, esa transformación de la ciudad que pasó delante de sus ojos como una película en cámara lenta les está arrebatando lo único que sentían seguro: el techo. Para dar paso a la construcción del Tercer Carril en Floridablanca, mediante la Prolongación de la Paralela Oriental, tienen que ser demolidas 37 viviendas de ese barrio.

Una de esas es la suya.

Lo justo

- “No nos oponemos al desarrollo, pero por lo menos que nos den lo justo. En estas casas están nuestras vidas, nuestros sueños y nuestro futuro. Tantos años partiéndonos el lomo para darle una niñez digna a nuestros hijos y darnos una vejez tranquila y ahora solo nos despojan”, dice, con lágrimas a punto de salir, Juan*, vecino de María y cuya vivienda hace parte de las 37 que necesitan tumbarse.

Habla de justicia porque el dinero que le están dando por su casa dista mucho de lo que en realidad vale y de lo que cuesta una así hoy en día. No quiere decir su nombre porque tiene miedo de que por quejarse las afrentas por parte de la firma contratista empeoren y entonces le toque dejar de luchar. Es uno de los pocos vecinos que no ha firmado la promesa de compra venta porque no piensa regalar su casa.

“Dicen que me van a expropiar entonces, que desocupo o desocupo”, menciona.

Le da miedo eso de la expropiación, confiesa, pero le da más miedo ver su casa hecha añicos y convertida en una línea de concreto.

Su esposa, una enfermera que vivió la época dura de la crisis de la salud, cuando en el Hospital Ramón González Valencia (hoy Hospital Universitario de Santander, HUS) pagaban una vez cada seis meses, recuerda que estuvieron a punto de perder la casa porque era casi imposible pagar las cuotas.

- “Ahora que ya es nuestra, completamente, nos la van a quitar”, reniega.

Invías, financiador del proyecto, les ofrece poco más de 200 millones de pesos por una casa de cuatro habitaciones, tres baños, cocina integral, jardín y un patio grande.

- “Ese jardín era la vida de la cuadra. Era la zona social. Desde asados hasta despedidas de soltera se hicieron ahí. ¿Ve esa esquina, la de al lado de la reja? Ahí se cayó mi hijo intentando aprender a montar en bicicleta tan pronto nos pasamos acá, hace ‘veintipico’ de años”, recuerda Juan.

Hace 3 años que dejó de arreglar el jardín. Lo hacía cada domingo en la mañana como una terapia de relajación. Le gustaba abonar las plantas y sentarse a recordar el pasado: los niños, que ya no lo son, jugando a la guerra con los vecinos por toda la cuadra; las fiestas que casi siempre eran allí por ser una casa esquinera; las noches de llanto y desespero por las crisis de dinero; la emoción de todos, abrazados al frente de la puerta, porque habían pagado la última cuota y las felicitaciones de los familiares, cada que iban de visita, por tener una casa tan linda.

Desde 2015, cuando se enteraron de que la casa ya no era suya sino que le pertenecía al Área Metropolitana de Bucaramanga, pues hacía parte de los predios que debían demolerse para seguir con la terminación del Tercer Carril, Juan se olvidó del jardín y los “minicultivos” de guayaba, plátano y aguacates empezaron a consumirse, tal y como lo hicieron ellos.

“Mi casa ya no es mi casa”

María se sitúa frente a su vivienda y aunque lo intenta no puede recordar nada. Asegura que desde que se dio cuenta de que haga lo que haga o diga lo que diga nunca va a tener una casa como esa, bloqueó todo recuerdo posible.

A sus 70 años creyó que ya no debía preocuparse por nada y que los años que había trabajado como docente ya habían sido recompensados con una casa grande que la hacía muy feliz, y una pensión; pero se equivocó.

No solo ella, sino varios vecinos del sector que estaban pasando por lo mismo empezaron una lucha que les costó problemas de salud e incomodidades que nunca pensaron tener.

La mayoría de los dueños de los predios son personas de la tercera edad que llegaron allí siendo muy jóvenes, tratando de cumplir el sueño de construir algo propio. Otros, son los herederos de toda una vida de trabajo de sus padres.

“Antes de morir, lo único que me pidió mi papá fue que cuidara la casa, que nunca dejara de darle el valor tan importante que tenía. Ahora véanos aquí”, comenta una vecina que a pesar de no estar de acuerdo con el valor que le ofreció Invías, firmó la promesa de compra venta y está buscando un lugar para irse antes de desocupar su casa.

Sin embargo, no ha sido fácil. Primero porque apenas le han dado el 80% del valor total y segundo porque nada de lo que ve a ese precio se compara con su casa de dos pisos y cuatro habitaciones. El 20% restante se lo daban cuando desocupara y entregara contadores de servicios públicos, lo que no podía tomar más de 45 días hábiles.

Así lo hizo, pero han pasado meses y aún no recibe el dinero.

El director de la interventoría del proyecto afirma que los valores oferecidos a cada persona no se bajan de 300 millones y que el precio para cada casa fue fijado después de un riguroso estudio del sector y de cada vivienda. Respecto al pago del dinero restante, dice que están esperando que Invías apruebe y dé el dinero, pero que no puede pasar del 31 de diciembre de este año.

- “Cuando vinieron a mirar las casas nos decían que muy lindas, que preciosas y cuando vinieron a ofrecer el dinero, muy por debajo del avalúo comercial que nosotros mismos habíamos mandado a hacer, nos dijeron que tranquilos, que era la oportunidad de encontrar algo más nuevo porque ya esas casas eran viejas”, cuenta Juan, quien a pesar de la presión y la amenaza de expropiación se niega a firmar y sigue enviando derechos de petición.

Afirma que se merece lo justo y no el promedio que sacaron ellos, basándose en el sector y los barrios aledaños, pues lleva años invirtiéndole a su casa y no piensa regalarla. Su esposa, cansada y enferma, lo acompaña en su lucha. Dice que duró años pagando su casa como para que ahora se la compren a crédito a ella y además la roben de frente.

- “Dicen que los paramilitares desplazan, pero el Estado también”, agrega.

 

Publicidad

Publicada por: Irina Yusseff Mujica
Vanguardia Liberal no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios que aquí se publican son responsabilidad del usuario que los ha escrito. Vanguardia Liberal se reserva el derecho de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje soez, que ataquen a otras personas o sean publicidad de cualquier tipo.