Sábado 06 de Octubre de 2018 - 12:01 AM

Crónicas de un andariego

Un chulo, de nombre Navarro, entabla una conversación con un cronista en algún rincón de El Carrasco.

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Ese es el motivo principal de una de las crónicas de “El desandar de mis andares”, obra en la que César Augusto Almeida Remolina –o ‘Kekar’, como se lo conoce en la región– recopila décadas de trabajo en el género de la crónica. Publicadas en su momento en Vanguardia Liberal, estas crónicas permiten descubrir al escritor que se ocultó siempre tras el caricaturista. A Kekar se lo conoce, sobre todo, como caricaturista, pero lo cierto es que también ha dedicado parte de su trabajo frecuente a la escritura.

En este libro, Kekar reúne crónicas que se distribuyen en cuatro secciones: «Notas críticas», con textos que tienen mucho de perfiles o de notas biográficas sobre personajes medianamente reconocidos en la región; «Notas deportivas», con relatos de deportes tan disímiles entre sí como el fútbol y el bolo criollo; «Notas sobre municipios», que reúne textos sobre hechos que marcaron la vida de algunos pueblos santandereanos, como la epidemia de chikunguña en Capitanejo o la lepra en Contratación, y «Notas musicales», que se centra casi exclusivamente en la música andina de la región, de manera concreta en el tiple.

Kekar acierta allí cuando llama ‘notas’ a estas crónicas. La crónica –sobre todo la de viaje– comparte con el diario y con el ensayo literario su carácter de notas, de apuntes que el escritor, andariego por excelencia, va anotando a medida que se deja sorprender por algún hecho, por algún personaje, por algún lugar. Por otra parte, si bien la lectura de este libro puede sembrar una sensación de excesivo regionalismo, por cuanto muy pocas de sus crónicas trascienden los temas y los personajes santandereanos, este hecho se justifica por cuanto estas crónicas se publicaron originalmente en este periódico regional.

No sé hasta qué punto un lector en Montevideo o en Andalucía pueda disfrutar estas crónicas, pero confío en que un lector santandereano bien podrá identificarse con los temas propuestos en este libro. Cómo ser santandereano, gustar del fútbol y no conmoverse ante un relato como el de la vida de Sherman Cárdenas, cuyo gol en contra del Nacional, allá por el año 2005, todavía seguimos celebrando los hinchas del Atlético Bucaramanga. O, aún más, cómo no estremecerse ante el relato de un habitante de la calle, consumido por la droga, que encuentra un feto de un niño en El Carrasco y lo adopta como si fuera su propio hijo.

Habría que leer estas crónicas sin la actitud del lector que va en busca del mejor cronista que pueda hallar en su vida, y, por lo tanto, desecha a todo aquel escritor que no cumpla con tan alta expectativa. Para disfrutar de las crónicas de “El desandar de mis andares”, habría que pensar que se está, como lector, ante un hombre que ha sabido vivir –y, sobre todo, leer– a su departamento. Un hombre que se permite ahora compartir, en forma de libro, las impresiones que le ha suscitado una vida en esta tierra en la que confluyen, a un mismo tiempo, revolucionaros, músicos de tiple y dulces de guayaba.

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Publicada por: REDACCIÓN VANGUARDIA LIBERAL
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