Jueves 08 de Noviembre de 2018 - 12:01 AM

No siempre tenemos la razón

¿Por qué será que siempre queremos y creemos tener la razón en todo, incluso cuando estamos equivocados?

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Muchas veces estamos presos de nuestros necios argumentos. Lo peor es que nos volvemos ‘adictos’ a nuestras formas de pensar y tapamos nuestros oídos ante cualquier otro punto de vista.

¡Mala cosa!

Escuchar a los demás es una prueba de empatía y respeto, y en algunos casos puede ser clave para vivir en paz. Estar abiertos a otras formas de ser y actuar también es un ingrediente esencial para crecer.

Deberíamos tener presente que, siendo tercos o pretendiendo imponer ‘a juro’ nuestras creencias daremos al traste con la convivencia y con la misma tolerancia.

La verdad es que no hay un solo camino para llegar a la cima de la montaña. Por eso nadie puede intentar obligar que los demás hagan las cosas ‘al capricho suyo o al mío’.

Pretendemos hacer valer nuestros puntos de vista a como dé lugar, porque siempre nos programamos mentalmente para hacer cada cosa a nuestro estilo.

Y en esa falsa ‘identidad’ construida, cualquier cosa que llegue de afuera es un agresión o un ‘ataque personal’.

¿Es usted así?

¡Mucho cuidado! La convivencia con las personas necias y radicales no es fácil, pues ellas no aceptan que se les lleve la contraria. Y cuando esto sucede les da rabia y se van lanza en ristre contra quien intente contradecirlas.

Todo lo que sea salirse de sus normas o de su rutina les afecta. Así las cosas, son poco flexibles y se comportan de una forma soberbia.

Actuamos de forma errada cuando creemos que nuestras opiniones, rutinas o costumbres ‘son las que valen’.

Podemos creer que nuestra forma de ‘tomar el sol’ sea la mejor, pero en el fondo desconocemos si nuestro estilo es acertado para los demás.

¿Por qué menciono esto?

Porque no hay dos hombres iguales como no hay dos rutas de barco idénticas, aunque pertenezcan a un mismo océano. Cada una toma sus aguas de una forma y, sin embargo, todas navegan en el mismo mar.

Esta es una invitación a ser un poco más flexible.

¡Y debe comenzar con pequeños ejercicios! Solo por hoy establezca un programa detallado, ajeno a sus labores diarias.

¡Escape de la rutina! Quizá no cumpla del todo su plan, pero intente llevarlo a cabo. Si lo hace, se protegerá de tres calamidades: del hastío, de la prisa y del estancamiento.

Al final lo más importante de este texto es entender que deberíamos estar dispuestos a cambiar nuestro modo de pensar, cuando eso sea necesario.

Es esencial comprender que no tenemos por qué sentirnos avergonzados si nos damos cuenta de que estuvimos mal respecto a algo que hicimos durante un largo tiempo.

¡Todo lo contrario!

Sintámonos orgullosos de haber aprendido y que, aparentemente, ahora nos encontramos en lo ‘correcto’. Eso sí, siempre hay que estar abiertos a replantearnos.

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Publicada por: EUCLIDES KILÔ ARDILA
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