martes, 11 mayo 2021
martes 13 de abril de 2021 - 12:00 AM

¡Deténgase! No vale la pena estallar

Las emociones negativas se han multiplicado tras la crisis por la que atravesamos. Naturalmente es normal que nos estemos sintiendo así, pero lo importante es cómo manejamos esta difícil situación y cómo propendemos por ver las vida de una manera más alentadora.
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Hoy, como nunca antes, nos hemos dado cuenta de nuestra fragilidad. Y aunque ser vulnerables es una característica normal de los seres humanos, en estos tiempos nos hemos visto más expuestos.

No se trata solo del riesgo que hay con la salud física, también hago referencia a la vulnerabilidad emocional. En la actualidad cualquier cosa, por ínfima que sea, nos deja a punto de estallar con ráfagas de mal genio y desazón.

Las circunstancias por las que pasamos han contribuido a experimentar la crudeza de nuestra debilidad emocional y se podría decir que nos hemos vuelto demasiado susceptibles.

En medio de nuestra cotidianidad, la pandemia nos ha contagiado con duras fases de estrés y de ansiedad.

Sin exagerar, yo diría que estamos asumiendo pesadas cargas como resultado de toda la incertidumbre que nos han despertado las secuelas del virus.

Como si fuera poco, nos la pasamos ‘nutriendo’ comportamientos y actitudes que nos están haciendo reaccionar con mayor frecuencia de una forma agresiva. Es tan grave la situación que casi que estamos a punto de explotar.

Algo más: estamos adoptando peligrosos ‘estilos de vida’ basados en la quejadera y en el desánimo.

Vivimos llenos de frustraciones que, sin siquiera notarlo, nos están empobreciendo y nos están afectando importantes áreas de nuestra vida como el trabajo, las relaciones, el ocio y la misma fe.

¡Debemos ponerle freno a todo esto! Es cierto que las emociones influyen mucho en lo que hacemos, pero también debemos tener claro que al final somos nosotros los que decidimos si nos dejamos llevar por ellas o no.

Es decir, controlar las emociones es escoger nuestro estado de ánimo. Tenemos el poder de decidir cómo nos sentimos y, en ese sentido, debemos motivarnos y desistir de caer en el abismo de la desesperación.

Reflexionemos sobre cuántas veces a lo largo de nuestra vida nos ha correspondido tomar decisiones y actuar, a pesar del malestar, de la tristeza, del dolor o del miedo que sentíamos.

Hay veces en las que ser fuertes es la única opción y estamos pasando por una de esas situaciones.

Es importante no dejarnos vencer por el abatimiento y asumir la denominada ‘nueva normalidad’ con un tono más alentador.

Hay que retomar las riendas de la vida a pesar de la crisis o del malestar que podamos experimentar a nuestro alrededor.

No estoy hablando de tapar la realidad con las manos; hablo de entender que la vida en algunas ocasiones es dura y eso no quiere decir que sea ‘mala’.

Lo que propongo es entrenar nuestra fortaleza interior y luego aplicarla al mundo emocional.

De esta forma nos convertiremos en personas conscientes, equilibradas y comprensivas ante los retos que el tiempo actual nos impone.

¡Es hora de detener el abatimiento y de desistir de la idea de explotar por todo! Es mejor ver la vida de una manera más bonita.

Tampoco nos olvidemos de darle gracias a Dios por mantenernos con vida en medio de tanta tribulación.

Cada día agradezcamos por las cosas sencillas de la vida. Eso nos ayudará a recordar que todo tiene sentido, nos conectará con lo positivo y regulará nuestro mundo emocional.

¡CUÉNTENOS SU CASO!

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo, sobre todo en esta época. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo afectan en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíe su caso a Euclides Kilô Ardila al siguiente correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá.

Testimonio: “Todo me sale mal. Por más que trato de ponerles el pecho a los problemas para solucionarlos, lo único que hago es empeorarlos. No siempre fue así, antes yo sí tenía éxito. Es como si un paredón se me viniera encima. ¿Por qué Dios no me ayuda? La verdad no sé qué puedo hacer”.

Respuesta: Todos pasamos por esas épocas en las que, hagamos lo que hagamos, todo parece salirnos ‘mal’. No piense que Dios lo abandonó o que la vida está en contra suya: a veces las cosas salen así y nadie tiene la culpa.

Es normal que esté sin aliento, pero no debe perder la calma. Para ello será preciso reconectarse con usted mismo, evaluar qué puede estar haciendo mal, enmendar y, por supuesto, levantarse y seguir adelante.

Le sugiero que se centre en lo que depende de usted, hágalo bien y entienda que es preciso perseverar. ¡Vuelva a ser quien era cuando tenía éxito!

Le insisto en que debe disfrutar del proceso y aplicar una vieja fórmula que nunca falla: la de focalizarse en la acción y asumiendo que por el camino se arreglan las cargas.

Le sugiero eliminar toda la negatividad; mejor recárguese de ideas esperanzadoras todo el tiempo. Dicen que cuando nada sale bien, buscar motivos para sonreír puede ayudar a darle vuelta al asunto. De esta forma su estado de ánimo mejorará y empezará a buscar otras salidas o, al menos, podrá visualizar más claro el panorama.

Una vez se convierta en un hombre propositivo volverá a tener energía y vitalidad, proyectará una imagen más halagüeña del mundo y sobre todo tendrá más fe en Dios. ¡Hágame caso! Le envío una buena vibra.

REFLEXIONES CORTAS

* Hay tres grandes maestros que siempre nos forman en la vida. Ellos son:

1. Un corazón roto. 2. Un bolsillo vacío. 3. Un fracaso.

* Si las palabras tienen poder, imagine lo que puede hacer una oración, que es la más poderosa herramienta espiritual. Con ella usted puede lograr un contacto directo con Dios.

* El único lugar en el que la ‘superación’ está antes que el ‘trabajo’ es en el diccionario de la lengua española. ¡Es mejor que se ponga manos a la obra de una vez por todas!

* La soledad no es tan ‘mala’ como la pintan. Se puede ser una persona solitaria y al mismo tiempo disfrutar de la vida. ¿Sabe algo? Ese es un privilegio que muy pocos conocen.

* Si sus planes no le gustan a nadie, decida irse solo tras sus sueños. Ya encontrará en el camino a la gente que sí creerá en usted o que al menos le permitirá escalar.

* No se rinda, así haya fracasado en varias oportunidades. Le garantizo que todavía usted no ha probado todas las formas posibles, y en una de ellas encontrará la llave el éxito.

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