sábado, 08 agosto 2020
martes 21 de julio de 2020 - 12:01 AM

El ‘triqui’ de la vida

Si la vida se pudiera mirar como un juego, hoy podría observar una analogía algo curiosa que le resultaría bastante instructiva.
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Estoy seguro de que todos, en algún momento de nuestra niñez, pasamos momentos muy divertidos con el juego del ‘triqui’.

Y aunque en algunos vecindarios lo llamaban ‘tres en línea’ o ‘tres en raya’, a la postre siempre hablábamos del mismo pasatiempo.

Porque más allá del nombre, éramos dos jugadores: un ‘O’ y un ‘X’ marcando los espacios de un tablero de 3×3 y de manera alternada.

Ganaba el primero que conseguía tener una línea de tres de sus símbolos seguidos en forma horizontal, vertical o diagonal.

El ‘triqui’ no solo nos resultaba entretenido durante algunos recreos en la escuela, sino que también era una gran oportunidad para disfrutar en casa.

No eran necesario los golpes, mucho menos el ruido. Solo se necesitaba de un poco de concentración, algo de estrategia y, si era posible, un tiempo prudencial para reflexionar sobre cuál casilla llenar.

Lo que más me gustaba de ese juego era que uno, como concursante, tenía muchas posibilidades de ganar y, por supuesto, había revanchas a cada minuto ya que se podía jugar tantas veces como uno quisiera.

Algo más: el juego era gratis. Es decir, no teníamos que pagar ni un solo peso, ni ir a ninguna almacén para conseguir el más moderno modelo de ‘triqui’.

Bastaba solo con encontrar un amigo para competir con él, conseguir un papel y luego, cada quien con su lápiz, trazaba sus propias líneas de victoria.

Recuerdo que de niño, como todo menor travieso que asumía el reto de ser el vencedor, yo sabía que eso era solo un juego.

Pero debo confesar que también le imprimía la debida pasión a la competencia; al punto que me entregaba totalmente con el natural coraje del entusiasmo para ganar.

Hoy, ya bien pasados en años, habría que decir que siendo adultos hemos olvidamos el carácter lúdico, no de ese juego, sino de la vida misma.

Es cierto que seguimos sintiendo una emoción sagrada por las cosas que hacemos, pero olvidamos que al final se puede ‘ganar’ o ‘perder’ sin morir en el intento.

Tendríamos que admitir que en esta vida, tal y como ocurre con el juego, el que sea la primera persona en jugar lleva la ventaja. Pero también por eso deberíamos asumir que cada vez que se nos presenta una oportunidad no podemos darnos el lujo de desaprovecharla.

¡Claro! También hay que saber distinguir el trayecto a seguir y saber cuáles son las mejores jugadas que se deben hacer.

La vida, como el ‘triqui’, es un juego noble. Es una sana competencia que no deja espacios para las trampas y, por ende, se debe jugar limpio si se quiere avanzar de verdad.

Hay que saber entender que la jugada maestra de la vida siempre nos permite entender y vivir intensamente las cosas que nos corresponda afrontar.

Usted debe identificar las casillas correctas por llenar y aceptar las derrotas cuando sea necesario.

Hay que afrontar los hechos de cada día con el debido compromiso, contando con la amistad sublime con Dios y con la certeza de que con concentración y dedicación se saldrá adelante.

Además, recuerde que todo lo que haga, sea usted la ‘0’ o la ‘X’, es una consecuencia directa del camino o de la línea que desee seguir o que tenga en su mente.

Cualquier situación a la que se pueda enfrentar a lo largo de toda su vida, siempre tendrá más de una casilla por llenar y muchas formas de interpretar.

¡no se complique!

Algunos se complican demasiado y hacen difícil el arte vivir. La vida es como el sol, sale para todos, sin distingo de credo, apellido, raza o dinero. Es hora de entender que el mundo puede ser

un parque de diversiones o un mar de lágrimas. Si bien es cierto que no todo es color de rosa, tampoco es gris.

Las cosas tienen su tiempo: cuando hay que trabajar, se trabaja; cuando se debe descansar, se descansa; y cuando es preciso tomar el ‘toro por los cachos’, se llena de fortaleza para hacerlo.

Sea como sea, no puede escapar de los problemas. Cada vez que afrontemos una situación difícil, tenemos que reflexionar y pensar cuál es el camino a seguir para encontrar las salidas precisas de nuestras crisis.

Los problemas que llegan a nuestra vida tienen salidas viables; solo es cuestión de armar las

piezas de ese complicado rompecabezas.

Cuando hacemos las cosas que nos corresponden para solucionar las vicisitudes, comprendemos todo lo que nos pasa.

A veces vemos nuestra vida algo complicada y convertida en pedazos o desperdigada por todos lados. Y la solución se basa, de manera exclusiva, en tomar decisiones y mirar hacia el frente con la debida dignidad. Si vemos las cosas de una manera detenida y analizamos las posibilidades que tenemos, encontraremos la luz al final del túnel.

Así pasa con un problema, si visualizamos su solución, lo vencemos. Échele cabeza y verá que todas sus angustias tienen soluciones. Solo tiene que visualizar las salidas precisas.

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