jueves, 09 diciembre 2021
jueves 21 de octubre de 2021 - 12:00 AM

¡Hay que afrontar los problemas con la mayor entereza posible!

La manera como afrontamos los problemas es clave en la cotidianidad. Incluso en nuestra vida personal, la forma en que asumamos cada situación influye notablemente en el estado de ánimo.
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Los problemas, querámoslo o no, hacen parte de la cotidianidad. Sería utópico creer que todo tiene que ser ‘perfecto’ a nuestro alrededor.

Existen los colores, el blanco, el negro y los tonos grises, y todos ellos hacen parte de las posibilidades.

Así las cosas, es normal enfrentarnos a una situación que se tipifique como ‘complicada’. Pero si no la asumimos, ella terminará torpedeando nuestra vida y menoscabando nuestro bienestar.

Por más que le saquemos el quite e intentemos huir, el problema no va a desaparecer solo ‘porque sí’; además, la angustia que él trae es como una ‘espinita’ insertada en la piel que no nos deja tranquilos.

Tal vez sea sano ‘relajarnos’ un poco y no pensar tanto en tal angustia; pero eso no quiere decir que no debamos enfrentarla.

Es inútil alejarnos de ese inconveniente, entre otras cosas, porque él nos perseguirá hasta donde vayamos. Mi abuela decía que un problema tiene la velocidad de un rayo y que es capaz de alcanzarnos, así tratemos de escapar.

Mejor dicho: la idea de alejarnos de lo que nos agobia ‘por dentro o por fuera’ puede ser una salida, pero está claro que hacer eso nunca será la solución definitiva.

Si advertimos alguna dificultad, hay que procurar solucionarla. Jamás nos podemos rendir ante el primer tropezón, so pena de terminar frustrados.

Siempre debemos mantener la cabeza en alto y seguir hacia adelante con decoro y con la mayor dignidad posible.

Además, un obstáculo nos fortalece y siempre deja una enseñanza, si lo superamos. Y si lo analizáramos bien, podríamos utilizar esa vicisitud para mostrar de qué pasta estamos hechos.

¿Qué pretendo decir?

Que cualquier angustia podría ser, al mismo tiempo, una palanca para crecer como personas.

Las adversidades siempre encierran oportunidades de cambio. Ellas no siempre son nefastas, muchas nos dejan las mejores lecciones.

Cuando afrontamos una situación difícil y la resolvemos, nos volvemos más fuertes y nos comportamos de una forma más madura. Solo viéndonos ‘cara a cara’ con esa angustia, podremos abordarla con eficacia.

Si un inconveniente se planta frente a nosotros, debemos poner los pies en la tierra, respirar profundo para ver las cosas más claras y tomar las mejores decisiones.

¡Claro! Podemos tomarnos nuestro tiempo, pues no es indispensable reaccionar ‘a la topa tolondra’. La idea no es precipitar las respuesta, sobre todo cuando la situación no lo demanda.

Reitero, eso sí, que un problema es una circunstancia que, desde ningún punto de vista puede quedar en la ‘lista de los pendientes’ que nunca asumimos.

Lo menciono porque las cosas que se nos acumulan, al final tienen más peso que la misma contrariedad que nos agobia.

Es claro que si dejamos pasar más el tiempo, la carga será más difícil de llevar, sin contar que iremos perdiendo la esperanza.

Es esencial que nos enfrentemos a nosotros mismos para ponerle el pecho a la brisa, por más fuerte que ella sea.

Si decidimos actuar, tal proceder será un factor determinante para ‘sacarnos esa espinita’ que no nos deja en paz.

Eso sí, debemos hacer una radiografía para tener claro el panorama y para hacer lo que le nos corresponda.

¿Pasa hoy por un problema?

Tome la decisión de enfrentarlo y verá que, más temprano que tarde, saldrá bien librado. Y si no se siente seguro ni fuerte, convendría solicitarle fortaleza, serenidad y claridad a Dios.

REFLEXIONES CORTAS

¡Hay que afrontar los problemas con la mayor entereza posible!

* Somos más grandes que nuestros problemas y que las circunstancias que se nos presentan. ¡No sabemos lo fuerte que somos hasta que ser fuertes es la única opción viable!

* Por muy alta que sea una montaña, siempre hay una ruta hacia la cima y usted puede escalarla. Recuerde que lo único imposible es aquello que no intenta.

¡Hay que afrontar los problemas con la mayor entereza posible!

* No importa en qué parte de nuestro camino estemos, ahí es donde debemos estar. Porque, vayamos donde vayamos, el final siempre estará adelante.

* Una grieta en nosotros no significa que estemos rotos, significa que nos pusieron a prueba y no nos desmoronamos. Debemos hacer lo posible para cicatrizar cualquier herida.

* Usted puede tener momentos de malhumor o puede estar en desacuerdo con alguien; lo que no debe hacer es imponer a juro su opinión y menos ofender a la gente.

* El pesimismo lleva a la debilidad; el optimismo, al poder. Usted escoge cuál estado mental les imprime a sus posibilidades. Pero ser positivo expande su abanico de opciones.

¡CUÉNTENOS SU CASO!

Las angustias asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo y nos despiertan inquietudes, sobre todo en esta época. Sin embargo, con cada cuestionamiento tenemos la posibilidad de razonar y de aplicar sanas estrategias para curar el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo afectan en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto. Cuéntele su caso a Euclides Kilô Ardila al e-mail:
ardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Le escribo porque me encuentro ante una situación difícil: debo escoger entre continuar en mi oficina o salir de la ciudad para enfrentar un nuevo reto profesional. De un tiempo a la fecha empecé a sentir que ya no me ubicaba en la empresa en donde laboro y hasta podría decir que dejé de disfrutar el oficio que venía desempeñando desde hacía ocho años. Pero tomar una decisión en ese sentido es fuerte por el arraigo y lo que implica ponerle punto final a mi primer empleo. Además, debo decirle que en donde estoy tengo estabilidad laboral y no sé qué podría pasar con mi nuevo destino empresarial. ¿Qué debo hacer? No logro conciliar el sueño y obviamente eso ha intranquilizado mi alma. Quisiera saber su opinión de esto que estoy viviendo. Le agradezco que me responda”.

¡Hay que afrontar los problemas con la mayor entereza posible!

Respuesta: La decisión es muy personal y mal haría yo al darle un concepto definitivo al respecto.

Lo que sí puedo aconsejarle es que analice los ‘pro’ y los ‘contra’ de las opciones que tiene. ¡De la evaluación que haga dependerá su futuro!

Desde mi perspectiva le diría que todo tiene su tiempo de caducidad. ¡Así es la vida! Siempre he creído que cada momento es un tesoro que debemos aprovechar al máximo, entre otras cosas, porque tarde o temprano llegará su final.

Y como el tiempo no puede detenerse ni tampoco retroceder, se debe tratar de vivir al máximo. Obviamente todo es un aprendizaje y, por supuesto, a veces hay que ponerle punto final a lo que ya no tiene vuelta de hoja.

Ahora bien, lo que le estoy diciendo no implica necesariamente abandonar o retirarse ‘de tajo’ de su trabajo. Se trata de entender que puede cambiar de dirección para ir a mejores lugares y alcanzar nuevas experiencias.

Le recalco: tomar una decisión entre quedarse en la oficina, en donde según usted mismo escribe ya no se ubica; o irse a su nuevo reto profesional, a pesar de la inestabilidad laboral que pueda vivir es una encrucijada que trae cierto riesgo.

Ojo: si usted está en una zona de confort y considera que allí debe estar porque le da garantías laborales, pues podría quedarse. Pero también es claro que si dentro de ese entorno en el que está se siente inconforme, es hora de soltar las amarras y levar sus anclas; de pronto un mejor puerto lo está esperando.

Si decide irse, recuerde que cada vez que se cierra un ciclo usted puede avanzar a otro espacio y redimensionar su vida, transformarla y vivir capítulos distintos.

Aferrarse a cosas o situaciones que lo lastiman no tiene sentido, pues hay un universo de posibilidades que demandan ser alcanzadas. ¡Claro está que todo ello requiere de dosis de sacrificio, riesgo y valor!

Pídale a Dios claridad para actuar y serenidad para escoger la mejor opción. ¡Me cuenta cómo le va!

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Euclides Kilô Ardila

Periodista de Vanguardia desde 1989. Egresado de la Universidad Autónoma de Bucaramanga y especialista en Gerencia de La Comunicación Organizacional de la Universidad Pontificia Bolivariana. Miembro del equipo de Área Metropolitana y encargado de la página Espiritualidad. Ganador del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar.

@kiloardila

eardila@vanguardia.com

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