lunes, 17 enero 2022
jueves 09 de diciembre de 2021 - 12:00 AM

No cederle el poder a un agravio nos purifica

La palabra ‘perdón’ no siempre es capaz de borrar las secuelas del daño que nos producen los agresores; pero si no sabemos soltar los dolores que nos causan, ellos nos atormentarán por siempre.
Escuchar este artículo

Los dolores, la indignación y las acciones que algunos nos ocasionan y que logran defraudarnos son las razones por las que nos resulta tan difícil olvidar y, por ende, perdonar.

La verdad es que las traiciones nos dejan tatuadas las huellas del sufrimiento y ellas son más vigentes en el alma humana que muchas de las bendiciones que recibimos a diario.

Dicho de otra forma: tenemos la capacidad de vivir con más intensidad lo que tildamos de ‘malo’ que lo ‘bueno’. ¡Y así nos hacemos más daño!

A todos nos conviene reforzar nuestra capacidad de perdonar. Si supiéramos conjugar ese verbo, nos resultaría más fácil asumir una actitud permanente de comprensión y ella, a la postre, resultaría tan provechosa que podríamos ver a quienes nos han ofendido con la mayor serenidad posible.

Claro está que no puede ser un perdón ‘de dientes para fuera’. Tiene que ser un proceso que transcienda más allá de la idea de ‘hacer como si nada nos hubiera pasado’; es trascender el proceso de la absolución de la persona que nos ofendió y dejar de cargar con todos los agravios, los recuerdos dolorosos y los deseos de venganza.

Debemos tener presente que la primera condición para sentirnos plenamente satisfechos consiste en querernos a nosotros mismos incondicionalmente y eso implica no atormentarnos ni envenenarnos con lo que los demás nos han hecho.

Si expulsamos los rencores y, en cambio, dejamos que la alegría, la misericordia y el espíritu indulgente brillen dentro de nosotros, la cotidianidad podrá fluir con más naturalidad.

Una acción decidida para aliviar nuestra alma, maltratada por las heridas que nos han causado, implica dejar de arruinarnos el día a día por las acciones y los comportamientos que no podemos evitar de los demás.

Es decir, la idea es no sentir más la ofensa con la certeza de que al hacer eso tendremos paz en nuestra alma.

No en vano dicen que, si perdonamos progresamos espiritualmente. Nos conviene acallar un poco ese enfoque recriminativo por todos aquellos que nos golpearon o nos humillaron y permitir que esas experiencias negativas se esfumen.

La paz alimenta más que la guerra y el odio.

No cederle el poder a un agravio nos purifica

¡CUÉNTENOS SU CASO!

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo, sobre todo en esta época de pandemia. Sin embargo, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo afectan en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Soy honesto, pero veo que eso no da buenos resultados y no sirve de nada en nuestra realidad. En cambio, conozco a muchas personas que son fraudulentas y les va muy bien. No sé si yo debería hacer lo mismo para avanzar. ¿Qué me recomienda?”.

Respuesta: Las obras se ven hacia el lado que crezca: si alguien está inclinado hacia las cosas buenas, llenará sus días de grandes momentos; pero si se inclina por la trampa o por los vicios, terminará ‘embadurnado’ de miseria.

¡Actuar de una forma honesta o deshonesta es su decisión!

Soy de los que cree que portarse correctamente, respetando nuestros principios, es lo que más nos conviene como individuos, porque la recompensa es grande y de paso vivimos con tranquilidad.

Usted habla de que ‘ser bueno no da resultados alentadores’... Pues, pienso lo contrario y considero que comportarse bien es una gran inversión, entre otras cosas, porque ‘Dios no se queda con nada’.

Es clave conducirse en el actuar cotidiano por el sabio principio de “no hacerles a los demás lo que no le gustaría que le hicieran a usted”.

Debe ser el ejemplo para las personas que le rodean, más allá de que otros opten por ser ‘torcidos’.

Y es preciso ir más allá de las palabras y de las buenas intenciones, pues siempre debe lograr que sean sus acciones las que demuestren su sano proceder. Es importante que sea feliz y, para ello, no hay nada como tener la conciencia en paz y dormir sin remordimiento alguno.

Y por último, a todos los que creen que ‘portándose mal’ les irá bien, les sugiero una buena cucharada de vitamínicos espirituales para recomponer su forma de ser y ver la vida con transparencia y rectitud.

No cederle el poder a un agravio nos purifica

BREVES REFLEXIONES

* Hay algunas circunstancias que son tan traumáticos y que nos resultará imposible borrarlas de nuestra vida; pero también debemos darnos cuenta de que todos los hechos nos dejan lecciones y existen infinitas historias de bendiciones. Debemos aprender a pasar la página, sin olvidarnos de lo que hemos ido leyendo.

* Procure bajarles la intensidad a las situaciones difíciles que le suceden y, por supuesto, aprenda a gestionar y sobrellevar las pruebas complicadas en su ‘día a día’. Es importante que cuando haya algo que no le salga del todo bien, no se derrumbe. ¡Mire hacia el cielo y pídale a Dios fortaleza para actuar!

* Si su vida se siente pesada, a pesar de estar vacía, llénela de buenos momentos y sanas actitudes. Y si hoy no consigue lo que sueña, no deje de sonreír, mañana tendrá una nueva oportunidad para intentarlo. La vida es muy corta como para estar triste; el pasado ya fue, déjelo atrás junto a los miedos.

Suscríbete
Elija a Vanguardia como su fuente de información preferida en Google Noticias aquí.

Etiquetas

Image
Euclides Kilô Ardila

Periodista de Vanguardia desde 1989. Egresado de la Universidad Autónoma de Bucaramanga y especialista en Gerencia de La Comunicación Organizacional de la Universidad Pontificia Bolivariana. Miembro del equipo de Área Metropolitana y encargado de la página Espiritualidad. Ganador del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar.

@kiloardila

eardila@vanguardia.com

Lea también