miércoles, 05 mayo 2021
sábado 17 de abril de 2021 - 12:00 AM

Proyéctese en grande y no hable en diminutivo

Por alguna razón muchas personas hablan, piensan y actúan en ‘diminutivo’ en varios campos de sus vidas, sin darse cuenta de que de esta forma empobrecen su prosperidad. ¿Es usted así?
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Solemos hablar en diminutivo. Desde niños nos enseñaron a adornar las palabras y a ponerles un supuesto ‘toque de ternura’.

Sin embargo, ese estilo de hablar puede incidir en nuestros planes y en la misma formación, sobre todo cuando ya somos hombres ‘hechos y derechos’.

Y no se trata solo de la forma de pronunciar o la entonación, sino también del mensaje que le estamos enviando a nuestro cerebro para que todo lo que hagamos sea literalmente ‘pequeño’.

No solo nos valemos del diminutivo para minimizar nuestras propias situaciones o cosas, sino también para verlas como insignificantes e intrascendentes, cuando ellas no son así.

Aunque muchos no crean en lo aquí expuesto y lo reduzcan a un asunto lingüístico o cultural, soy de los que cree que el ‘ito’ que les ponemos a las palabras con las que definimos nuestras metas terminan minimizándolas.

Tal vez por eso me atrevo a declararle la guerra a esta forma de pronunciar los ideales. ¡No podemos devaluar las iniciativas con los insidiosos diminutivos!

Eso sí, creo conveniente precisar que el tema del que hablo está enfocado en nuestra forma de visualizar nuestros propósitos.

Hago tal aclaración porque no veo nada de malo en agregarle el ‘ito’ al nombre de una persona por la que se tiene aprecio.

En mi caso personal, me agrada mucho que mis amigos más íntimos o aquellas personas por las que siento cariño, a pesar de que no formen parte de mi círculo más cercano, me llamen así. ¡Es claro que en el nombre es solo una forma de expresar afecto verbalmente y punto!

Cosa distinta es cuando usted, yo y todos solo aspiramos a diseñar ‘proyectitos’. La verdad es que no queremos ganar unos ‘pesitos’, ni comprar una ‘casita’ ni mucho menos conseguir un ‘trabajito’. Es mejor tener una cifra clara de cuánto dinero queremos ganar, de hablar de la gran casa o del apartamento que vamos a adquirir y sobre todo del importante puesto que deseamos alcanzar en la empresa en donde trabajamos.

¿Es usted de los que piensa y habla en diminutivo?

¡Mucho cuidado!

Insisto en decirle que usted es del ‘tamaño’ de sus palabras y de sus pensamientos.

Está demostrado que siempre nuestra personalidad se pone en evidencia por las expresiones que utilizamos. Incluso en el tema de la prosperidad el hablar en pequeño es, de manera literal, reducir o empequeñecer las finanzas.

Yo sé que es fundamental reconocer que la lengua es parte de la cultura y que hay que respetarla, pero a la hora de diseñar cualquier reto es mejor proyectarse en grande.

De ahora en adelante, cuando optemos por darles forma a nuestros anhelos no tengamos límite alguno, entre otras cosas, porque la vida debe ser aprovechada al máximo, nunca al mínimo. ¿No les parece?

REFLEXIONES CORTAS

* 10 buenos hábitos

1. Soltarse de los recuerdos.

2. Dormir bien y lo suficiente.

3. Pedir ayuda, si la requiere.

4. Moverse o estar activo.

5. Desterrar el ego.

6. Reducir el estrés.

7. Comer saludable.

8. Aceptar el fracaso, no como un error sino como una lección.

9. Evitar, en la medida de lo posible, a las personas tóxicas.

10. Que le importe un ‘pepino’ el ‘qué dirán’.

* Ayudar a los demás

La vida nos está demostrando que la solidaridad es más contagiosa que el virus, pero ella es una pandemia que une manos. A usted, a mí y a todos nos corresponde ayudar a los demás. Miremos lo mejor de nosotros para potenciarlo, siendo conscientes del bien que podemos albergar y aportar a otros. Hoy somos personas que tenemos la oportunidad de traer alivio y compañía a quienes más sufren.

* ¡Conéctese con usted!

Cultive el hábito de desconectarse de su apretada agenda para estar con usted mismo. Hágalo y verá que aprenderá a nutrir sus esperanzas. Debe dedicar al menos cinco minutos del día para adentrarse en su corazón, de tal forma que pueda distensionarse y ver la vida positivamente. No deje que las tareas que tiene que realizar le hagan olvidar que su salud, su mente y su vida son sus prioridades.

¡CUÉNTENOS SU CASO!

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo afectan en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al siguiente correo electrónico: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Tengo 23 años, estoy recién egresado de la universidad y me enfrento al ‘querer’ con el ‘deber’. Por un lado quiero ejercer mi profesión, aunque por la pandemia no consigo un empleo; y por el otro está la oferta laboral de irme a Estados Unidos a rebuscármela ganando más dinero y haciendo oficios distintos a los que aprendí en las aulas. Me da rabia y me siento como un fracasado al ver que las circunstancias me obligan a irme, aunque en el fondo sé que esa es la mejor salida para superar esta crisis económica. Usted podría ofrecerme algún consejo. Gracias”.

Respuesta: Su situación es la misma de centenares de universitarios que, al concluir sus estudios, no logran conseguir un empleo. Es ahí cuando empieza en ellos, tal y como le ocurre a usted, esa angustia por rebuscársela y tratar de salir adelante.

Un reciente estudio reveló que seis de cada diez universitarios graduados se ven obligados a asumir frentes laborales distintos a los que cursó.

Así las cosas, comprendo que se sienta avasallado por su situación, pero debo decirle que el mundo real es el que está viviendo, no el que muchas veces nos dictan en los establecimientos educativos.

No tiene por qué darse duro ni recriminarse; es mejor entender el contexto en el que se encuentra. Usted, como muchos profesionales, se enfrentan a optar por la opción de conseguir recursos como la alternativa número uno, sobre todo en este duro tiempo de crisis.

Es demasiado joven como para creer que es un fracasado. Desconozco cuál sea su profesión, pero no veo nada de malo en experimentar opciones fuera del país, sobre todo cuando tiene responsabilidades económicas que asumir.

Creería que vivir esa experiencia de trabajar en otro lado supondría un valor añadido a su experiencia personal.

Además, salir del país también es una manera de adquirir cultura y enriquecer el espíritu; incluso puede ser algo muy positivo a la hora de enfrentarse a un nuevo mundo ocupacional que se abre ante usted y que con seguridad le traerá buenos dividendos.

Pero ojo, si no se quiere ir del país, la verdad no creo que esté obligado a hacerlo.

¿Qué le quiero decir?

Que no puede culpar a las circunstancias que lo rodean para desistir del reto de ejercer lo que ha estudiado.

¿No podría involucrarse en algún proyecto de emprendimiento? Si bien esta opción es la que más vértigo puede darle, también podría apostarle a dedicar sus esfuerzos e ilusiones en algo que sea suyo. De pronto esa podría ser su mejor elección.

Debe decidir exactamente qué es lo que quiere hacer, dónde se ve en un futuro y tener entereza para asumir el momento que le ha correspondido vivir.

Además, ¿Quién dijo que cuando uno acaba la universidad no aprende más? ¡Siempre se aprenden cosas nuevas y la vida lo está instando a seguir adelante!

Más que darle un consejo, creo que debe hacer su propia autoreflexión.

No se deje guiar por otras opiniones que llegan y mejor siga el camino de la intuición que, en muchas ocasiones, es la más acertada.

Recuerde que usted es el único responsable de elegir el camino correcto.

Pídale a Dios claridad y mucha serenidad para saber cómo actuar. Estoy seguro que de la mano de Él tomará la mejor decisión.

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