martes, 20 octubre 2020
jueves 17 de septiembre de 2020 - 12:00 AM

Se puede estar en paz, incluso bajo la lluvia

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¿Alguna vez ha caminado bajo la lluvia sin preocuparse por empaparse? Cuando lo haga, antes que pensar en contraer un resfriado, experimente ese instante de plenitud. Sentirá que está recibiendo bendiciones del cielo.

En lugar de estar angustiados por todo lo que nos ha traído la pandemia, deberíamos considerar que los cambios que nos ha traído esta nueva época en el fondo nos están renovando, tal y como lo hace el agua lluvia.

Traigo a acotación el tema ya que, por estar pendientes de la crisis que arrecia, nos estamos olvidando de disfrutar la vida.

Nos hemos centrado demasiado en los problemas y no hemos pensado en la importancia de estar serenos.

Sumado a ello viene el hecho de que nos la pasamos quejándonos de todo. Yo creo que si pudiéramos escuchar una grabación de las conversaciones que hemos sostenido durante los últimos seis meses, comprobaríamos que es más el tiempo que le dedicamos a ‘refunfuñar’ que el que le hemos destinado a tratar de salir del atolladero.

Es como si pensáramos que levantando muros de desánimo vamos a lograr algo. ¡Y no hay tal! El rol de víctima, antes que sanarnos nos aumenta la tristeza y el resentimiento.

Si lo analizamos bien, en estos meses de ‘cuarentena’ comprobamos que necesitamos pocas cosas para vivir; al menos no requerimos de la suntuosidad. ¡He ahí una de las grandes lecciones que nos ha dejado la pandemia!

¡Claro que ha sido un tiempo duro! Pero finalmente existen tantas noches como días, y cada noche dura lo mismo que el día que viene después. Además, hasta la vida más feliz no se puede medir sin unos momentos de oscuridad.

De igual forma cada uno de nosotros tiene una luz para irradiar a otros; solo tenemos que encender el ‘suitche’ del entusiasmo y aclarar nuestros pensamientos.

Hay una ventana más allá de los problemas. Ocurra lo que ocurra y por más que el día sea borrascoso, los malos tiempos pasan.

Esta pandemia también pasará y saldremos más fortalecidos que nunca. El Sol volverá a brillar y renaceremos de entre las cenizas.

Durante estos días, cuando el cielo de septiembre se torna gris y las nubes amagan con ‘derretirse’ con el soplo del viento, debemos evitar sentirnos melancólicos.

Si permitimos que nuestra alma decaiga, arreciarán la nostalgia y el abatimiento. La vida siempre nos pone frente a circunstancias desalentadoras, pero al mismo tiempo hay esperanzas de recomponernos.

Obvio que la pandemia nos golpea y hace que perdamos el entusiasmo. Ella llegó con los nubarrones que se ciernen sobre nosotros en temas como la enfermedad misma, las dolencias de la vida, la falta de plata, el desempleo, en fin... Sin embargo, ¡no pensemos que todo está en contra nuestra!

¿Qué hacer con estos tiempos difíciles?

Hay diversas maneras de enfrentar un tiempo abrumador. Una de ellas, tal vez la ideal, es colocarse por encima del cielo gris de las circunstancias.

Las soluciones vienen después de que tomamos la decisión de enfrentar las afugias.

No pretendo que hoy salga a mojarse bajo la lluvia, pues es claro que esa idea es solo una figura para sugerirle que tome las cosas con calma. Recuerde que cuando actuamos con tranquilidad aparece frente a nosotros una nueva perspectiva que levanta los corazones por encima de las dificultades.

¿Para qué lamentarnos de nuestra pesada carga y vivir diciendo que la vida ha sido injusta con nosotros, si finalmente la lluvia nos renueva?

¿Por qué estar descontentos de nuestra suerte y de los problemas que se nos presentan?

Todos tenemos al frente del camino la misma opción y esa no es otra cosa distinta a la de seguir con la cabeza en alto, aún si está lloviendo en nuestros corazones.

REFLEXIONES CORTAS

* No olvide que no hay nada más poderoso que orar; no hay nada más fuerte que su propia fe; no hay nada más valioso que su dignidad y, sobre todo, no hay nada más grande que Dios.

* Deje de tener miedo por lo que pueda salir mal y comience a emocionarse por lo que puede salir bien.

* A pesar de los problemas a su alrededor y de que incluso sienta que está tocando fondo, Dios siempre estará con usted y le dará las fuerzas necesarias para salir adelante.

* No se puede ser fuerte todo el tiempo; a veces solo necesita un breve tiempo para estar solo y dejar salir sus lágrimas.

* El inteligente ignora cuando es criticado injustamente; escucha cuando es aconsejado y se aleja cuando no es valorado.

* Lo que es para uno, con el tiempo llega; y lo que no es, el mismo tiempo se lo va llevando.

* Cuando todo parece ir mal, Dios hace que pase alguna cosa buena que no habría ocurrido si todo hubiera funcionado.

¡CUÉNTENOS SU CASO!

Las inquietudes asaltan a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo asfixian en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Con este año tan gris todo se me fue al piso, incluyendo mis negocios. Hoy no tengo ganas de nada, vivo a la deriva y me cuesta trabajo asumir un nuevo rol. Necesito una escalera que me permita salir del bache en el que caí. El virus no me afectó mi salud, pero sí me tiene aniquilado en el ánimo. Me dicen que cambie esta forma de ver mi mundo, pero me cuesta mucho pensar que tengo que hacer otra cosa distinta en la vida. Estoy perdiendo la fe. ¿Qué me aconseja?”.

Respuesta: Lo que usted experimenta, a decir verdad, nos pasa a muchos. Es como si estuviéramos padeciendo una especie de ‘neurosis colectiva’ o como si nos embadurnáramos de un constante pesimismo.

En el fondo, todo esto es un reflejo de lo mal que hemos asimilado la pandemia, pues ella nos ha atosigado demasiado.

Esta situación tan complicada nos ha llenado de estrés, de incertidumbre y de ansiedad y, en algunos casos, tiene a muchos ‘al límite’.

Sea como sea, no puede quedarse echándole la culpa al virus por lo que está sintiendo. Usted es el único responsable de lo que haga con su vida: o se queda en esa especie de ‘deterioro anímico’ por el que atraviesa o decide levantarse y buscar esa escalera que necesita para recuperarse.

Sálgase de ese ‘bache’, como usted lo llama, y recomponga su ánimo. Aunque parezca que no hay solución, siempre hay más de una posibilidad de recomenzar.

Me preocupa que esté perdiendo la fe. Tenga en cuenta que el cambio está dentro de usted y él depende de la actitud que asuma.

Tal vez el recuerdo de la ‘comodidad’ en la que estaba hace algunos meses es el que lo hace negarse a modificar su vida, pues estaba acostumbrado a su propio ritmo.

No obstante, debe admitir que todo cambió.

A mí me pasó y me costó mucho acabar con mis paradigmas, entre otras cosas, porque me negaba a salir de mi área de tranquilidad y no quería arriesgarme. Pero véame, aquí estoy hoy aconsejándolo y diciéndole, con un relativo conocimiento de la situación, que sí vale el esfuerzo hacerlo.

Para que las cosas cambien, debe empezar a actuar de una forma diferente. Hay que enfrentar la realidad como es y quererla con sus ‘ires y venires’.

Deje de echarles la culpa a las circunstancias y evalúe qué va a hacer para no quedarse en el plano de la ‘quejadera’.

Le advierto: no tiene de otra, pues la opción de rendirse es para quienes son cobardes, y no creo que usted sea uno de ellos. ¡Hágame caso y me cuenta cómo le va!

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