martes, 15 junio 2021
martes 11 de mayo de 2021 - 12:00 AM

Un ‘farol espiritual’ en medio de este tiempo de confusión

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Dicen que los sueños en donde vemos un farol sugieren que estamos en completo control de nuestros asuntos y que, con él, difícilmente nos veremos atacados por los imprevistos.

La verdad es que un farol no hace más corta la distancia, pero sí facilita cualquier camino oscuro.

Ese foco fue utilizado por muchos de nuestros ancestros como una señal de aliento para animar a las personas a continuar y perseverar por encima de cualquier obstáculo por el que estuvieran pasando.

Un farol era clave para no trasegar por la vida con miedo a caer y sobre todo para que nadie se perdiera, más allá de lo confundido que estuviera el panorama.

En ese entonces se decía que, a pesar de las dificultades que se presentaran, nadie podía dejar que se apagara su luz interna y, por el contrario, debía irradiarla a su alrededor para despejar las dudas que por algún motivo lo asaltaran.

Y tenían mucha razón nuestros viejos, porque un farol siempre será un imán que atraerá una ‘buena vibra’ y nos ofrecerá una energía valiosa.

Ese concepto, en nuestro tiempo actual, toma fuerza porque ese ‘farol espiritual’ del que hablamos en esta página puede ser una manera de simbolizar la vida cotidiana y la forma como debemos abordar la crisis que vivimos.

Debemos acudir a ese ‘rayo de luz’ que nos conduzca a la serenidad y a la reflexión. Y todo ello puede ser un gran estímulo para la imaginación e incluso para la creación de nuevos sueños.

En esta época, que parece inmovilizarnos y dejarnos desconcertados, el farol nos inspira seguridad, firmeza e incluso constancia.

Y a todo ello se añade la esperanza, que es como ese sol que arroja todas las sombras detrás de nosotros y que, por ende, nos resulta revitalizante. También debe estar la fe que debemos cultivar.

Además, la solución a nuestros problemas estará más cerca si cambiamos el semblante y si desde nuestro farol brotan las luces que nos inspiren a seguir adelante.

No en vano la luz disipa las tinieblas del camino y es un elemento fundamental para que podamos desenvolvernos en medio de las dificultades.

Si bien los tiempos de crisis se ven oscuros e implican peligros, también es cierto que la misma antorcha de nuestro corazón nos dará la claridad necesaria para actuar.

Esa luz, la que más se percibe cuando hay confusión en el alma, está en lo más profundo de nuestro ser.

También la liturgia de este tiempo nos lo recuerda encendiendo una vela y pasando progresivamente de una época de angustia a una de tranquilidad y paz.

A través del bregar por este mundo, hemos percibido que la Luz de Dios estará siempre alumbrando nuestras vidas en las noches más oscuras, y guiará nuestra embarcación en las tormentas más devastadoras que debamos afrontar.

La metáfora del farol es una sencilla invitación a encender, en medio de esta crisis, nuestra propia luz para que con la Venia de Dios seamos una estrella que despeje el camino.

Podemos obtener una visión clara de lo que nos espera y de lo que tenemos que hacer, si nos animamos a encender el espíritu.

Ojo: lo que hagamos de ahora en adelante dependerá de una actitud resiliente y propositiva.

Y así la distancia sea muy larga y el panorama se torne muy gris, nuestro brillo facilitará una mejor visualización de nuestro entorno y nos ofrecerá un mejor porvenir.

El ‘farol espiritual’ nos ilumina en circunstancias adversas, cuando la crisis no nos deja ser optimistas. Él cumple su brillante función cuando los problemas nos nublan el horizonte.

EL CASO DE HOY

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo afectan en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al siguiente correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Siempre he sido un hombre que planifica bien las cosas, pues no me gusta que nada me salga distinto a lo programado. Hasta el momento me había ido bien actuando así; pero ahora, con la pandemia, perdí el control y todo se encuentra al revés. ¿Qué vendrá mañana? Siento que mi futuro será cada día más difícil de descifrar. ¿Qué me puede aconsejar para estar más seguro?”.

Un ‘farol espiritual’ en medio de este tiempo de confusión

Respuesta: Está bien que haga planes, pero no pretenda seguir un libreto rígido e infalible, porque la vida no es tan predecible como se la imagina.

Es claro que el no saber cómo evolucionará la situación actual le provoca miedo al futuro y eso lo angustia. El no tener claro el horizonte y el solo hecho de sentir que hay cosas que escaparán a su control lo hacen sentir vulnerable.

De todas formas, es aconsejable mantener serenidad en la medida de lo posible. Si algo ha enseñado la pandemia es la importancia de adaptarse.

No le estoy diciendo que no se proyecte, pero también permítase cambiar de planes cuando sea necesario. Y aunque eso se le dificulte un poco, recuerde que la vida es dinámica.

Si insiste en querer tener todo ‘milimétricamente calculado’, le resultará más difícil sobrellevar este tiempo de crisis por el que atraviesa no solo usted, sino todo el planeta.

La verdad es que el mañana no suele ser previsible. Pienso que debe estar más abierto a lo nuevo y eso implica no aferrarse a nada e incluso soltarse de esa falsa zona de confort en la que se encuentra.

Deje de alimentar esa necesidad de querer saber qué va a pasar en el futuro. ¡Relájese! Además, tener el absoluto dominio de todo no resulta muy interesante que digamos. Insisto en decirle que la vida requiere de sus buenas dosis de sorpresa. Es decir, debe manejar la ansiedad ante lo desconocido e incluir esa alternativa como algo normal dentro del periodo de adaptación a las circunstancias que vaya a experimentar de ahora en adelante.

Le advierto que en todo proceso sentirá nervios y podrá invadirlo una ola de incertidumbre, pero le garantizo que podrá salir adelante.

Pienso que podría irse descubriendo a usted mismo e ir improvisando de forma creativa una solución a cada problema que le surja en el camino.

¡Claro está que lo realmente aconsejable es vivir el presente y no desaprovechar ningún momento!

Le sugiero que no insista en anticiparse a lo que vendrá, cálmese, déjese llevar por la vida misma y evite estresarse por cosas que aún no sabe si pasarán. ¡Hágame caso!

No se preocupe tanto y no alimente pensamientos sobre hechos que no han ocurrido y que tal vez no sucederán. ¡Cada día tiene su propio afán!

REFLEXIONES CORTAS

* Si logra ser feliz, aprenderá a ver lo bueno de lo que le rodea.

* Puede ser hora de empezar de nuevo y confiar en la magia de los reinicios.

* Hay quienes aparecen de la ‘nada’ y se convierten en ‘todo’.

* Si su alma está presente en cada uno de sus actos, jamás se arrepentirá de nada.

* El camino que recorre el alma es maniobrado por el corazón.

* Si puede tener paz con usted mismo verá lo invencible que se podrá volver.

* Si su alma se rinde, el cerebro dejará de pensar y su corazón se paralizará.

* Dios promete que nos bendecirá tanto, que veremos su palabra reflejada en nuestra vida.

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