domingo, 11 abril 2021
jueves 08 de abril de 2021 - 12:00 AM

Usted no es más ni menos que nadie

Hay gente arrogante, pero también la hay sencilla y trabajadora. Ser prepotente lo hace ‘famoso’ durante un día; ser humilde lo hará famoso para toda la vida.
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Todos, en algún momento, nos hemos sentido ‘pequeños’ o hemos experimentado brotes de prepotencia. Es algo que no sabemos enfrentar y que suele confundirnos en nuestras relaciones con los demás.

Yo sé que cada persona es un mundo aparte, que tiene circunstancias y necesidades distintas, tras una configuración de fortalezas y de puntos débiles.

Sin embargo nadie debe dejar de ser humilde más allá de que tenga plata, que certifique títulos profesionales o que sea de apellidos de alcurnia.

Todos somos iguales al resto de los mortales y tenemos los mismos derechos y, por ende, no podemos pretender ser más que nadie.

Nada sacamos al cultivar ese desmedido ego que nos hace sentir más altos que las montañas. Si insistimos en vernos así, terminaremos cayéndonos y estrellándonos de manera estruendosa contra el piso.

No podemos desarrollar una personalidad egocéntrica, esa que nos hace ver superiores a cualquiera de las personas que nos rodean, porque al actuar así solemos atropellar y humillar.

Ahora bien, ser humildes no tiene nada que ver con ser bobos o dejarnos maltratar. Tenemos que saber muy bien en dónde estamos parados como para no presumir y, al mismo tiempo, para hacernos respetar de quien quiera barrer el suelo con nosotros.

¿Quién dijo que ser humilde tiene que ver con ser un ‘cero a la izquierda’ o con permitir que nos pasen por encima?

Se puede creer que la humildad es algo que nos ‘achica’, pero es todo lo contrario: ella nos enaltece.

No se puede confundir humildad con la baja autoestima. Una persona humilde puede ser consciente de sus talentos y potencialidades, sin que por ello pase por prepotente.

Ser humilde es entender que, desde el puesto en el que nos encontremos, aportamos nuestro mejor grano de arena en la esfera de la vida; es decir, sin presunciones.

La humildad nos enseña a respetar, a no ser groseros y a vivir desarmados; mientras tanto, la arrogancia viene acompañada de actos egoístas, de vanidades y en más de una ocasión de altanerías.

Debemos revisarnos por dentro y aprender a manejar nuestra propia autoestima para no llenarnos de soberbias y, al mismo tiempo, para no dejarnos amilanar por los demás.

La invitación de hoy es a saber desterrar nuestras inseguridades y a cultivar nuestro amor propio.

No es necesario jactarnos de nada, ni tampoco quedarnos callados esperando a que los demás nos aniquilen.

El poder lo tenemos dentro de nosotros y la base para actuar de manera coherente está en el manejo de nuestras emociones.

Tengamos presentes que todos venimos a este mundo a servir y que debemos cumplir tal misión.

Ya es hora de apostarle al equilibrio para entender cada circunstancia en la que estemos inmersos, pero sin petulancias.

¡CUÉNTENOS SU CASO!

Las inquietudes asaltan con frecuencia a nuestro estado de ánimo. No obstante, con cada cuestionamiento tenemos una posibilidad más para afrontar un nuevo horizonte, ya sea razonando o aplicando sanas estrategias para el alma. ¿Cuáles son esos temores que lo afectan en la actualidad? Háblenos de ellos para reflexionar al respecto en esta página. Envíe su testimonio a Euclides Kilô Ardila al correo: eardila@vanguardia.com En esta columna, él mismo le responderá. Veamos el caso de hoy:

Testimonio: “Soy víctima de personas que viven ‘rajando’ de mí y que me desprestigian de una forma deshonesta. Se la pasan hablando mal de mis cosas a mi espalda. Eso me da rabia y hasta me provoca pagarles con la misma moneda. ¿Qué puedo hacer para no dejarme alterar tanto con esos comentarios inoficiosos? Muchas gracias”.

Respuesta: Lo comprendo, pues esas personas tienen una capacidad enorme para intoxicar nuestras emociones, entre otras cosas, porque pueden desequilibrarnos en ‘un abrir y cerrar de ojos’.

Y de manera desafortunada se volvió ‘normal’ ese tipo de comportamiento; por eso hoy vivimos expuestos a comentarios malintencionados.

Sin embargo, tenga presente que quienes lo atacan por la espalda es porque saben que de frente no pueden con usted.

Y aunque esté obligado a trabajar junto a gente hipócrita y falsa, no tiene por qué dejarse embadurnar de tanta necedad.

Como es aburridor conversar con los que se la pasan hablando mal de los demás, simplemente evítelos.

No vale la pena dedicarle tiempo a esas personas que rompen con una asombrosa facilidad los límites de la honestidad y son chismosas sin el más mínimo escrúpulo.

A mí me parece que la mejor arma contra ellos es la indiferencia, aunque eso implique a veces respirar profundo, contar hasta tres y seguir el camino.

Las críticas no constructivas llevan tatuadas una pobreza emocional en el mundo interno de quienes las hacen.

¡No se deje afectar!

Además, la tranquilidad alimenta. Por lo tanto, proteja sus espacios físicos y sicológicos.

Para ello, le planteo el diseño de una coraza que no permita entrar a su vida esa negatividad y con un poco de diplomacia.

Además, las palabras solo hieren cuando usted permite que ellas lo lastimen. Si esas personas ‘rajan’ de usted, no les dé el beneficio de odiarlas ni les permita que siembre en usted el veneno del fastidio.

Desista de la idea de vengarse; de los que le hacen daño se encargará la vida. Usted no tendrá que mover ni un dedo para desestabilizarlos. ¡La vida los juzgará!

Y a los que les gusta hablar mal de los demás, les pregunto: ¿Qué logran con ello?

Si insisten en hacer eso se volverán más amargados, no aprenderán nada e incluso no serán capaces de progresar.

BREVES REFLEXIONES

* Cultivar la espiritualidad es una oportunidad para crecer y un vitamínico para enfrentar lo que le corresponda vivir. Por eso le recomiendo este tipo de lectura, pues con sanos mensajes usted se ilumina, ve las cosas más claras y desarrolla fuerzas para combatir las dificultades que le surjan en el ‘día a día’.

* Viva el hoy sin el peso del ayer ni la ansiedad del mañana. Con cada amanecer usted renace; además, lo que haga hoy es lo que más importa. Disfrute de este día, siempre tenga una sonrisa en el rostro y convierta cada situación en una oportunidad para seguir adelante.

* Dedique su tiempo a quienes le aman de verdad y de forma incondicional, no a aquellos que solo lo buscan cuando necesitan algún favor.

* La mejor forma de inspirar a los demás es compartiendo lo que mejor sabe hacer, sin cambiar su autenticidad. Dé ejemplo con cada una de sus actuaciones.

* El secreto es sonreír y hacerlo hasta que la vida misma entienda que usted es feliz.

* Nos cuesta asumir riesgos, pero ellos son claves para crecer. Pensamos, de manera errada, que una vida libre de riesgos es ideal y no es así, pues la rutina jamás será motivadora.

* Recuerde que lo que le está sucediendo hoy es producto de las decisiones que ha tomado en el pasado.

* Muchas personas quieren volar, pero tienen a sus mentes como las mejores prisiones. Es como si fueran presidiarias de por vida. Se la pasan empecinadas en resguardarse en sus vetustos estilos de vida, al punto que se atornillan y se oxidan.

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