Martes 06 de Noviembre de 2018 - 09:00 AM

El amor que impulsa la turbina en el corazón de Lucía

Lucía Toro Franco tiene 13 años y luego de vencer el cáncer y una insuficiencia cardíaca, se convirtió en la primera niña en el mundo en tener un solo pulmón y recibir un corazón artificial. Pero más allá de los avances científicos, fue el amor del equipo médico de la FCV y de su familia, lo que la impulsó a salir adelante.

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Valesca Alvarado/ VANGUARDIA LIBERAL
El equipo de ECMO y Corazón Artificial de la FCV, liderado por los médicos Leonardo Salazar Rojas y Antonio Figueredo Moreno, ha implantado un total de 18 HeartMates; dos de ellos en niños. Los pacientes mantienen contacto permanente con el equipo durante el resto de sus vidas.
(Foto: Valesca Alvarado/ VANGUARDIA LIBERAL )

Un delicado y sutil beso sobre la frente de Lucía es la mayor prueba de cariño de aquel hombre de bata blanca cuyas manos hicieron posible el más grande milagro que puede existir: el de dar vida cuando la muerte ronda sigilosa y se cree que saldrá victoriosa al final del duelo.

Pero no es un simple beso, es el beso de un padre que ama a su hijo y que cuando acerca sus labios a ese frágil y cálido rostro siente que su deber fue cumplido, no por obligación sino por convicción y servicio.  

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Y aunque aquella muestra de cariño entre médico y paciente no tarda más que un par de segundos, quienes ven la escena no podrían negar que el momento es más que digno de llamarse celestial.

Porque creer en los milagros ya no es cuestión únicamente de los supersticiosos, cuando el amor y la tenacidad se unen para hacer posible lo inimaginable, por ejemplo, poner a funcionar una turbina de titanio que ahora está acomodada en el pecho de la pequeña de cara pálida, ojos verdes y cabellos rubios.

Pero ya decía Albert Einstein que hay dos formas de ver la vida: “Una es creer que no existen milagros y la otra es creer que todo es un milagro”.

Y aunque podría parecer que ambas ideas llegan a los extremos, ser la única niña en el mundo, entre 7.300 millones de personas sobre la Tierra, con un solo pulmón y un corazón artificial, es motivo más que suficiente para creer que de vez en cuando la ciencia hace milagros, vence a la muerte, cambia las probabilidades y mueve la balanza a su favor.

Lucía, una historia de supervivencia

Para ‘doña Gloria’ describir a su pequeña niña es tarea fácil. 

“Lucía es muy inteligente, cariñosa, especial con sus amiguitos, una gran líder y la mejor de su grupo de scouts”, dice la mujer de rostro amable, voz dulce y sonrisa amplia, a la vez que toma la mano de su hija y un brillo especial adorna su mirada. 

Ambas han sido fuertes y es tal vez ese amor incondicional de su familia lo que le ha ayudado a Lucía a vencer los diferentes duelos que a sus cortos 13 años ha tenido que librar con valentía y una fortaleza que muchos adultos no tendrían. 

A los ocho años un tumor maligno se concentró en el lado derecho de su tórax haciendo que su estado de salud se deteriora rápidamente. 

Visitas al médico, quimioterapias, radioterapias y largas noches en el hospital reemplazaron los juegos de muñecas, los vestidos pomposos y las travesuras propias de esa edad. Sin embargo, ella estaba dispuesta a luchar hasta salir triunfadora.

La palabra “cáncer” no le daba miedo. Y así fue. 

Lucía venció a la enfermedad, pero hasta los más grandes héroes quedan con secuelas que les recuerdan sus batallas. La de ella fue la pérdida de un pulmón, el derecho. 

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Aunque es de pocas palabras sabe escoger las adecuadas para cada ocasión, es muy apegada a sus padres e incapaz de dejar que alguien se vaya de su lado sin expresarle su agradecimiento por haberla ayudado así sea con pequeñas cosas. 

Parece tímida, pero es una fiel conocedora de compositores como Beethoven, Chopin e incluso, un poco de Johann Sebastian Bach. Sus peluches favoritos están nombrados en honor a los maestros de la música.

Destaca entre sus compañeros y fue justamente gracias a uno de ellos que llegó a las manos de los ángeles de bata blanca y corazón de guerreros: Leonardo Salazar Rojas y Antonio Figueredo Moreno. 


Titanio y amor: la mezcla perfecta

Hasta junio de este año la vida de Lucía transcurría con normalidad, pero de un momento a otro un giro inesperado la tomó por sorpresa. 

“Yo me sentía débil y los médicos me hacían exámenes pero todo salía bien. Ya me habían dicho que mi corazón no tenía problemas. Pero cuando lo volvieron a examinar, se dieron cuenta de que había algo”, recuerda la pequeña que lleva en su espalda un bolso azul en el que carga las baterías que la mantienen con vida. 

Una insuficiencia cardíaca avanzada ponía en riesgo a la niña y el trasplante no era una de las opciones de manejo en ella. Su pulmón no resistiría. La situación era crítica.

Fue entonces cuando supo del grupo de ECMO y Corazón Artificial de la Fundación Cardiovascular de Colombia, FCV, un equipo médico único en el país y reconocido como el mejor de América Latina. 

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Implantar corazones de titanio es su especialidad y la única alternativa para que Lucía le ganara a la muerte. Pero esa batalla sería difícil. Luego de su traslado desde Medellín hasta la FCV, los médicos iniciaron la carrera contra el tiempo.  

Estaba débil y tras una semana de esfuerzos para compensarla, ingresó al quirófano por su nuevo corazón, uno artificial. Era 31 de agosto.  

Antonio Figueredo Moreno, jefe de cirugía cardíaca, hizo la magia.


Durante catorce horas sus manos tenían la misión de acomodar la turbina en el pecho de Lucía. Pero la falta de un pulmón triplicaba los riesgos en el procedimiento.

Una falla en el ventrículo derecho, problemas de coagulación y tensión lo hicieron maniobrar con destreza. Pese al pequeño tamaño del corazón de la niña, el HeartMate fue implantado con éxito.

Figueredo lo había logrado

Ahora, era el turno del director del Programa de ECMO y Corazón Artificial, Leonardo Salazar Rojas. 

Sincronizar el dispositivo para que trabajara en armonía con la circulación de Lucía no fue tarea fácil, ni siquiera para alguien con su experiencia en este campo. Pero su deber también fue cumplido. 

Luego de muchas horas, ambos hombres hicieron historia. 

Le dieron a Lucía una nueva oportunidad de vida, a la vez que hicieron posible algo nunca antes logrado en el mundo. Pero el camino no terminaba allí, la recuperación era crucial y la falta de su pulmón haría que fuese más compleja.

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Sin embargo, ella estaba lista para afrontar el nuevo reto. Durante las siguientes nueve semanas, la familia de la pequeña y el equipo médico fueron testigos de su tenacidad.

Estuvo intubada por varios días, no podía comer o beber con normalidad y debía dormir sentada sobre un par de almohadas que acomodaba en sus piernas. 

Una máscara le ayudaba a respirar y el tanque de oxígeno se convirtió en su ‘compañero’. Aprendió a manipular el dispositivo rápidamente y aunque en ocasiones su estado no era el mejor, nunca se quejó. 

“Al preguntarle cómo se sentía, ella siempre respondía lo mismo: ‘estoy muy bien’. Incluso, cuando nosotros sabíamos que no lo estaba”, recuerda Salazar Rojas.  

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Pero en el amor Lucía encontró la fuerza suficiente para recuperarse. Entrar a su habitación era entrar en un pequeño rincón mágico lleno de cartas, fotografías, luces y café.  

Disfrutaba sus salidas al parque, al centro comercial e incluso a comprar ropa. Admiraba detenidamente cada cosa nueva para ella, mientras Salazar empujaba la silla de ruedas y su madre el tanque de oxígeno.

La sonrisa iluminó su rostro casi todo el tiempo y encontró en el equipo médico a una segunda familia.

Ahora, llegó el momento de partir, seguir soñando y continuar su vida.Lucía se va para Medellín con un corazón impulsado por una turbina de titanio y mucho amor.

Pero en Bucaramanga se quedan los ángeles que hicieron posible el milagro. 

DATO: El 21 de septiembre de 2017, el equipo de ECMO y VAD de la FCV trajo al mundo a un niño cuya madre estuvo en muerte cerebral y conectada a un pulmón artificial durante cuatro semanas. Una hazaña médica que hasta el momento sigue siendo única en el mundo. 

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Publicada por: VALESCA ALVARADO RÍOS
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