martes, 24 mayo 2022
domingo 23 de enero de 2022 - 12:00 AM

Mujeres en Afganistán, abandonadas a su suerte

El futuro de las mujeres afganas es sombrío. El retorno del régimen talibán ha mermado o eliminado por completo los derechos adquiridos en los últimos 20 años con la ocupación occidental.

No pueden viajar más de 70 kilómetros de distancia si no van acompañadas de un hombre de su familia inmediata. Se les niega el trabajo y el estudio. No pueden reírse en voz alta, aparecer en telenovelas, practicar deportes, usar baños públicos o abordar un taxi sin el velo o hiyab e incluso, son amenazadas de muerte si no llevan la burka. Tampoco perfumarse o llevar adornos, y su ropa no puede parecerse a la de los hombres.

Es la nueva realidad a la que se enfrentan a diario las mujeres en Afganistán con el retorno de los talibanes al poder, el pasado 15 de agosto, tras la toma de Kabul. De nuevo, se encuentran en la mira de un régimen, únicamente por su condición de mujer.

Además: Afganistán se desmorona ante el imparable avance de los talibanes

Toda una lista de restricciones que implican un retroceso en los avances parciales y frágiles alcanzados en los últimos 20 años en el país asiático con la invasión de una coalición internacional liderada por Estados Unidos que derrocó a los talibanes, pero que puso punto final a la ocupación militar, el 30 de agosto pasado.

Dos décadas en las que unos 3,5 millones de niñas asistieron a la escuela el último año, más del 25% de los miembros del Parlamento eran mujeres y el 30% eran empleadas en las instituciones de la administración pública. Algunas de ellas, incluso, con altos cargos como ministras y embajadoras.

Pero la situación dio un giro radical a las pocas semanas de que los talibanes asumieran el control de Afganistán.

Por ejemplo, a las niñas mayores de 12 años ya no se les permite ir a la escuela, y las estudiantes en las universidades están segregadas de sus compañeros masculinos. A las mujeres trabajadoras se les prohibió ejercer sus oficios, salvo las del sector salud y en contados casos, y permanecen recluidas en casa.

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El peligro de mezclar religión y poder

Como si fuera poco, los talibanes han instaurado el “Emirato Islámico de Afganistán”, marcado por la ausencia de mujeres y de representantes de otros grupos políticos.

De los compromisos hechos a la comunidad internacional y su supuesta intención de gobernar de forma más respetuosa con los derechos de niñas y mujeres a cambio de ayuda humanitaria y reconocimiento político en el mundo, solo quedan las promesas. En contraste, los talibanes han vuelto a dar rienda suelta a sus abusos, represión y restricciones.

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Su llegada significa un retroceso muy preocupante y condenable para los derechos en general, y principalmente para las mujeres y la diversidad sexual y de género, advierte Juliana Martínez, profesora de género y sexualidad en American University de Washington (Estados Unidos).

Según ella, una gran lección del caso afgano es el peligro inmenso de mezclar religión con poder político.

“Es decir el hecho de que eso sea indivisible lleva a sociedades antidemocráticas, y que no respetan los derechos de las mujeres y la diversidad sexual”, afirma la experta.

Cabe mencionar que el Talibán, que ya estuvo en el poder entre 1996 y 2001 antes de ser derrocado por EE.UU. y la coalición internacional, es un grupo fundamentalista religioso que impone una interpretación radical y restrictiva de la ley islámica que restringe notablemente los derechos y las libertades de las mujeres.

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“Volver a una época de ostracismo”

“Lo fundamental es entender que ahí hay una lectura perversa y retorcida del Corán que se refleja en una experiencia que el mundo ya conoce porque fue aplicada entre 1996 y 2001 en esos territorios”, opina por su parte Víctor De Currea-Lugo, periodista y experto en Medio Oriente, quien considera que es difícil imaginarse un grupo talibán moderado o respetuoso de los derechos humanos.

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Para ilustrar la situación, recuerda que en 2001 prácticamente ninguna niña acudía a las escuelas y en 2017 más de 3,5 millones se habían incorporado a la educación.

Esto a todas luces es un punto a favor que mostró la invasión estadounidense frente a todo el daño en general que sufrió un país devastado por la guerra, opina.

De Currea-Lugo igualmente sentencia que es volver a una época de ostracismo y persecución, “donde las prácticas en nombre del Islam castigan a la sociedad en general”.

Frente a esto es poco lo que se puede hacer, reconoce José Ángel Hernández, profesor de Islam y Occidente de la maestría de Historia Contemporánea de la Universidad Sergio Arboleda.

A juicio del también decano de la Escuela de Historia de dicha universidad, las manifestaciones públicas de mujeres reclamando sus derechos se diluirán con el tiempo, y cree que en este momento las permiten los talibanes, porque Occidente está observando.

Pero una vez que el régimen se asiente, las mujeres en las calles desaparecerán de la vida pública, lo mismo que los derechos conquistados durante la época de la ocupación occidental irán desapareciendo, alerta Hernández.

Incluso, un grupo de expertos de la ONU ya advirtió esta semana que los talibanes tratan de borrar a las mujeres de la vida pública afgana. “Nos preocupan los esfuerzos continuos y sistemáticos para excluir a las mujeres de las esferas social, económica y política en todo el país”, señalaron.

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“Las mujeres se irán encerrando en sus casas, sin que haya una presencia de ellas en ningún ámbito en la vida social”, reitera el experto en Islam.

Todo esto sumado a que también son víctimas de violencia doméstica, matrimonio infantil forzado, explotación sexual y trabajo forzado. Según cifras de la ONU, el 87% de las mujeres afganas han sufrido alguna forma de violencia física, sexual o psicológica.

A las mujeres se les han cerrado las puertas de los ministerios y oficinas públicas porque no se considera “decoroso” que trabajen con hombres bajo el mismo techo.

Es más, el Índice de Mujeres, Paz y Seguridad revela que Afganistán es el segundo país del mundo más peligroso para ellas, después de Yemen.

Hernández prevé a futuro una resignación occidental y la aceptación del régimen talibán que durará años.

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En su opinión, la geopolítica de la zona corre en favor de los talibanes, “que harán que su intransigencia religiosa y social se vaya poco a poco asentando con la aquiescencia de Occidente”, que solo se limitara a denunciar puntualmente y con mucha retórica el asunto de derechos humanos, y en concreto de las mujeres.

Al margen del drama que viven las mujeres, Afganistán vuelve a ver recrudecer la violencia y está al borde de una crisis humanitaria sin precedentes, donde el 90% de la población depende de la ayuda internacional para sobrevivir. Hoy es un país sin futuro, y las mujeres, pagan el más alto precio.

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Ángela Castro Ariza

Periodista de Vanguardia desde 1996. Egresada de la Universidad Autónoma de Bucaramanga. Miembro del equipo de la página internacional. Editora nocturna.

@acastro72

acastro@vanguardia.com

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