miércoles, 04 agosto 2021
lunes 14 de junio de 2021 - 12:00 AM

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Nuestros hijos

Por favor padres y madres, orientad a vuestros hijos, para que sean personas íntegras, saludables emocionalmente, respetuosas, sabias, responsables de su vida y sus actos, y por sobre todo, dadles mucho amor para que ellos también aprendan a dar y recibir.

Cuando no enseñamos principios a los niños es difícil que en el transcurso de su vida aprendan, en estos tiempos tan convulsionados que tenemos, siempre decimos: ¡ah! es que esta juventud no quiere hacer nada, todo lo quieren fácil; pero no decimos: hemos fracasado como padres, mire como los hemos formado, ha sido un error nuestro. Nosotros tuvimos esa vigilancia constante de nuestros padres que nos enseñaron respeto y dignidad.

Ahora decimos, fuimos una generación que obedeció a los padres y ahora obedecemos a nuestros hijos, es la frase más común que oímos, para no reconocer nuestra culpa.

Chepita Jaimes Conde

Miran para otro lado

Vivimos un drama terrible, porque el COVID se ha ensañado contra nosotros con gran intensidad y los esfuerzos médicos son superados por la fatalidad. No sabemos a quién más suplicar; inclusive hoy nos unimos en oración al Corazón de Jesús para pedirle clemencia. Además de la desgracia en salud, nos acosa la ruina económica de la cual nos demoraremos en salir y también más muertes producirá.

Toda medida sanitaria es inútil mientras en las calles miles de personas violan las más elementales recomendaciones para evitar la enfermedad = corren, gritan y cantan, se abrazan, se desnudan, agreden la autoridad, destruyen almacenes, buses, casas etc., y no hay una sola voz que pueda detener tan grave situación. Los incitadores del paro y la movilización no asumen esta responsabilidad y prefieren mirar hacia otro lado cuando la evidencia de su irresponsabilidad los acosa.

Dicen que de ellos es la movilización y la protesta, pero no sus consecuencias en salud y economía; y a ese coro se unen los políticos de la oposición, académicos, rectores, sacerdotes y obispos y mucha gente común que solo desea el desprestigio del gobierno aun a costa de la muerte de sus familiares y amigos.

De qué sirve cerrar restaurantes, almacenes, colegios, oficinas que trabajarían con protocolos de bioseguridad, si invitan a las calles a miles de irresponsables que se enloquecen desencadenando una marea humana que se contamina fácilmente y regresan a sus casas a llevar la enfermedad.

Ojalá los responsables de esta maldita situación, en lugar de mirar hacia la izquierda, levanten los ojos al cielo y pidan perdón y recapaciten por la desgracia que han causado.

Enrique Rueda Pinilla

La Constitución, ley de leyes

A uno le causa extrañeza, oír que las gentes que saben poco de estas cosas del Estado, los “mánagers” del desorden y de las protestas, cuando se hacen depredadores y sin ningún fin útil, sino de causar pánico al pueblo de todos los niveles, o estratos como los llaman ahora, lo primero que enseñan es a gritar pidiendo un cambio de la Constitución. No olvidemos la historia, la Constitución del 91, que es la que nos gobierna, fue promovida por los estudiantes que impusieron con mucha inteligencia en el gobierno de Gaviria la séptima papeleta, para cambiar una Constitución, que, a pesar de haber sido bien hecha por pensadores distinguidos y abogados de la república, nos gobernó 105 años. Empero, aquellos jóvenes del 91 demostraron con hechos y sin dar piedra ni partir vidrios, que la carta había que modernizarla, se impuso el criterio de los estudiantes y se formaron mesas de discusión, sin violencia y sin ira se eligió una asamblea nacional constituyente y se cambió la Constitución. Por eso, me parece muy apropiado lo que apuntó el joven columnista Eneas Navas en su columna de Vanguardia “la Constitución no es el problema pues en ella se encuentra el catálogo más impresionante de derechos con sus relativas obligaciones a cargo de los particulares y el Estado”. ¿Empero la gente solo habla de derechos humanos y los deberes qué? Si tanto pedimos derechos, también hay que cumplir obligaciones.

Julio Valdivieso Torres

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