miércoles, 08 diciembre 2021
sábado 23 de octubre de 2021 - 12:00 AM

Redimiendo comunidades

Quizás si nos responsabilizamos por comunicar palabras de vida y procurar acciones de bienestar, podremos dar inicio a diálogos en los que todos podamos enriquecernos.
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Columna de
Carlos Chaverra

En un debate se trata de darle en la cabeza al otro. En una negociación lo que se intenta es sacar el mayor provecho para cada uno. Y el diálogo es una cosa muy profunda. Implica un compromiso ético. Que yo esté en disposición de oír con mentalidad abierta la postura del otro y viceversa, en un dialogo autentico, no puede haber un vencedor o un vencido. Del diálogo ambos deben salir vencedores, porque ambos se han enriquecido.” Con estas palabras el padre Gerardo Remolina, S.J. ex-rector de la Universidad Javeriana explicó en una reciente entrevista en el diario El Tiempo una serie de diálogos con el biólogo británico Richard Dawkins, mundialmente conocido como un ateo vehemente que defiende el racionalismo.

De dichas conversaciones surge el libro del padre Remolina “En el mar de la duda, navegantes en pos de la verdad” Ed. Paidós, 2021. Allí inicia con una cita de Descartes, el maestro de la duda. “Yo no dudo por dudar, como lo hacen los escépticos. Dudo para remover la arena que hay, a ver si encuentro algo firme o simplemente arcilla”. En sus diferentes capítulos nos invita a un diálogo alrededor de temas álgidos acerca de la ciencia, religión y la fe, la creación o la evolución, si Dios es una ilusión o no. Independientemente de nuestras posturas alrededor de estos temas su lectura no deja ni vencedores ni vencidos y simplemente, como todo buen dialogo, nos deja con la riqueza de una profunda reflexión.

Me puse a pensar, si se puede dialogar sobre temas tan opuestos como el cristianismo y el ateísmo, como lo hicieron Remolina y Dawkins, por qué no lo podemos hacer en la política, en donde difícilmente llegamos a un debate o una negociación, sino más bien alimentamos sentimientos de amargura, rabia e intolerancia, donde se pierde el propósito de construir comunidad y se afianza el concepto de tribu, donde la venganza es su fuerza motora. Si redimimos los conceptos de dignidad, respeto, justicia, bienestar y los ponemos como un propósito común, quizás podamos redimir nuestras comunidades. “Hay una tendencia a creer que mis deseos son un derecho”, nos dice Remolina. Quizás si nos responsabilizamos por comunicar palabras de vida y procurar acciones de bienestar, podremos dar inicio a diálogos en los que todos podamos enriquecernos.

Carlos chaverra
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