Miércoles 20 de Octubre de 2010 - 12:01 AM

O sea, estamos en descampado

Comparta este artículo ›

Columnista: Cesar Gonzalez Muñoz

En materia cambiaria, el presidente, el ministro de hacienda y el Banco de la República  se están manteniendo estrictamente dentro de los cánones aceptados por la ortodoxia dominante. Tanto el gobierno como el Banco dicen que hay que evaluar los costos y los beneficios de la implantación de controles administrativos a  las inversiones extranjeras de capital financiero, y de la mayor intervención del Banco Central en el mercado cambiario.

Hasta hace poco, los controles administrativos a los flujos de capital financiero eran anatema en el mundo de la ortodoxia académica y de las calificadoras de riesgo. Pero más recientemente las cosas han cambiado: Ahora los tozudos hechos han  matizado la ortodoxia. Ya los gobiernos que aplican estas decisiones no son necesariamente gobiernos renegados de la “comunicad internacional de los negocios”. Queda el problema lógico: ¿sí serán capaces  los controles administrativos, en circunstancias como las actuales, de poner algún orden estable en la formación de la tasa de cambio? El gobierno parece decir que la respuesta es negativa.

Por su parte, el Banco de la República es sumamente reticente a intensificar sus compras de dólares. La mayoría de los miembros de su Junta Directiva maneja un argumento muy sencillo: Una intervención cambiaria más allá de lo simbólico, como ha ocurrido este año,  es contradictoria con el esquema de política monetaria llamado de “inflación objetivo”. En este esquema, la meta exclusiva de la política monetaria es una tasa de inflación anual anunciada previamente (2-4 por ciento). Si esta meta se logra, el Banco califica como exitosa su actuación.

La decisión de hacer una intervención cambiaria a gran escala traería a escena una figura nueva, una auténtica intrusa  en las labores del Banco: La tasa de cambio pasa a ser, a la larga, otro objetivo de la política monetaria y entonces se daña la belleza y la simple perfección del esquema de la “inflación objetivo”.  

No veo al Banco de la República abandonando su regla. Es muy posible que aumente en el futuro inmediato un poco la escala de sus compras en el mercado cambiario, pero sólo hasta el punto en que sus modelos econométricos alerten que la expansión monetaria comienza a ser incompatible con la meta de inflación.  

La ortodoxia del gobierno y del Banco hace prever que la tasa de cambio está sometida al aguacero global. Estamos en descampado. 

Publicidad

Autor: Cesar Gonzalez Muñoz
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
Vanguardia Liberal no se hace responsable por las opiniones emitidas en este espacio. Los comentarios que aquí se publican son responsabilidad del usuario que los ha escrito. Vanguardia Liberal se reserva el derecho de eliminar aquellos que utilicen un lenguaje soez, que ataquen a otras personas o sean publicidad de cualquier tipo.