sábado, 04 julio 2020
jueves 04 de junio de 2020 - 12:00 AM

Tutela por estupidez y atentado a la salud

Me asaltan las ganas de “entutelar a alguien”, por atentado a la salud de los mayores. Estos que no pueden salir del rancho, alejarse del hacinamiento, que... no tienen a donde almorzar ni ver gente.
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Pasaron unos meses antes que nuestros/as gobernantes, asesorados por expertos, concedan a los “abuelitos” e infantes de dos a seis años de vida, media hora, tres veces a la semana, para salir de sus viviendas. No se ha otorgado todavía este permiso para los menores de dos años, criados en completo encierro.

Preocupa que dirigentes no entiendan que el aire, el sol, las sombras, espacios abiertos, plantas y árboles, andar libremente, estirar y mover piernas ayudan a mantener la salud y evitar más deterioro. ¿Cuántas reuniones presenciales o virtuales, con especialistas en pediatría y gerontología, para evidenciar esta perogrullada? En cualquier cita médica, un adulto, con o sin diabetes y/o hipertensión, oye estas preguntas: ¿hace deporte? – diferente a lavar pisos y alcanzar el control del televisor - ¿camina? – más que de su dormitorio al comedor, de su cuarto al baño – ¿respira? ¿se asolea? Y, además de prescripción de medicamentos, recibe la orden: camina y se ejercita mínimo 45 minutos al día, fuera de casa, ojalá en un parque (por algo es que vive en la Ciudad de los Parques).

Así las cosas, estos ancianos acostumbrados a lidiar con sus dolores, con capacidades, experiencia y ganas, estos ancianos más activos, propositivos y felices que muchos jóvenes “nini”: profesores universitarios, congresistas, vendedores ambulantes sin jubilación, columnistas, taxistas, “abuelitos” con nieto; toda una generación se ve relegada tras las rejas de la protección.

Me asaltan las ganas de “entutelar a alguien”, por atentado a la salud de los mayores. Estos que no pueden salir del rancho, alejarse del hacinamiento, que con los Centros Vida cerrados no tienen a donde almorzar ni ver gente. Los que no tienen pensión y tienen que salir al rebusque, los que pueden morir de hambre, rechazo y pena moral. Es estúpido prohibir salir a los ancianos, con sus achaques, bastón, sonrisas, desesperanza, recuerdos y sabiduría. Ellos sí guardarían la distancia social y se preocuparían por proteger a su decendencia.

Christiane Lelièvre
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