sábado, 08 agosto 2020
sábado 01 de agosto de 2020 - 12:00 AM

Inseguridad, sin control

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Columna de
Diva Criado

Se ha vuelto casi una rutina diaria achacarle todas nuestras desdichas a la pandemia, pero no podemos hacerla responsable –no del todo- de la inseguridad, que ha ido ganando terreno en ciudades y campos, propagándose a la misma velocidad del virus. No es un secreto que el fenómeno de la violencia y la extorsión ha sido norma de conducta de grupos al margen de la ley y de la delincuencia común en Colombia. El tema viene de lejos, mucho antes de la aparición del COVID-19. Sin embargo, en los últimos meses, está pasando de castaño a oscuro, tanto, que varios organismos lo denuncian. A principios de julio, el Secretario general de la ONU reveló que los grupos armados ilegales y organizaciones criminales aprovechan la pandemia para ganar terreno y expandir su control territorial, aumentando el sufrimiento de civiles y de comunidades enteras.

El director de Human Rights Watch (HRW), José Miguel Vivanco, a través de una rueda de prensa virtual, presentó esta semana un informe similar, basándose en testimonios recogidos a familiares de víctimas y testigos, denuncias a la Policía, Fiscalía y Defensoría del Pueblo, que dan cuenta del régimen de terror que viven algunas zonas. Grupos armados ilegales, en al menos 11 regiones, aprovechan la crisis del coronavirus para cometer toda clase de atropellos. Ordenan cuarentenas y toques de queda más estrictos que los decretados por el gobierno y aplican restricciones a la circulación de personas, vehículos y embarcaciones. Según el informe, estos grupos operan en “impunidad total”, se valen del pánico y las condiciones propias de la pandemia para aumentar su control, aterrorizando incluso a autoridades locales

Pero no solo los grupos ilegales se aprovechan de un Estado débil o ausente, la delincuencia común también hace su agosto. El hurto a personas y residencias en las ciudades están a la orden del día. El campo es uno de los más golpeados, y un claro ejemplo de transversalidad delictiva generada por la pandemia, una delincuencia que reviste muchas formas, entre otras, ataques racistas y delitos de odio, dadas las situaciones de pobreza en poblaciones vulnerables, que desembocan en saqueos, incluso en enfrentamientos armados, mercados ilícitos, entre otros muchos escenarios de índole delictivo. En Santander, por ejemplo, las inquietantes noticias que llegan dan cuenta de los constantes hechos violentos, cometidos por algunos pescadores a lo largo y ancho del Río Lebrija, particularmente en el Magdalena Medio Santandereano. Las denuncias que ya están en manos de la Fiscalía revelan que llegan a las fincas, extorsionan a propietarios y trabajadores, tumban cercas, roban semovientes y hasta demarcan territorio ajeno.

Es verdad que la pandemia profundiza la crisis ya existente y los retos del gobierno son bastante altos, pero también es cierto que debe garantizar más presencia en las zonas rurales e incentivar acciones, mediante la creación de programas productivos, a mediano y largo plazo, que amainen la situación de pobreza de muchas personas. Estamos a tiempo de cambiar el rumbo de estos brotes de revueltas sociales.

Diva Criado
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