miércoles, 21 octubre 2020
domingo 13 de septiembre de 2020 - 12:00 AM

A lomo de burro y de camello

Jorge alzó la mano y como tenía sangre charaleña, piel cobriza y oreada por el sol, impetuoso como el valiente prócer, se montó a puro pelo sobre el lomo de un burro y entró a su pueblo.
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Columna de
Felipe Zarruk

Corrían los años 60 en la apacible San Gil y uno de los muchachos que rompía la tranquilidad de un pueblito de calles empedradas era nadie más y nadie menos que Jorge Luis Pinto Afanador, el hijo de dos charaleños, don Luis Eduardo y doña Raquel.

El segundo de ocho hijos, era el tambor mayor de la banda de guerra de los colegios La Presentación y San José de Guanentá, quien jugó fútbol disfrazado, armando porterías con taburetes y pintándose bigotes con carbón para simular que eran señores grandes jugando detrás de un balón.

Algún día se volaron del colegio y se metieron a la plaza de toros que quedaba en el centro, llegó la policía y al realizar una tremenda ‘batida’ se llevó detenidos a todos los muchachos incluyendo a Jorge Luis.

Como su papá era concejal de la Perla del Fonce, consideró dicha situación como una falta grave y me cuenta el hoy técnico de los Emiratos Árabes Unidos que todavía le duelen las nalgas de la ‘juetera’ que le dio su padre.

Jugaba baloncesto, corría maratones y cualquier día los colegios organizaron unas comparsas representando a los héroes de la insurrección comunera Isidro Molina, Manuel Ortiz y Lorenzo Alcantuz, los cuales ya habían sido escogidos por sus compañeros. Faltaba buscar quién podía interpretar a José Antonio Galán. Jorge alzó la mano y como tenía sangre charaleña, piel cobriza y oreada por el sol, impetuoso como el valiente prócer, se montó a puro pelo sobre el lomo de un burro y entró a su pueblo natal, victorioso como cuando clasificó al mundial Brasil 2014 con Costa Rica, ganó títulos con el Cúcuta Deportivo, Alianza Lima o la Liga Deportiva Alajuelense.

Su infancia y adolescencia fueron acompañadas del amor de sus abuelos maternos Antonio y Verónica, del cariño que le regaló el técnico carioca Reynaldo Da Silva quien junto al médico Gabriel Ochoa impulsaron a un bachiller especializado en mecánica industrial, a desobedecer a su padre quien lo quería ver graduado como abogado pero que se termina graduando con honores en sus estudios de fútbol en Brasil y Alemania.

Cabalgó como los llaneros de Bolívar atravesando desnudo y en solitario el páramo de Pisba, peleando sus propias batallas de Boyacá ante los arbitrajes y un fútbol que con su virreinato de corrupción le quitó varios títulos en nuestro país.

Lo traicionaron en su patria boba y se fue al destierro en donde consiguió la gloria. Hace 4 días me llamó desde tierras lejanas, está buscando la estrella de Belén a lomo de camello, para llegar a Catar.

Lloró de nostalgia, la que se funde con los recuerdos a lomo de burro, pasando bajo los retorcidos gallineros, cuando se pintaba las patillas y el bigote y gritaba como José Antonio Galán “¡Lo que fuere menester... sea!”.

Un abrazo querido comunero del fútbol y ya sabe que algún día lo esperamos por aquí, porque algo quedó pendiente desde el 2001, usted sabe bien a qué me refiero.

Chao y hasta la próxima.

FELIPE ANTONIO ZARRUK
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