miércoles, 01 febrero 2023
domingo 04 de diciembre de 2022 - 12:00 AM

¡Me quedo con el gol de Olalla!

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Columna de
Felipe Zarruk

Otoniel Díaz Cardona nació hace 69 años en el municipio antioqueño de Argelia y muy joven partió para Bogotá en donde pasó parte de su infancia y adolescencia estudiando y luego, para ayudar económicamente a su familia, no solo estudiaba contaduría pública en la Universidad Libre, también trabajaba como mensajero y, posteriormente, se convirtió en auxiliar de contabilidad en Inravisión, en cuyos estudios conoció a Julio César Luna, Jorge Barón y al animador más grande que tuvimos los colombianos, Fernando González Pacheco.

Jugaba muy bien al fútbol y se enroló con el glorioso e invicto equipo de Sábados Felices al lado de Alfonso Lizarazo. Luego de 10 años de trabajo, en 1980 se retira de Inravisión y crea su empresa Distribuciones Ocaña. Con ella vendía condimentos, pilas y mil cosas más, los cuales distribuía en los departamentos de Norte de Santander, Cesar y Santander. Por este motivo se vino a vivir a Bucaramanga.

Una vez establecido en la ciudad, se convierte en docente de la Unab y monta una firma de contadores públicos con dos amigos y así llega al Atlético Bucaramanga bajo la presidencia de Reinaldo Rueda Castañeda, para hacer la revisoría fiscal del club.

Es más, en diciembre de 1985, don Otoniel le recibe el club a Reinaldo Rueda para entregárselo a los nuevos dueños, encabezados por el parlamentario Tiberio Villarreal Ramos, Hernando Quijano y Alonso Lizarazo, entre otros.

“Vinieron épocas crueles, durísimas, pero logramos mantener al club limpio y alejado de los problemas. Nunca nos sancionaron, ni estuvimos en listas negras de ninguna clase”.

Gracias al fútbol conoció grandes amigos como Eduardo Villamizar, con el cual compartió muchos momentos bonitos en el Bucaramanga, tales como el ascenso de 1995 y luego el subcampeonato de 1997 junto a Rodrigo Barbosa.

“Con el Atlético se sufría de día y de noche. Vivimos años hermosos. Cuando Rodrigo vendió el equipo llegaron unos mexicanos, ahí me retiré del Bucaramanga. No conocía esa gente y en un momento pensé en regresar cuando estaba el doctor Reynaldo Amaya, pero era hora de darle paso a otras personas para que manejaran el club”.

Se casó con una bella y extraordinaria dama santandereana y tuvo tres hijos, dos mujeres y un varón. Cómo sería su afición por el fútbol que cuando nació el muchacho en la Clínica Santa Teresa frente al estadio, bautizó a su hijo como Pique Otoniel, ya que estaban en pleno mundial de fútbol de México y la mascota de dicho evento se llamaba 'Pique'.

Este apacible, tranquilo y honesto contador público, todavía está vinculado con muchas empresas de la región, tales como Cajasan, y hasta hace algunos días tuvo una estrecha relación con la Cámara de Comercio de Bucaramanga.

Afirma sin pensarlo que el mejor jugador que vio en Colombia fue Willington Ortiz y, en el Atlético Bucaramanga, Miguel Oswaldo González.

“El gol que más me gustó y el que más celebré fue el de Pedro Manuel Olalla en Armenia, me quedo con ese gol”. Sus ojos se llenaron de nostalgia y sueña que algún día el Bucaramanga le vuelva a dar una alegría, no solo a él, sino a toda su hinchada.

Para que eso ocurra tienen que volver a llegar al club señores como don Otoniel Díaz. ¡Así de sencillo!

Un abrazo y hasta la próxima.

Felipe Antonio Zarruk
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