Desde que comenzó la era Uribe hace ya casi veinte años el país ha sido presa del peligrosismo como estrategia electoral.
Me refiero a ese discurso utilizado para conseguir votos con el miedo, en el que se identifica, señala y en ocasiones, se crea artificialmente una amenaza interna o externa como un enemigo “común” responsabilizándolo de todas las desgracias de un país o nación.
Esas amenazas han variado. Primero fueron las farc, luego y desaparecidas estas, fue el castro-chavismo, la amenaza de convertirnos en otra Venezuela, con esa táctica nos hicieron reelegirlos y olvidarnos de la corrupción y la pobreza como problemas esenciales del país.
Nos vendieron la idea de que los principales problemas del país eran la violencia y la inseguridad sin detenerse a mirar sus causas, pero además nos convencieron de que votar por la izquierda democrática era votar por la guerrilla.
Fueron las mismas farc las que con sus erradas acciones terroristas sumadas al discurso peligrosista de la derecha quienes crearon esa aversión de muchos Colombianos hacia todo lo que huela a izquierda o socialismo, buena parte de los cuales desconoce lo que es socialismo y sus diferencias con el comunismo, pues de conocerlas, sabrían que no necesariamente izquierda o socialismo significan guerrilla ni tampoco eliminación de la iniciativa y la propiedad privadas.
Últimamente la derecha colombiana ha acuñado un nuevo slogan: “la democracia está en peligro”. No pienso que la democracia colombiana llegue a estar en peligro por la elección democrática de un gobierno de izquierda, temo sí que eso pueda pasar, pero por la reacción violenta del régimen, de la oligarquía colombiana tradicionalmente violenta y sanguinaria. Los asesinatos de Gaitán, Pardo Leal, Carlos Pizarro y Jaramillo Ossa lo acreditan. Existen profundas diferencias históricas e ideológicas entre las farc; el chavismo y la alternativa de izquierda democrática que hoy se nos presenta, pues Petro, su principal dirigente, proviene de una guerrilla que como el M-19, nunca fue marxista, ni leninista, -como las farc- que tampoco fue comunista, -no propendía por la abolición de la propiedad privada y del estado- tampoco fue una guerrilla rural de bases campesinas –como las farc- sino urbana de bases populares e ilustradas. La guerrilla de la que Petro formó parte fue nacionalista y populista, de origen militar y popular, surgió justamente como reacción armada al robo de las elecciones de Pastrana al General Rojas Pinilla, es decir, para defender la institucionalidad y no para derrocarla.
Lo dijo Álvaro Gómez Hurtado: “el M-19 es una guerrilla conservadora”. Entonces ¿Cómo puede ser Petro un comunista?