Sábado 18 de Julio de 2015 - 12:01 AM

Cavilaciones

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Columnista: Jaime Luis Gutierrez

Carmenza Salamanca Godoy.

¡Cuando un amigo se va, algo se muere en el alma! Pero cuando se trata de una persona tan valiosa y especial, que siempre demostró ser una amiga incondicional y generosa en todas sus actuaciones y cuyo diálogo enriquecía el alma y fortificaba el corazón, como lo fue Carmenza en sumo grado, sentimos además una profunda orfandad difícil de superar. Nuestras familias han sido muy cercanas desde hace dos generaciones y eso ha hecho que todos nos hayamos considerado como una única y grande familia.

Su señor padre fue un verdadero apóstol de la Medicina y también un Maestro, un Santo y un Ejemplo para todos, por su sabiduría profesional, por su dedicación a sus pacientes como un verdadero apostolado, por su vida ejemplar en todos los aspectos personales y familiares y muy especialmente porque sus palabras siempre fueron de consuelo generoso y de sabia orientación.

Carmencita fue para mí más que una amiga, una verdadera hermana del alma. Durante sus estudios universitarios tuve el honor de ser su profesor y ella se destacó por su preclara inteligencia y por el trato cálido y afectuoso para con todos sus compañeros y profesores.

Católica convencida y confesa, su recto comportamiento significó siempre el claro modelo de lo que debe ser un verdadero cristiano, un hijo bendecido de la Madre María y muy especialmente un discípulo fiel a los dictados y a las orientaciones del Maestro Jesús de Galilea.

Amó entrañablemente a la UIS, a la cual sirvió siempre generosa y eficientemente durante 31 años, y los que nos beneficiamos de su colaboración inteligente y dedicada tendremos por ella un agradecimiento eterno.

Para Ligia, su señora madre, sus hermanos Julio, Germán, Martha, Juan Sergio, Ligia Esther y Ana Teresa, y para sus sobrinos y cuñados, la confirmación de mi amistad y aprecio eternos.

¡Carmencita, ahora que estás a la diestra de Dios Padre, acuérdate de abogar por este amigo y compañero de lucha, para que pueda algún día volver a disfrutar de tu compañía en el cielo!

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Autor: Jaime Luis Gutierrez
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