miércoles, 18 mayo 2022
miércoles 22 de diciembre de 2021 - 12:00 AM

Añoranzas del pasado

Casi cuatro siglos han pasado desde la fundación de nuestra Bucaramanga y habría mucho para hablar sobre su historia, construida ella por personas que amaron su tierra y quisieron hacer del pueblo su hogar, y de sus pobladores una sola familia, con el fin de convivir en paz y progresar, con sentido humano, colaborativo y dinámico.

Quienes hemos vivido su transformación en el último centenario, hemos visto su crecimiento y prosperidad material, lo cual nos alegra, pero percibimos el cambio de sus gentes en las buenas costumbres, la pérdida del sentido de pertenencia y la falta de espíritu cívico, que hicieron de ella en el pasado, un paraíso para crecer, vivir y disfrutar sanamente. En la medida en que nos convertimos ciudad, perdimos poco a poco la hermandad, el ambiente provinciano y la unión de propósitos, volviéndonos indiferentes, individualistas y mezquinos, dejando en manos de los gobernantes de turno el futuro de este terruño que nos vio nacer a unos y adoptó a otros, dándonos todo de sí para proporcionarnos calidad de vida.

La modernidad, el desarrollo tecnológico y el crecimiento material deben ser entendidos como medios para mejorar el bienestar y no un fin que justifique el cambio de la cultura como seres humanos, haciéndonos personalistas en la convivencia e insensible ante la existencia ajena. En últimas, lo que nos llevaremos al final de nuestras vidas, serán las vivencias y satisfacciones logradas y dentro de estas últimas, el apoyo a los demás para su
crecimiento.

De generación en generación, solemos trasmitir con el actuar los valores humanos y los principios sociales, así como las actitudes buenas o malas que poseamos, las cuales quedarán grabadas en los sucesores como hábitos que perdurarán en el futuro.

Démonos a la tarea de despertar en los bumangueses la recuperación de aquellos aspectos culturales y sociales que perdimos y especialmente aquellos relacionados con la convivencia armónica, amable, respetuosa y solidaria con que contábamos en el pasado, quitándonos esas creencias de algunos que nos estigmatizan como un estereotipo de gente agresiva, recia y tajante.

Volvamos a ser la ciudad más cordial de Colombia, tal como fuimos en el pasado, pero no como eslogan publicitario, sino como un hecho real, propio de nuestro carácter bumangués. Comencemos con la cordialidad entre nosotros, tratándonos como hermanos que compartimos un espacio de vida y nos apoyamos tratando de mejorar su calidad. Esta actitud es la mejor enseñanza y herencia que podemos dejarles a nuestros sucesores.

Casi cuatro siglos han pasado desde la fundación de nuestra Bucaramanga y habría mucho para hablar sobre su historia, construida ella por personas que amaron su tierra y quisieron hacer del pueblo su hogar, y de sus pobladores una sola familia, con el fin de convivir en paz y progresar, con sentido humano, colaborativo y dinámico.

Quienes hemos vivido su transformación en el último centenario, hemos visto su crecimiento y prosperidad material, lo cual nos alegra, pero percibimos el cambio de sus gentes en las buenas costumbres, la pérdida del sentido de pertenencia y la falta de espíritu cívico, que hicieron de ella en el pasado, un paraíso para crecer, vivir y disfrutar sanamente. En la medida en que nos convertimos ciudad, perdimos poco a poco la hermandad, el ambiente provinciano y la unión de propósitos, volviéndonos indiferentes, individualistas y mezquinos, dejando en manos de los gobernantes de turno el futuro de este terruño que nos vio nacer a unos y adoptó a otros, dándonos todo de sí para proporcionarnos calidad de vida.

La modernidad, el desarrollo tecnológico y el crecimiento material deben ser entendidos como medios para mejorar el bienestar y no un fin que justifique el cambio de la cultura como seres humanos, haciéndonos personalistas en la convivencia e insensible ante la existencia ajena. En últimas, lo que nos llevaremos al final de nuestras vidas, serán las vivencias y satisfacciones logradas y dentro de estas últimas, el apoyo a los demás para su
crecimiento.

De generación en generación, solemos trasmitir con el actuar los valores humanos y los principios sociales, así como las actitudes buenas o malas que poseamos, las cuales quedarán grabadas en los sucesores como hábitos que perdurarán en el futuro.

Démonos a la tarea de despertar en los bumangueses la recuperación de aquellos aspectos culturales y sociales que perdimos y especialmente aquellos relacionados con la convivencia armónica, amable, respetuosa y solidaria con que contábamos en el pasado, quitándonos esas creencias de algunos que nos estigmatizan como un estereotipo de gente agresiva, recia y tajante.

Volvamos a ser la ciudad más cordial de Colombia, tal como fuimos en el pasado, pero no como eslogan publicitario, sino como un hecho real, propio de nuestro carácter bumangués. Comencemos con la cordialidad entre nosotros, tratándonos como hermanos que compartimos un espacio de vida y nos apoyamos tratando de mejorar su calidad. Esta actitud es la mejor enseñanza y herencia que podemos dejarles a nuestros sucesores.

jorge gómez duarte
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