sábado, 04 julio 2020
miércoles 03 de junio de 2020 - 12:00 AM

Me uno a la protesta

La actividad es esencial para mantenerse vital y es lo que recomiendan los geriatras para darle calidad y cantidad a los años.
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Dentro de las decisiones para contrarrestar la pandemia, el gobierno quiso dar un trato especial a los adultos mayores, previendo las consecuencias funestas que puede traer en estos un contagio por coronavirus. Para ello decidió enclaustrarnos por un mayor tiempo y con restricción total a la población mayor de 70 años, obligándonos a permanecer encerrados en casa y no asomarse ni a la puerta.

Comprendo la preocupación del gobierno y de todos aquellos que quisieran que no nos muriéramos y que ojala fuéramos eternos. Entiendo los mayores riesgos que tenemos al enfermar, no solo por coronavirus, también por cualquier otra patología adicional al lógico deterioro de nuestro organismo a través del tiempo.

Esa es la inevitable realidad de la vida, nacimos para morir algún día. Mientras tanto, tenemos derecho a vivirla y disfrutar de ella en forma responsable, para agregarle años a la vida y vida a los años.

Lo importante no es solo existir, también es poder gozar esa existencia, soñar y convertir esos sueños en realidad, compartir, aportar, convivir con la naturaleza, tratar de que nuestro cuerpo no se oxide y nuestra mente no se anquilose, porque ello es morir en vida.

Mi experiencia como médico me permitió conocer muchos pacientes octogenarios que requerían procedimientos quirúrgicos, los cuales rechazaban por estar cansados y no tener motivaciones para vivir. Entonces entendí temprano que las ilusiones son indispensables para darle sentido a la existencia.

Igualmente, en mi trasegar por la vida he aprendido que aquellas personas que se jubilan, encerrándose en su casa, comienzan a deteriorarse, envejecer, enfermar y morir pronto. La actividad es esencial para mantenerse vital y es lo que recomiendan los geriatras para darle calidad y cantidad a los años.

Cada quien es dueño de su propia vida y debe hacerse responsable de ella. No somos niños sin uso de razón, por el contrario, tenemos mucha experiencia acumulada para discernir qué debemos hacer, de qué debemos abstenernos y cómo asumir las consecuencias cuando aceptamos los riesgos.

La vejez no podemos medirla en términos de edad, ella es un estado natural al cual llegamos producto del deterioro físico y mental y este no ocurre matemáticamente de acuerdo a los años. La genética y el trato dado a nuestras vidas son los principales factores que determinan el envejecimiento.

Termino parodiando la respuesta de Don Quijote cuando lo llamaron viejo: “¿Viejo yo?, si yo todavía sueño y los que soñamos aún somos jóvenes”.

jorge gómez duarte
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