Lunes 17 de Noviembre de 2014 - 12:01 AM

Opinión: A subir la vara

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Columnista: Laura Cuesta

Hace unos días la capital santandereana volvió a posicionarse en los primeros lugares de uno de esos rankings de ciudades colombianas. En esta oportunidad, Bucaramanga ocupó el tercer lugar en el índice de prosperidad urbana elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos, ONU-Habitat. Este índice mide aspectos como la productividad, infraestructura, calidad de vida, equidad e inclusión y sostenibilidad ambiental. De acuerdo a las circunstancias observadas en el momento de la medición, cada ciudad obtiene un puntaje que puede estar en el rango de 0 a 100 puntos.

Bogotá ocupó el primer lugar con 60,13 puntos, Medellín se llevó el segundo puesto con 58,13 y Bucaramanga alcanzó el tercer lugar con un resultado de 57,75. Como en otras oportunidades, la noticia se ha presentado con gran entusiasmo. Y sí, alcanzar una buena posición en ese tipo de rankings siempre será motivo de orgullo para los santandereanos.

Pero como lo he dicho en otras oportunidades, no podemos quedarnos en la celebración del resultado. En el caso particular del índice de prosperidad urbana, debería preocuparnos que apenas logramos superar la mitad del rango, que en la dimensión de sostenibilidad ambiental apenas alcanzamos 47,9 puntos, y que, en general, los resultados de infraestructura (57,3) y calidad de vida (57,2) solo sugieren que lo que hay es mucho por mejorar. También valdría la pena preguntarse si la comparación con Bogotá nos genera retos significativos. En lo puramente técnico, la diferencia entre la capital del país y Bucaramanga apenas fue de 2,3 puntos, y si nos detenemos a comparar a las dos ciudades en aspectos como la infraestructura y la movilidad, se puede concluir que para generar cambios importantes en la prosperidad de la capital santandereana tendremos que subir la vara con la que nos estamos midiendo. También nos serviría dejar de lado el afán publicitario y mirarnos desde adentro como lo que verdaderamente somos: una ciudad con una economía muy sólida que, lastimosamente, cada día se siente menos bonita.

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Autor: Laura Cuesta
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