lunes, 30 enero 2023
martes 29 de noviembre de 2022 - 12:00 AM

Cuando llueve porque llueve

Como nuestra cultura no es la de la previsión sino la de “el golpe avisa”, resulta difícil hablar de reservorios de agua en inviernos para los veranos inclementes; ya no tiene sentido el viejo principio ecológico que predicaba lo de “agua que no has de beber, déjala correr”, poco acatado, como que desobedeciéndolo se contaminaron ríos, lagos y cañadas. Y valga la oportunidad para precisar el concepto de cultura, tan propio de las Ciencias Sociales pero tan mal empleado confundiéndolo con asuntos relacionados con el arte –tenemos un Ministerio de Cultura- o referido a cualidades: una persona erudita es alguien que tiene cultura, un pueblo “culto” lo es en la medida en que sus habitantes se comporten según los patrones socialmente aceptados, que no son otros que los de los sectores altos de la sociedad, de la misma manera que se evalúa la “urbanidad”, así inicialmente fuese concepto para diferenciar lo urbano moderno de lo tosco rural.

Pero mi afán no era contribuir a la confusión general, sino precisar que cuando aquí se habla de cultura, me refiero al concepto empleado por la Ciencias Sociales, a las cosmovisiones, al entorno tecnológico y a las normas para el comportamiento, formales (leyes) o informales, expresadas en usos, costumbres o hábitos. Desde este punto de vista todos los pueblos tienen cultura por primitivos que sean y todos somos “cultos”; el conjunto de estos tres elementos forman –o formaban? -el “ethos” de un pueblo; sin embargo, la globalización ha convertido en tendencia el predominio de una cultura universal, si bien todavía se observan rasgos locales como lo pueden estar observando los viajeros en Qatar.

Cambiar la cultura en asuntos tan elementales como la hacer reservorios de aguas para el verano, en lugar de dejarlas correr, es tarea larga y lenta; no es cosa de decretos milagrosos sino de persistencia con instrumentos educativos; el cambio del modelo económico como lo propone Eduardo Sarmiento (El Espectador 19-11 pg. 31), implica cambio estructural de la cultura, para que podamos hablar no solo de una época de cambio sino también de un cambio de época, reemplazando el círculo vicioso del lamento sin respuesta cuando llueve porque llueve y cuando no porque no llueve. Reconstruir un país con prisa y sin pausa como se viene haciendo, en cuatro años cuando llevamos doscientos chamboneando, es tarea de titanes.

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