miércoles, 28 octubre 2020
miércoles 19 de agosto de 2020 - 12:00 AM

Algo más sobre El Páramo de Santurbán

Las limitaciones de normas que les impide hasta sembrar su cebolla y ahora con cero oportunidades y con el COVID 19 encima, terminarán desterrándolos.
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Más que hermoso, para contemplarlo en días despejados lo apreciábamos desde el avión cuando viajamos a Cúcuta, al cruzar los altos cerros las lagunas se incrustan en su seno entre el frailejón. Es parte del paisaje del complejo Páramo de Santurbán, el que debe corresponder a un poco más de 142 mil hectáreas, de las cuales el 72% pertenece al departamento de Norte de Santander y el 28% a nuestro departamento, constituyendo una inmensa reserva del ecosistema del Gran Santander. Sus aguas bañan las llanuras del Zulia hasta llegar al lago de Maracaibo

21 municipios de (N. de S.) forman parte de él y 11 de (S.) Pero son 48 municipios los que se surten del agua del páramo, 33 del primero y 15 del segundo, lo cual puede corresponder a un poco más de 2 millones de habitantes.

El páramo está habitado desde épocas inmemoriales; y desde hace cerca de 400 años las riquezas de su suelo han generado el acoso a ellos: Desde marras a nuestros aborígenes los conquistadores los fueros desplazando en busca del oro que lucían. Ya asentada una población que se mezcló con las razas existentes, algunos se dedicaron a labores agrícolas y pecuarias, otros, en Vetas y California, explotaron artesanalmente el oro.

La presencia de extranjeros, especialmente los canadienses, empezaron la explotación Industrial de la minería; creando los primeros conflictos adquiriendo los títulos mineros de los raizales. Afectaron la región en el ambiente, como a la población raizal, la que desde entonces se sienten desplazados de lo que fue su sustento ancestral. Las limitaciones de normas que les impide hasta sembrar su cebolla y ahora con cero oportunidades y con el COVID 19 encima, terminarán desterrándolos.

Están en el ojo del huracán, con un futuro incierto y el Estado ni suena ni truena, primero en oírlos de verdad. La presión de Minesa estigmatiza la minería ancestral y a las comunidades existentes, las que forman igualmente del problema, se sienten abandonados y empobrecidos. Mientras los empresarios luchan por sus intereses donde por las falencias de algunos encontrarán la puerta para cobrar jugosas indemnizaciones.

Luis Ernesto Ruiz
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