martes, 03 agosto 2021
jueves 22 de julio de 2021 - 12:00 AM

De quinta

La creación de otros partidos o movimientos políticos es vital para cualquier país; las ideas e ideologías cambian y de ahí la evolución de la democracia. Pero paralizar al país entero durante casi tres meses con el fin de promover este tipo de iniciativas es, cuando menos, reprochable en términos de ética ciudadana.
Escuchar este artículo

Hace un par de días el país conoció que el movimiento ciudadano que se autodenominó “primera línea” tomaba la decisión de convertirse en un partido político. Para tal efecto, hicieron saber a través de redes sociales que advertían la necesidad de jugar un papel determinante en la sociedad y que nacían como un grupo de contención en contra de lo que denominaron la “represión violenta de la protesta social”.

Del dicho al hecho hay bastante trecho, como reza el viejo adagio popular. Todos los ciudadanos tenemos derecho a participar de manera activa en política, y a elegir y ser elegidos. Para tal fin, y en el marco de la democracia participativa, debemos postularnos a través de movimientos o partidos; esto es garantía de que nuestras ideas reflejan las de un gran número de personas y no sólo las particulares de cada quien. La creación de un partido político, primero, está supeditada a la recolección de un número importante de firmas que garanticen que otros ciudadanos apoyan la iniciativa. Igualmente, debe haber verificaciones y aprobaciones de diversas autoridades. Como se ve, esto va más allá de un escueto anuncio.

La creación de otros partidos o movimientos políticos es vital para cualquier país; las ideas e ideologías cambian y de ahí la evolución de la democracia. Pero paralizar al país entero durante casi tres meses con el fin de promover este tipo de iniciativas es, cuando menos, reprochable en términos de ética ciudadana. Y es evidente que ese era su propósito desde un primer momento. No solo se presentaron propuestas absolutamente absurdas, que ameritaban cambios en la estructura constitucional y que requieren de meses de debate, sino que también se esquivaron todas las posibilidades de acuerdos con los distintos representantes del gobierno.

Precisamente este tipo de actitudes egoístas y mezquinas generan propuestas absolutamente inaceptables en un Estado de Derecho, como lo es el de la regulación de la protesta, y que nace como resultado del agotamiento de la ciudadanía frente a la aparición del vandalismo. Nadie quiere ver afectada su tranquilidad a costa de agresiones inexcusables. Por todo esto, paralizar al país entero a costa de intenciones políticas particulares, es darle a la primera línea un nacimiento de quinta categoría.

RODRIGO J. PARADA
Suscríbete
Elija a Vanguardia como su fuente de información preferida en Google Noticias aquí.

Etiquetas

Publicado por
Lea también