Viernes 12 de Enero de 2018 - 12:01 AM

Un error histórico

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Columnista: Santiago Gomez

Desde 2002 soy profesor: más de 15 años, más de 2.000 alumnos directos y más de 35 materias diferentes dictadas. Sin duda, la experiencia más desconcertante que he sufrido como docente ocurrió hace tan solo unos años cuando dos estudiantes de sexto semestre se quejaron ante mis superiores porque en una prueba final les había hecho preguntas de hechos sucedidos antes de que hubieran nacido, lo que ellos consideraron absolutamente absurdo, inútil e injusto. “Eso se llama historia y es importante conocerla”, fue lo único que tuve que decir para ser absuelto en un caso que no tenía ni pies ni cabeza, pero que por los recovecos procedimentales y los vacíos reglamentarios de la universidad en la que trabajaba entonces, debía realizarse.

Con lo ridículo que pueda parecer este caso, no es aislado. Durante 23 años, en los colegios de este país no se enseñó historia como asignatura. Es decir, hoy se podría afirmar que ningún colombiano menor de 29 años tuvo profesor de historia antes de undécimo grado. Por ello, la Ley 1874 del 27 de diciembre del año pasado, mediante la cual se reestablece su enseñanza obligatoria como disciplina integrada en los lineamientos curriculares, cambia paradigmáticamente y para bien el panorama –particularmente- de las humanidades y las ciencias sociales en este país convulsionado y contradictorio, que parece condenado, justamente, a repetir por siempre los errores cometidos en su pasado violento.

Pero el argumento para defender el regreso de la historia a las aulas no es únicamente el tradicional de “hay que conocerla para no repetirla”. Primero, la cultura se transmite soportada en un conocimiento de las tradiciones y sus orígenes, lo que exige un conocimiento profundo de la historia. Segundo, las identidades colectivas se configuran solo a partir de la sensación de historias compartidas, por tanto es imposible sentir lo colombiano sin conocer lo que en el pasado nos fue común a todos. Tercero, la historia madura el pensamiento cronológico, enseña las secuencias, las causalidades y los efectos de lo social. El error de los últimos 23 años fue costoso, pero más vale corregir ya y no luego.

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Autor: Santiago Gomez
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