miércoles, 03 junio 2020
viernes 22 de mayo de 2020 - 12:00 AM

Colombia al natural

ya no piden la cédula para verificar el cumplimiento de la restricción de circulación y la gente tiene pereza de usar tapabocas porque son muy incómodos...
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Columna de
Santiago Gómez

El 21 de marzo, la fecha en que se dio inicio al simulacro de confinamiento en Bogotá, se reportaron oficialmente 38 contagios nuevos por COVID-19 en el país. Los colombianos temerosos nos lavábamos las manos obsesivamente, agotábamos por esos días los rollos de papel higiénico en los supermercados, temíamos un desabastecimiento de productos básicos, usábamos el gel antibacterial de manera compulsiva y nos encerrábamos juiciosamente en casa a seguir con incertidumbre la evolución de los contagios. Sentíamos temor, angustia, ansiedad y le teníamos respeto al virus, entendiendo su potencial poder de acabar con muchas vidas.

El 20 de mayo, dos meses después, aún en confinamiento y cuarentena, en Colombia se habían detectado 17.687 contagios, más de cuatro millones ochocientos mil en el mundo. Pasamos de tener 38 casos diarios a más de 700, y como sucede siempre en este país desmemoriado e indolente, naturalizamos las cifras que ya dejaron de causarnos temor y normalizamos los números, que dejaron de reconocer las lágrimas y el dolor que ha causado la pandemia a tantos colombianos en tan solo once semanas.

Hoy se ven por redes sociales reuniones para celebrar cumpleaños, con soplada de torta incluida, me dicen que en los supermercados ya no piden la cédula para verificar el cumplimiento de la restricción de circulación, el tráfico se equipara al percibido a principios de marzo y la gente tiene pereza de usar tapabocas porque son muy incómodos.

Así somos. Angustiados, solidarios y sensatos cuando el Ministerio reportaba 30 casos diarios, e individualistas, desconsiderados y arriesgados cuando el número de contagios diarios se multiplicó por más de 23. Naturalizamos las muertes por Covid y el sufrimiento de los contagiados y sus familias como en su momento naturalizamos las fosas comunes y los asesinatos de líderes sociales.

Es cierto, la economía debe despegar. Es cierto, hay que ir desescalando el encierro. Pero no así, no olvidando que de las medidas preventivas que sigamos adoptando responsablemente dependerá el balance de salud pública que entreguemos durante los próximos meses. Aquí solo importan las lágrimas propias, las ajenas son irrelevantes.

Santiago Gómez
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