miércoles, 08 diciembre 2021
viernes 22 de octubre de 2021 - 12:00 AM

El decálogo olvidado

El periodismo bien hecho aporta a la sociedad impulsando cambios positivos y evidentes, sin irrespetar a las personas.
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Columna de
Santiago Gómez

Este mes se cumplieron dos años de la muerte del periodista Javier Darío Restrepo, el principal referente en el país y quizás en América Latina, en temas del ejercicio ético del que García Márquez denominó el mejor oficio del mundo.

En momentos en que el ejercicio periodístico es tan fuertemente cuestionado, es importante reconocer que las invaluables lecciones que nos dejó Restrepo deben transmitirse, recordarse y aplicarse siempre, ejerciendo la profesión o siendo ciudadano del común. De ahí lo poderoso de su legado, pretendido para periodistas, pero extensible a la ciudadanía receptora que lo critica mientras desde la comodidad del control remoto y los dispositivos móviles lo cuestiona.

Si atendemos al decálogo ético del periodista que nos dejó Restrepo, entendemos que la crisis del periodismo es consecuencia de la crisis de la sociedad sobre la que se soporta. Así como la crisis de lo político es resultado de una ciudadanía que no reflexiona críticamente ni actúa consecuentemente con sus válidos reclamos.

Un periodista debe ser, ante todo, una buena persona. Un buen periodista se siente orgulloso de serlo, tiene sentido de misión en su ejercicio profesional, es un apasionado por la verdad, es autocrítico, entiende la importancia de elaborar conocimiento y compartirlo. Un buen periodista hace periodismo con un objetivo en mente, tiene sentido de la otredad y entiende a los demás, en ese sentido es empático. Un buen periodista es independiente y mantiene intacta su capacidad de asombro.

El periodismo bien hecho aporta a la sociedad impulsando cambios positivos y evidentes, sin irrespetar a las personas. El periodismo bien hecho, afirmaba Restrepo, no lo hacen ni los pasivos ni los resignados, no se hace por poder, pero sí por servicio. El buen periodismo descubre y promueve el bien común, siempre. Pero también quienes ejercen la profesión deben tener un nivel de compromiso ético mayor al de los demás ciudadanos, un compromiso innegociable e incorruptible.

El buen periodismo debe, en última instancia, incentivar la inteligencia de sus consumidores, no solo su curiosidad o su necesidad de entretenimiento. Por eso el periodismo debe dar voz, pero también encontrar los oídos adecuados.

Santiago Gómez
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