martes, 20 octubre 2020
viernes 18 de septiembre de 2020 - 12:00 AM

Reconocimiento y dignidad

lo que ha unido a quienes se han manifestado popularmente en contra de las arbitrariedades del poder ha sido el resentimiento por haber sido humillados e ignorados sistemáticamente.
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Columna de
Santiago Gómez

Las marchas no deberían terminar en actos de vandalismo, pero los arrestos tampoco deberían terminar en asesinatos de civiles.

El resentimiento por las humillaciones, dice Fukuyama en su “Identidad”, ha sido una fuerza poderosa en democracia para movilizar protestas por parte de quienes han sido vulnerados en su mínimo reconocimiento de humanidad. Ese es el sustento de la dignidad, ser reconocidos como portadores de derechos, independiente de su condición. Y así lo estableció Hegel: la lucha por el reconocimiento es el principal motor de la historia de la humanidad.

Los agravios se profundizan cuando están ambientados por sentimientos de humillación y falta de respeto. La indignación crece cuando esas características permean el discurso del poderoso, cuando se aprovechan de ello para irrespetar a quienes no lo son. Hoy se impone en Colombia una política de la identidad impulsada por la búsqueda de igual reconocimiento por parte de grupos que han sido marginados y menospreciados por los gobernantes: las madres de Soacha, las víctimas del conflicto armado, las minorías raciales, los jóvenes. La creencia de que cada uno de nosotros tiene un ser interior que merece respeto -por el simple hecho de ser humanos- es pisoteada cuando vemos al Presidente uniformado como quienes asesinaron a golpes a un ciudadano en un CAI la semana pasada o con cuatro balas “perdidas” en la cabeza a alguien que se manifestó en contra de ello.

Lo que se está vulnerando en este país que viaja por la historia en reversa, es ese concepto evolutivo de dignidad, en el que el reconocimiento debe asegurarse a todos por igual. Y lo político, en el sentido amplio de la palabra, es la búsqueda legítima del reconocimiento de esa personalidad social igualitaria. Así ha sido desde la Revolución Francesa: lo que ha unido a quienes se han manifestado popularmente en contra de las arbitrariedades del poder ha sido el resentimiento por haber sido humillados e ignorados sistemáticamente. El reconocimiento es una condición esencial para la existencia de democracias reales. Ese concepto se le embolató a este gobierno y a su partido desde hace mucho tiempo.

Santiago Gómez
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