Domingo 17 de Junio de 2018 - 12:01 AM

El día de mi suerte

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Columnista: Sergio Rangel

Hace tanto tiempo que escribo en Vanguardia, y me parece que yo soy el último que queda para referir historias. No sé si ya lo conté alguna vez. Esto fue así.

En Aracataca con residuos de palma africana elaboraba abono orgánico. Al sol de la mañana un día, cuando el tren con sus vagones repletos de carbón pasó raudo y cesó el rechinar de los rieles, una mujer color canela, delgada y agraciada a quien el viento amenazaba con mostrar sus interiores que yo imaginé de color rojo, cantaba por la calle con una agradable voz los versos de una canción de Hector Lavoe, ‘El día de mi suerte’... “Pronto llegará, el día de mi suerte / se que antes de mi muerte / seguro que mi vida cambiará”. Vendía lotería.

Nunca conocí a una mujer que vendiera lotería. “Pronto llegará, el día de mi suerte”, repetía los versos de la canción y en una de sus manos mostraba los billetes.

Tal vez en el mundo de los machos no se cree que una mujer pueda vender suerte, ya que es todo un infinito mundo de azares donde casi siempre nos toca la que no es.

No llegaba todavía a donde yo estaba, y algo me inquietaba en ella.

-Jefe cómprele la lotería-, me dijo a mis espaldas, Lalo Alcocer. Trabajaba llenando sacos, y según él mismo en todo lo que emprendía, quedaba mal parado.

La dejé pasar y me concentré en sus nalgas. -Ahí, en eso Jefe, dicen que tiene un número tatuado, nadie sabe cuál es, el que se lo tatuó ya murió-, Lalo Alcocer, me retaba. -Ella misma se ha ganado varías loterías, billetes que no venden, tiene una casota Jefe, como esas nalgas-, agregó. -Si todos fueran ricos, sería un fastidio-, no se por qué lo diría.

Hoy, día de elecciones, vamos a jugar una lotería.

¿Habrá una enseñanza moral? Uno de ellos “es experimentado en quebrantos”, un gato adormilado, que aún así está al asecho, y lanza maullidos lastimeros.

Unas semanas antes rugía cual tigre amenazante.

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Autor: Sergio Rangel
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