sábado, 25 junio 2022
jueves 23 de junio de 2022 - 12:00 AM

Con la JEP debemos avanzar en el penoso camino del perdón y la reconciliación

En Santander sufrimos por miles esas dolorosas heridas que no se han cerrado en el alma de miles de víctimas que aún buscan el rastro de sus seres queridos sacrificados en medio de esa degradación en las filas de las Farc

Con profundo dolor e indignación ha recibido el país entero el contenido de las audiencias que en estos días ha realizado la Jurisdicción Especial para la Paz, JEP, con la que fue la última cúpula de las Farc, alrededor del tema del secuestro, un delito de lesa humanidad, abominable, por supuesto, y del que esa guerrilla hizo uso despiadado como forma de financiación, de manipulación de la opinión pública y de amedrentamiento a un pueblo que decían representar, pero que, con ignominias como estas, solo lograron mancillar en lugar de reivindicar.

Sentados en el banquillo de la JEP, los miembros del último secretariado, el que tuvo, sí, la voluntad de paz de negociar hasta el final los Acuerdos que les propuso el gobierno del presidente Juan Manuel Santos, pero que ordenaron o permitieron el secuestro en sus filas, tuvieron que verse frente a frente con miembros de la Policía y el Ejército nacional que, también con espíritu generoso, pero con carácter vertical e incluso vehemente, reclamaron a este grupo de excombatientes, por el trato en extremo cruel que se le dio a quienes durante su secuestro sufrieron total indefensión e indignidad, atados por años con cadenas a los árboles, ante la indolencia, e incluso la tortura de muchos miembros de esa guerrilla.

Los conmovedores relatos de los militares y policías, hoy retirados, sacudieron a una Nación que con un esfuerzo máximo, intenta, de una parte, conocer toda la verdad sobre tanto dolor y muerte, mientras, de otra parte, intenta comprender, asimilar y, algunos, perdonar tantos años de una violencia tan delirante y despiadada que no solo golpeó a los municipios y veredas donde se daban los combates, sino al país entero que sintió como propios muchos de los golpes que las Farc daban a colombianos inocentes, simplemente porque los usaron como mercancía y fuente de financiación.

En Santander sufrimos por miles esas dolorosas heridas que no se han cerrado en el alma de miles de víctimas que aún buscan el rastro de sus seres queridos sacrificados en medio de esa degradación en las filas de las Farc, que dejaron en la historia nacional un siniestrotestimonio de sangre y crueldad. Es lo trascendental que tiene estas audiencias de la JEP, que buscan, luego de largos procesos, que la verdad aflore, que los antiguos enemigos o víctimas se encuentren cara a cara, y que todos en el país avancemos en el largo y complejo tránsito hacia el perdón y la reconciliación.

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