jueves, 04 marzo 2021
martes 23 de febrero de 2021 - 12:00 AM

Gran responsabilidad tiene el nuevo Consejo de Paz, Reconciliación y Convivencia

Encargarse de reducir hasta eliminar los factores que hacen tan agresiva la convivencia entre los santandereanos, sería, sin lugar a dudas, una tarea crucial y un verdadero acercamiento a la largamente esperada paz entre los colombianos.
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En su artículo primero, la Ley 434 de 1998 establece: “La política de paz es una política de Estado, permanente y participativa. En su estructuración deben colaborar en forma coordinada y armónica todos los órganos del Estado y las formas de organización, acción y expresión de la sociedad civil, de tal manera que trascienda los períodos gubernamentales y exprese la complejidad nacional”. Esta ley, entre otras ambiciosas metas, tenía la de crear los Consejos Departamentales y Municipales de Paz.

Pero, a diferencia de la aspiración de la Ley 434, en Bucaramanga lo que trascendió los períodos gubernamentales no fue la política estatal de paz, sino la abulia de los alcaldes que no impulsaron ningún Consejo Municipal de Paz y perdieron la oportunidad de fomentar en la ciudad formas de entender, tratar y promover acciones de paz, reconciliación y convivencia, que tanta falta nos hacen desde hace muchos años, como sociedad y como cultura.

En efecto, el espíritu de la ley comentada se orientaba no solo al gran problema de la guerra, sino también a definir “medidas integrales de carácter socioeconómico, cultural y político que combatan eficazmente las causas de la violencia”; el país entendía entonces que, como en otro aparte lo consigna la Ley 434, “la paz exige la participación democrática de los ciudadanos, el compromiso solidario de la sociedad y la concertación de las políticas y estrategias para su consecución”, pero, como lo dijimos, pasaron 23 años hasta que finalmente, en la actual administración, se creó un Consejo Municipal de Paz, Reconciliación y Convivencia.

Con 18 integrantes, el nuevo Consejo Municipal deberá hacer recomendaciones para consolidar en la ciudad unas sostenibles condiciones de paz, pero también de convivencia, que ha sido, precisamente, el factor primordial en la generación de hechos violentos de toda índole.

En Bucaramanga y Santander, la paz está atravesada por el meridiano de la convivencia, porque la irreflexión, el machismo, la intolerancia, entre varios otros factores, son los que producen en alta proporción los casos de agresiones fatales entre los ciudadanos o al interior de las familias y demás espacios sociales. Encargarse, entonces, con la seriedad, la profundidad y la constancia necesarias, de reducir hasta eliminar los factores que hacen tan agresiva la convivencia entre los santandereanos, en este caso entre los bumangueses, sería, sin lugar a dudas, una tarea crucial y un verdadero acercamiento a la largamente esperada paz entre los colombianos.

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