miércoles, 01 febrero 2023
lunes 28 de noviembre de 2022 - 12:00 AM

Hay que reconstruir la armonía entre los servidores públicos y la ciudadanía

Funcionarios más capaces, profesionales y amables, y personas más generosas, comprensivas y cordiales, es lo mínimo que se necesita para reconstruir la armonía entre el Estado y la ciudadanía.

La doble agresión física de que fue objeto un viajero, en el aeropuerto El Dorado, de Bogotá, por parte de un funcionario de Migración Colombia, levantó de inmediato la justificada indignación de todo el país que reprobó de plano la acción evidentemente abusiva del agresor, independientemente de que hubiera habido o no, en cualquier proporción, algún tipo de provocación de parte del ciudadano que recibió una bofetada y una patada de quien, investido como autoridad oficial en representación de Estado, debía no solo garantizar sus derechos, sino prestarle amablemente un servicio.

Acciones como esta y tantas otras en las que vemos a los servidores públicos atentando contra la integridad o la dignidad de los ciudadanos, no solo se han vuelto frecuentes, sino que han subido el nivel de irrespeto hacia las personas que requieren o reclaman la prestación oportuna y eficiente de los servicios que corresponden a las entidades oficiales, lo que, por supuesto, ha hecho que, como obvia reacción general, se vaya perdiendo también el respeto hacia los funcionarios y se presenten, también cada vez con mayor frecuencia, agresiones verbales o físicas contra ellos.

Ese es el marco general que tenemos hoy en la relación entre los ciudadanos y las personas que representan al Estado, en cualquiera de sus posiciones; la desconfianza, el prejuicio, la beligerancia y la animadversión son las ideas y sentimientos que dominan a las dos partes y conforman una relación cada vez más tensa y violenta, como lo hemos visto entre nosotros, por ejemplo, en las frecuentes amenazas y agresiones directas de conductores, generalmente de motocicletas, a los alféreces de tránsito, a quienes ya también se les ha visto responder violentamente, trenzándose prácticamente en riñas callejeras con los ciudadanos, en videos que ruedan incansablemente por las redes sociales y destruyen por completo la imagen de las entidades oficiales.

Recomponer esa relación, hoy tan tirante, entre los servidores públicos y la ciudadanía, debería ser un propósito que el mismo Estado, pero también los líderes de opinión, deberían plantearse como objetivo, puesto que es inevitable que la misma se produzca y hacerlo de la mejor manera y en los más transparentes y eficaces términos, no solo dará tranquilidad a las personas, sino que producirá mejores resultados en la prestación de los servicios públicos de toda índole. Funcionarios más capaces, profesionales y amables, y personas más generosas, comprensivas y cordiales, es lo mínimo que se necesita para reconstruir la armonía entre el Estado y la ciudadanía.

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