lunes, 30 marzo 2020
domingo 23 de febrero de 2020 - 12:00 AM

La protesta es válida, la violencia no

Es imposible que como colombianos hayamos perdido completamente la capacidad de dialogar, y que la única manera que tengamos de hacernos oír sea a través de protestas violentas.
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Esta semana los habitantes del área metropolitana fueron testigos de un hecho que refleja cómo en el país hemos perdido la capacidad de disentir sin agredir. Mientras se desarrollaba un evento privado de la multinacional minera Minesa en el Club Campestre de Bucaramanga, un grupo de manifestantes se apostó a la entrada del lugar, para protestar contra la minera y su intención de llevar a cabo su proyecto de explotación en la provincia de Soto Norte.

Apostados en la entrada principal del lugar, los manifestantes tendieron una cuerda para impedir el ingreso y salida de vehículos, trabajadores, decenas de personas e incluso niños que llegaban allí provenientes de distintos lugares del país para participar en un torneo nacional infantil de tenis, mientras arengaban contra los empresarios que participaban del evento de la minera.

Con el correr de las horas se permitió la entrada de los niños deportistas, así como el tránsito de algunas personas. Ante la situación, los ánimos subieron, los manifestantes gritaron a los empresarios, y la presencia de personal de seguridad de la minera, uno de los cuales empujó a una manifestante, generó que algunos de los presentes se fueran a los golpes. Solo la presencia de la Defensoría del Pueblo permitió la movilidad de quienes se encontraban retenidos en el lugar.

Es lamentable todo lo que sucedió en este hecho.

Una de las banderas de la administración del alcalde Juan Carlos Cárdenas y el sentir de la gran mayoría de ciudadanos es la defensa del páramo de Santurbán, un patrimonio ecológico de los santandereanos cuya necesidad de preservación no tiene duda. Pero una cosa es pedir su protección y otra recurrir a la violencia, como ocurrió en los hechos de esta semana, por no estar de acuerdo con el proyecto minero. La violencia sin importar de donde venga jamás será la manera válida de alzar nuestras voces en pro de las causas que nos importan.

Es imposible que como colombianos hayamos perdido completamente la capacidad de dialogar, y que la única manera que tengamos de hacernos oír sea a través de protestas violentas. Cómo se extraña en un debate tan importante como este espacios de diálogo donde se puedan escuchar los argumentos sin agresiones. Nadie discute la importancia de proteger a Santurbán, pero eso no valida las vías de hecho para buscar su protección. Pero más preocupante aún, es que al frente de estas acciones estén representantes de las instituciones locales, como algunos concejales, pues son ellos los primeros llamados a abrir caminos de convivencia. Preocupa también que sea este tono de beligerancia el que quiere la Alcaldía de Bucaramanga en esta defensa, pues los bumangueses necesitamos líderes que llamen a la sana convivencia, en un país donde se mata simplemente por pensar distinto. La presencia de Carlos Sotomonte, a quien el alcalde Cárdenas quiere designar como el defensor de Santurbán, como uno de los líderes de esta protesta preocupa, pues no es esta la forma de protesta que necesitamos los bumangueses.

Nadie discute la legítima defensa de Santurbán. Pero este diario seguirá apostando por una sociedad que pueda disentir sin agredir.

editorial
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