viernes, 23 octubre 2020
jueves 10 de septiembre de 2020 - 12:00 AM

Los excesos policiales deben ser castigados ejemplarmente

Estos hechos opacan completamente el actuar de la Policía... La lenta respuesta de la Justicia deja una sensación de impunidad que golpea a una institución que debe tener la confianza ciudadana...
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Nuevamente la opinión nacional se conmociona ante los hechos protagonizados por la Policía, en este caso la de Bogotá, que constituyen un acto de brutalidad que terminó por ocasionar la muerte de un ciudadano la noche del pasado martes, como consecuencia, según se deduce de las imágenes que dieron a conocer los medios, de las repetidas descargas eléctricas a que fue expuesto por dos agentes que pretendían someterlo con un taser, luego de que este se negara a atender el llamado de atención de la Policía por beber en vía pública.

El evidente exceso policial que terminó en el deceso del abogado de 46 años, desde el momento en que se conoció el video que pone de presente la violencia del procedimiento, ha provocado la indignación nacional, además porque se suma a varios casos en que agentes arremeten agresivamente contra ciudadanos en actitudes que, de ninguna manera, representan peligro para la integridad o la vida, ni de los agentes, ni de otras personas, por lo que sus golpes, disparos o descargas eléctricas no son justificadas.

Hay que dejar claro que de ninguna manera es posible alentar al desconocimiento de los requerimientos policiales y que precisamente se ha llegado a esto por la falta de sanción que hay en el país, muchas veces, frente a las faltas de respeto a la Policía y demás instituciones. Pero esto es una cosa y otra muy distinta permitir la brutalidad policial.

El país ha recordado los casos del grafitero Diego Felipe Becerra, el del estudiante Dilan Cruz o el del anciano vendedor ambulante que fue golpeado, hechos en los que los policías han sido los causantes de la muerte de los dos primeros y heridas al adulto mayor, repudiados por todo el país, pero que no han resultado en acciones judiciales prontas, transparentes y definitivas. El policía que disparó y mató al grafitero Becerra, de nombre Wilmer Antonio Alarcón, se encuentra fugado de las autoridades. El caso del capitán Manuel Cubillos Rodríguez, quien disparó el arma que le quitó la vida al estudiante Dilan Cruz, pasó a la jurisdicción militar y sigue en trámite.

Estos hechos opacan completamente el actuar de la Policía en muchos otros ámbitos donde han sido el gran apoyo para la comunidad. La lenta respuesta de la Justicia deja una sensación de impunidad que solo golpea a una institución que debe tener la confianza ciudadana como uno de sus máximos insumos en el cumplimiento de su deber.

Es repudiable la muerte por brutalidad policial ocurrida esta semana. Esperamos que haya celeridad, claridad y justicia.

editorial
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