sábado, 24 octubre 2020
martes 15 de septiembre de 2020 - 12:00 AM

Los gobernantes deben fortalecer la institucionalidad, no quebrantarla

No puede ser que, superadas décadas de debilidad institucional por cuenta de la guerra, tengamos ahora el mismo problema, pero por cuenta del ego de los gobernantes de turno...
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Al caos que siguió a la muerte del estudiante de derecho Javier Ordóñez por parte de agentes de la policía, en Bogotá, en una jornada de protesta que, a su vez, costó la vida a 10 personas, en hechos que también señalan a los uniformados como posibles responsables, siguió otro enfrentamiento, este personal e institucional entre la alcaldesa de la capital, Claudia López, y el presidente de la República, Iván Duque, que se recrudeció el fin de semana, con la ausencia del mandatario nacional a un acto de reconciliación organizado por la alcaldesa y la respuesta de los organizadores de hacer evidente la ausencia del presidente con una silla vacía.

Lo cierto es que al encuentro violento entre policía y ciudadanos debía seguir el ejemplo de convivencia institucional entre Presidente y alcaldesa, que permitiera un curso justo y legítimo a los dolorosos acontecimientos, para acercarnos al pronto esclarecimiento de lo ocurrido, lo cual, sin duda, nos hubiera sacado de la desazón que hoy expresa la opinión. Pero las diferencias entre los dos gobernantes hacen que se mantenga la incertidumbre, se deteriore la democracia y se tensione aún más la atmósfera, frente a los hechos fatales ya ocurridos.

La elección popular de mandatarios nunca se había sentido, al menos en las grandes capitales, como un elemento capaz de resquebrajar el orden político y administrativo, pero los hechos que se comentan parecieran mostrarlo así, tanto por la aparente desobediencia en que habría incurrido la policía frente a la alcaldesa, como por la ausencia total de respaldo, o, siquiera, el mínimo entendimiento entre ella y el presidente Duque, todo lo cual suma un elemento más (y no cualquiera) a los tantos que hoy nos hacen sentir que vivimos en un país dividido, enfrentado e intolerante.

Es urgente que entre la alcaldesa y el presidente Duque prime el interés nacional, se respeten los fueros de cada uno y se actúe con la madurez necesaria para superar la crisis y no crear condiciones que justifiquen que se desestabilice el resto del país.

La misma fórmula debe recomendarse en todas las regiones, en donde, como sucede en nuestro departamento, las diferencias políticas o personales, como parece estar sucediendo entre el gobernador Mauricio Aguilar y el alcalde Juan Carlos Cárdenas, suelen trastornar procesos, que deberían darse de forma no solo articulada, sino complementaria, más aún en momentos en que la región y el país enfrentan situaciones críticas, que requieren el trabajo conjunto de los mandatarios. No puede ser que, superadas décadas de debilidad institucional por cuenta de la guerra, tengamos ahora el mismo problema, pero por cuenta del ego de los gobernantes de turno.

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