sábado, 24 octubre 2020
martes 08 de septiembre de 2020 - 12:00 AM

¿Qué moral tienen quienes juzgan la moralidad y la ética?

Lo mínimo que el país exige a un magistrado del Consejo Superior de la Judicatura es que obre en todos y cada uno de sus actos profesionales y personales con transparencia moral y ética, pues su tarea es juzgar y exigir que los jueces del país y los abogados que ejercen su profesión actúen así...
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El país no puede ser indiferente a las graves denuncias que han hecho funcionarios subalternos del Consejo Superior de la Judicatura, órgano este que forma parte de la Rama Judicial del Poder Público y que a través de su Sala Disciplinaria es la máxima instancia para juzgar y sancionar a los abogados en ejercicio, a los jueces y magistrados de todo el país que incurren en faltas contra la ética y la moral, y es precisamente en tal Sala donde laboran los señalados de reiterado comportamiento inmoral.

La hondura y gravedad de las denuncias hechas a través de Vanguardia, esas que señalan a varios magistrados de la Sala Disciplinaria de tal Corporación, ponen en evidencia que no estamos ante faltas menores cometidas por los acusados, sino que han incurrido reiterativamente en procederes que hieren gravemente los más caros valores del ser humano, que pisotean cuotidiana y reiterativamente la moral y la ética de mujeres que son sus subalternas, lesionando de manera aleve su integridad, vejando su autoestima, para lograr favores y requiebros sexuales, usando como arma intimidatoria el ser sus superiores jerárquicos.

Lo mínimo que el país exige a un magistrado del Consejo Superior de la Judicatura es que obre en todos y cada uno de sus actos profesionales y personales con transparencia moral y ética, pues su tarea es juzgar y exigir que los jueces del país y los abogados que ejercen su profesión actúen así y, ¿con qué autoridad van a hacerlo si diariamente ultrajan la moral y la ética de quienes trabajan con ellos? ¿Cómo encarnan la majestad de la Justicia en tan exigentes temas?

Estamos ante puntuales denuncias públicas hechas por víctimas de gravísimos hechos, personas que han tenido que soportar ser corderos del sacrificio de atentados contra la moral cometidos por sus jefes. ¿Podrán estos magistrados ser aptos para juzgar la moral de otros si reiterativamente incurren en faltas similares?

La rapidez y vigor con que las autoridades y las entidades de control del más alto nivel actúen en este caso, señalará si defienden realmente o no la moral y la ética, si hay guardián de la heredad, o si la parsimonia, la inacción y la indiferencia les convierte en cómplices de aquellos que atentan contra la moral.

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