sábado, 15 enero 2022
martes 07 de diciembre de 2021 - 12:00 AM

Rechazo absoluto a la violencia contra la mujer

Ningún tipo de violencia puede ser tolerado en nuestra sociedad. En Colombia diariamente mueren dos mujeres a manos de su pareja o expareja. Rechazar de tajo todo tipo de agresión contra la mujer es un indispensable para poder erradicar este flagelo.
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En un país acostumbrado a que se les permita el uso de toda clase de artimañas a quienes arremeten contra los códigos, los del derecho, los de la ética, los de la moral, para que sus delitos queden perdonados u olvidados, hay unos que son quienes más gozan de esta impunidad y son los agresores de mujeres, los abusadores, que encuentran rutas laterales y vericuetos en el texto legal, por donde los abogados laxos o los jueces obsequiosos, les indican la dirección que los conduce a la puerta que conecta con la impunidad total.

Suele suceder con los abusadores de mujeres que se amparan en las diferentes formas como logran someterlas, por la violencia física, síquica, moral, laboral, económica, etc, para forzar su silencio y configurar alrededor de las víctimas un mundo hermético, en el que los ataques reiterados suelen quedar asegurados por el secreto que resulta de la amenaza permanente. Es lo que se deduce que venía pasando en Bucaramanga con el médico cirujano Antonio Figueredo, según las declaraciones de tres mujeres que denunciaron y relataron los vejámenes a los que fueron sometidas por este hombre.

En este caso deplorable desde todo punto de vista, pocas cosas son rescatables, pero una de ellas es la actitud asumida por la Fundación Cardiovascular de Colombia, FCV, que ante la grave situación que se presentó decidió, sin dilaciones y sin dudas, desvincular a Figueredo de las responsabilidades que ostentaba dentro de la organización, una vez conocida la denuncia que ante la Fiscalía interpuso la médica, luego de ser brutalmente golpeada. La FCV actuó como es debido para no revictimizar a la mujer, ni mantenerla en condición de inferioridad y riesgo frente a su victimario, que trabajaba en la misma institución.

Con igual determinación, presteza y contundencia, y sin faltar al debido proceso, es que se espera que proceda la justicia con este caso, en el que la dignidad, la integridad y la vida de estas mujeres estuvieron en riesgo, por una conducta de agresión que tristememente sigue siendo común en muchos hombres de nuestra región, que aún pretenden someter a sus parejas y agredirlas por su condición de mujer.

Ningún tipo de violencia puede ser tolerado en nuestra sociedad. En Colombia diariamente mueren dos mujeres a manos de su pareja o expareja. Rechazar de tajo todo tipo de agresión contra la mujer es un indispensable para poder erradicar este flagelo.

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