viernes, 07 agosto 2020
sábado 04 de julio de 2020 - 12:00 AM

La pandemia le cambio la suerte a los loteros de San Gil

En San Gil había cerca de 40 personas dedicadas a esta actividad, el 60% de ellos mayores de 70 años, que hoy de0ben estar recluidos en sus casas sin ningún ingreso.
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Si algo cambió en medio de la pandemia y el aislamiento social fue el negocio de la venta de lotería. En San Gil había cerca de 40 personas dedicadas a esta actividad, el 60% de ellos mayores de 70 años, que hoy deben estar recluidos en sus casas sin ningún ingreso.

A Rosmary Castañeda, gerente de Promotora La Suerte, empresa encargada de la distribución de las loterías tradicionales en las provincias Guanentina y Comunera, la llaman una y otra vez, cada día, pidiéndole que los deje trabajar.

Héctor Julio Díaz, de 73 años de edad, es uno de ellos. Tramitó un permiso ante la alcaldía de San Gil y sabe que lo más probable es que la respuesta, si llega, sea negativa. Pasa los días mirando televisión y “pidiéndole a ‘chuchito’ que al gobernador y al presidente se les afloje el corazón”, dice con cierta resignación.

“Tenía loteros de hasta 83 años de edad”, afirma Castañeda.

La decisión de un juez de obligar al Estado a modificar las restricciones a los adultos mayores es una esperanza para estas personas que no han podido laborar.

Díaz espera que este sea el paso para volver al trabajo, extraña la calle y ver a sus compañeros. Está dispuesto a cuidarse y tiene la energía para seguir siendo productivo, indicó.

Él llevaba 30 años dedicado a este oficio, el mismo que dejó por obligación hace cuatro meses. Otros colegas suyos, unos años menores, siguen en las calles. Usan tapabocas y llevan los brazos cargados de suerte.

“Hay que cuidarse, pero eso si uno se ha de morir, se muere”, asegura Ana López, una mujer de 65 años, que espera a sus clientes sentada en la esquina del Banco Agrario en el centro de San Gil, un lugar en donde normalmente se encontraban varios vendedores de sueños.

Las ventas bajaron

Aunque hay menos personas promocionando las loterías, también menos clientes. En eso coinciden varios de estos trabajadores consultados por este medio. El día bueno es el viernes (ayer), cuando juega la Lotería de Santander, la que más personas buscan.

“Este es el único día de la semana donde se vende lo mismo que antes”, dice Carlos Alfonso Marín, de 39 años, que desde hace dos años y medio se dedica a comercializar lotería montado en la silla de ruedas que lo moviliza desde hace 12 años.

Los loteros se ganan el 20% del valor de sus ventas. Es decir, que en un viernes, con un promedio de $300.000 en ventas, a Alfonso le quedan $60.000 de rentabilidad para llevar a su casa.

El problema es que el resto de días las cifras bajaron considerablemente. Hugo Muñoz, oriundo de Armero y quien vive solo en San Gil desde hace dos años, dice que diariamente comercializa $80.000, con $16.000 de ganancias para gastar en su sostenimiento: alimentación, ropa, transporte y arriendo.

“Yo vendía $150.000 por día o más”, confirma. Ahora “paso hasta hambre, porque no me alcanza”. La gente no quiere comprar y los clientes los tiene que buscar.

Según la Promotora de la Suerte, la comercialización de lotería bajó cerca de un 80% desde que se retomó la actividad.

Los problemas de la movilidad
Para los vendedores de lotería y la empresa responsable de esta actividad, son varias las razones que han mermado la operación tras la reactivación durante la pandemia.
Un factor principal, dijo Rosmary Castañeda, gerente de Promotora La Suerte, es que normalmente las personas que compran estos juegos tradicionales son adultos mayores y muchos de ellos no pueden salir por el aislamiento.
La restricción de movilidad es un indicador trascendental. Por ejemplo, al estar cerrado el parque principal de San Gil, la circulación de las personas cambió y este era un lugar especial para el negocio.
Castañeda indicó también que por las restricciones a la movilidad los vendedores que se desplazaban a los pueblos cercanos los domingos para aprovechar el día de mercado – cuando los campesinos bajaban a los cascos urbanos- ahora no lo pueden hacer.
También hay que tener en cuenta la reducción en el nivel de ingresos de las personas por la baja actividad económica en estos meses.
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