Domingo 18 de Mayo de 2014 - 09:49 AM

La apuesta por el fútbol que se juega solo con una pierna

Hombres que han perdido alguna de sus piernas en hechos desafortunados buscan conformar un equipo de fútbol paralímpico. Dos de ellos pertenecen al Club Todos Somos Colombia, que representará al país en un mundial en México.

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Jaime del Río/VANGUARDIALIBERAL
La apuesta por el fútbol que se juega solo con una pierna
(Foto: Jaime del Río/VANGUARDIALIBERAL)

En el pasado, en lugares y situaciones distintas, sus vidas atravesaron momentos angustiantes y dolorosos, que los llevaron al extremo y al punto de no querer seguir adelante. En el presente, en una cancha y apoyados en muletas, sus vidas son atravesadas por la adrenalina y por la emoción que produce ir detrás de un balón y gritar ‘gol’.

Wilme Blanco Tamayo, boyacense de 40 años, recuerda el día en el que cumpliendo con su trabajo de interventor de obras en Boyacá, su motocicleta fue tocada por la llanta delantera de una tractomula. Las tuercas del aro le destrozaron su pierna derecha y lo enviaron a un hospital a punto de morir.

“No podré volver a jugar fútbol con mis hijos los fines de semana” fue el primer pensamiento que vino a su cabeza, mientras los paramédicos trataban de salvar su vida y su pierna.

Fabián Duarte, de 22 años, también vivió su propio infierno. Hace cinco años, mientras trabajaba como ayudante de un bus de transporte intermunicipal y entregaba la maleta a un campesino, el conductor del vehículo, sin fijarse, emprendió la marcha. Fabián no alcanzó a subirse y se resbaló. El conductor frenó, pero el vehículo siguió en movimiento, hasta que alcanzó la pierna izquierda de Fabián.

Iban rumbo al municipio de Santa Bárbara, por la vía a Málaga. Su compañero, aterrado por lo ocurrido, lo único que hizo fue dar reversa y dirigirse al hospital más cercano, el de Piedecuesta. “Vi cómo quedó mi pierna, toda destrozada. Sabía que ocurriría lo peor, pero me quedé dormido por los sedantes. Cuando desperté, vi a mi mamá llorar, no tenía mi pierna”, comenta este joven de Zapatoca.      

Para Anderson Camilo García Hernández, de 17 años, sus preocupaciones  comenzaron cuando su cuerpo creció. Tenía 13 años cuando el esfuerzo que hacía para caminar era en vano, pues su pierna izquierda no creció lo suficiente y se distanció del piso 20 centímetros.

A diferencia de Wilmer y Fabián, Anderson nació con una malformación en su cadera. Padece un acortamiento femoral, lo que no dejó que la cabeza del fémur de la cadera se desarrollara.

La crisis lo hizo encerrarse en su casa, no hablar con nadie y abandonar la ilusión de volver a jugar fútbol como lo hacía en su niñez,  cuando la diferencia entre ambas extremidades no era notoria y podía caminar sin ningún tipo de ayuda.

Se postró en una silla de ruedas. La convirtió en su compañera de tristezas, hasta que un ortopedista, con voz de mando, le dijo: “¡Usted lo que está es tullido hermano! Párese, salga, haga ejercicio, recupere su vida y aprenda a usar muletas”.

El encuentro

Wilmer, Fabián y Anderson se conocieron el viernes en la cancha sintética de fútbol de una sede recreacional cercana a Piedecuesta. Allí, junto a otros compañeros a los que también les falta una pierna, se deleitaron con el balón y jugaron un partido contra un grupo de niños.

No es fácil mantenerse en pie. El viento trata de llevarlos por la cancha sin rumbo, pero la fuerza en sus brazos no lo permite.  Se escucha un golpe fuerte y seco, y el balón llega al arco. El arquero, Cristóbal Grueso, alza sus bastones e intenta detener la pelota, pero no puede. Wilmar patea fuerte.

El boyacense y Fabián son los que tienen más experiencia en la cancha. Ambos fueron entrenados en el Club Todos Somos Colombia de Barranquilla, el cual viajará a México en noviembre a representar al país en el Mundial de Fútbol de Amputados.

Su misión en Bucaramanga es crear un equipo más, pues en Colombia solo existen dos clubes.

Durante sus entrenamientos invitan a personas en condición de discapacidad. Es una especie de semillero en el que Anderson espera dar lo mejor de sí para lograr un cupo en el equipo.

“Necesitamos patrocinio, empresarios o personas que quieran apoyarnos. Necesitamos un lugar donde no nos cobren los entrenamientos. La idea es proyectar jugadores de la región, porque muchos tienen talento, pero no se les ha dado la oportunidad”, comenta Fabián Duarte.

“No quiero operarme”

Anderson tiene buen manejo del balón en la cancha. Insiste, corre, patea a prudente distancia. La pierna izquierda solo cuelga de su cuerpo. No puede utilizarla.

Su mamá, Ruth Hernández, lo acompaña en la aventura. Cada vez que lo ve caer, cruza sus manos y las aprieta contra la boca. La emoción supera el miedo.

Ella más que nadie conoce el empeño que ha puesto su hijo en recuperarse y en superar la malformación que tiene en la cadera. “No hemos encontrado un médico que se le mida a esta cirugía. Siempre nos dicen que es complicada”, comenta la mamá, mientras espera que el entrenamiento termine.

Anderson luce la camiseta de la Selección Colombia. Asegura que quiere seguir estudiando, pero no descarta convertirse en uno de los integrantes de la selección nacional paralímpica. No quiere operarse. 

Wilmer y Fabián solo esperan que cada día sean más los futbolistas en condición de discapacidad que quieran unirse al club santandereano. “No puedo negar que esto es difícil. No olvido cuando comencé, que cada vez que veía a un compañero caer en el campo corría a ayudarlo y me ganaba toda clase de regaños del entrenador”, relata Fabián.

“Lo que se necesita es constancia, fuerza y dedicación. Nadie nos avisó cómo sería mi vida luego del accidente y tampoco cómo continuar y buscar un mejor futuro. Creo en el fútbol, lo practico desde hace varios años. Es una gran oportunidad”, comenta Wilmer, quien además de entrenar también tiene una fundación llamada Caminando Ando.

“Mi esposa y mis hijos me ayudan con esta iniciativa. La idea es ayudarle a la gente que necesita conseguir una prótesis y que no tiene recursos”, comenta el jugador.

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Publicada por: XIOMARA MONTAÑEZ MONSALVE
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